Agnieszka Holland, cineasta: “Si perdemos Europa por perezosos o estúpidos, seremos responsables de un peor porvenir para nuestros hijos”
El Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF) encendió este viernes los motores de su vigésimo tercera edición a lo grande, con una leyenda del séptimo arte como Agnieszka Holland. La cineasta polaca, de 77 años, mantuvo un encuentro con los medios de comunicación en las horas previas a la concesión del Premio de Honor del certamen, en el que una vez más rompió una lanza por el público, “que es la parte más importante de nuestro trabajo”.
Holland, que apovechando su estancia en la capital hispalense había recorrido esa misma mañana los Reales Alcázares, comentó que “esta visita me ha hecho ponerme filosófica respecto a las raíces de Europa, tan diversas. El cine europeo también es diverso, y como directora y anterior presidenta de la Academia Europea de Cine, defiendo a ultranza el Festival de Sevilla”.
La situación que atraviesa el Viejo Continente centró buena parte de su discurso. “Creo que Europa está atravesando una crisis muy profunda, probablemente la más grave desde que se creó la Unión Europea. Como polaca, europea y ciudadana del mundo, creo que la UE es lo mejor que nos ha podido pasar. Si la perdemos por perezosos o estúpidos, si la destruimos en lugar de cuidarla, seremos responsables de un futuro peor para nuestros hijos y nietos”.
Una herramienta poderosa
Al hilo de esto, aprovechó también para comparar el desarrollo que el documental viene experimentando en los últimos años con la languidez de cierta ficción reciente. “El documental está siendo muy valiente, mientras que los que hacemos ficción estamos muy centrados en nosotros mismos, evitando temas polémicos en la confrontación con la realidad. Esto se debe en parte a que el cine de ficción es caro: hoy es difícil hacer películas grandes sin la colaboración de las plataformas de streaming, que suelen evitar los asuntos espinosos”.
“Es difícil financiar una película audaz”, prosiguió, “mientras que el documental tiene más posibilidades de traspasar estos obstáculos, y además sus directores están más interesados en la complejidad de la realidad que en su propia biografía. Y sin embargo, pocos tienen impacto en el gran público. Sigo creyendo en la ficción como una herramienta poderosa, y nunca renunciaré a usarla. Es un error pensar que solo los hechos impactan. El cine y el arte no tienen que ser solo reactivos, deben ser proactivos. Robert Musil hablaba en El hombre sin atributos sobre el eventualismo y el modo en que la ficción muestra la posibilidad de ir en distintas direcciones. Debemos seguir confiando en la imaginación”.
La directora de clásicos como Conspiración para matar un cura, Europa, Europa, Amarga cosecha o In Darkness, entre otros muchos títulos, quiso también evocar su larga andadura profesional desde que empezara a estudiar cine “en Checoslovaquia siendo muy jovencita, con 17 años. En mi primer curso llegó la Primavera de Praga y la revolución de mayo del 68, que fue apagada por los tanques soviéticos. A esto le siguieron los años llamados ‘de la normalización’ caracterizados por la falta de libertad de expresión”.
Una tormenta en la imaginación
“Me marché cuando empezó todo aquello, pero pude ver lo fácil que era romper la sociedad, matar su esperanza, destruir valores como la libertad, la democracia y la solidaridad”, explicó. “Luego pasé por la cárcel, y no volví a Polonia hasta los primeros años 70. Allí empezó a formarse una generación de directores que también se dio en otros lugares de Europa y en el cine asiático. A nosotros los críticos nos definieron como el ‘cine de la ansiedad moral’ (ino moralnego niepokoju). Queríamos superar la censura y el público era muy inteligente, sabía perfectamente lo que le contábamos. Es el mejor público que he tenido en mi vida”.
Holland recuerda también que “Todos fuimos conscientes de que el cine era una manera importante de hablar de poder y de futuro, y de descubrimiento de un nuevo lenguaje”. Ella siguió haciendo cine en Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, hasta que “el comunismo se desintegró y cayó el Telón de Acero. Entonces volví a hacer películas en mi país”.
A lo largo de estos años, la industria cinematográfica ha cambiado radicalmente, pero para Agnieszka Holland no hay duda de que los cineastas de hoy “debemos hacer películas tan diferentes que creen entre las personas el deseo de acudir a las salas. Nunca vamos a ganar con películas simplemente bonitas, educadas, sino con trabajos que desencadene una tormenta en la imaginación de los espectadores”.
Compleja y complicada
A este propósito subraya que “a pesar de lo que comenté antes, no estoy en contra de las plataformas, que son una biblioteca muy poderosa. Soy consciente de que gracias a ellas hoy es posible ver mis películas en lugares a los que no habían llegado nunca antes. El problema está en cómo se comisarían estas plataformas, cómo se eligen... Por eso festivales como el de Sevilla son importantes. Debemos trabajar en un sistema que permita primar la calidad en lugar de manipular la creación”.
En lo que a ella respecta, se considera “una contadora de historias” con independencia de si ejerce como directora o como guionista“, y que en todo caso el mensaje de sus producciones podría resumirse en pocas palabras: ”La vida es compleja y complicada“. ”No creo que una película pueda cambiar el mundo, pero sí el mundo de una persona. Si lo que estamos narrando es importante, si logramos despertar la imaginación en lugar de alimentar los estereotipos, sí podría cambiar mentalidades o al menos influir en ellas, por más que soy escéptica con la posibilidad de que el cine pueda cambiar el curso de la Historia“.
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