Nada que añadir, señorías
¿Qué es lo más aconsejable para conseguir que una idea quede instalada entre los lectores: repetirla machaconamente o enunciarla con eficacia una o muy pocas veces de modo que no llegue a provocar rechazo o hastío? No soy experto en comportamientos sociales para aventurar una respuesta concluyente. Pero intuyo que en estos tiempos vertiginosos, en que la información llueve copiosamente desde todos los rincones sin que muchos ciudadanos distingan con facilidad la veraz de la falsa, no está de más en ocasiones recurrir a la primera opción. Es decir, insistir una y otra vez en determinados hechos que, aunque hayan sido difundidos con profusión en momentos de efervescencia informativa, corren el riesgo de difuminarse por la percepción de que pertenecen “al pasado”.
Como todos saben, Óscar Puente ha dimitido como ministro de Transportes. Desde este espacio habíamos sugerido que continuara en el cargo hasta que concluyese la tragedia (aún había cuerpos bajo los vagones), diera explicaciones y propusiese medidas inmediatas para restablecer el servicio. Lo que sucediera a continuación, dijimos, lo determinarían la presión de los socios y aliados del Gobierno, los avances de la investigación y los sondeos del partido sobre el ánimo de los votantes. El hecho es que Puente dimitió este martes, tras una tempestuosa comparecencia ante la Diputación Permanente del Congreso y después de un par de largas intervenciones ante los medios. No voy a ahondar sobre las razones que lo llevaron a tomar la decisión, que de eso ha dado buena cuenta este diario. Lo que pretendo, ahora que se ha apagado el foco que abrasaba al exalcalde vallisoletano y avanzamos de cabeza hacia unas elecciones generales decisivas, es recalcar que quien más se desgañitó exigiendo la dimisión de Puente carecía, carece y carecerá de cualquier autoridad moral y política para pedir dimisiones cuando ocurran catástrofes en este país.
Mayo de 2003. Sesenta y dos militares españoles volvían a casa en un avión Yakovlev de fabricación rusa tras cuatro meses y medio de misión en Afganistán y Kirguistán. El Yak-42 se estrelló cerca del aeropuerto turco de Trebisonda. Perecieron todos los militares y los 13 miembros de la tripulación (12 ucranianos y uno bielorruso). La peor tragedia del Ejército español en su historia en tiempos de paz. Los militares habían expresado en más de una ocasión a sus mandos su preocupación por el mal estado del avión, pero a pesar de ello se realizó el fatídico vuelo. Con las prisas para repatriar los cadáveres, 30 de ellos fueron identificados erróneamente, de modo que a algunas familias se les entregaron restos que no eran de sus seres queridos. El ministro de Defensa era Federico Trillo. No dimitió. El presidente, José María Aznar, lo mantuvo hasta el final de su mandato. Ni siquiera hubo una asunción de responsabilidades por los mandos militares.
Julio de 1013. Un tren Alvia que cubría la ruta Madrid-Ferrol, y que circulaba a unos 190 km/h en un tramo que limitaba la velocidad a 80 km/h, descarriló en una curva en el barrio de Angrois. Resultado: 80 muertos y unos 140 heridos. El maquinista del tren fue condenado en 2024 a dos años y medio de prisión y está a la espera de un indulto. La ministra de Fomento, Ana Pastor, no renunció. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la mantuvo en el cargo hasta 2016 y de ahí saltó a la presidencia del Congreso de los Diputados. El presidente de la Xunta era Alberto Núñez Feijóo. El entonces líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, se reunió con Rajoy, Feijóo y Pastor y les ofreció el apoyo de su partido.
Marzo-abril de 2020. Madrid. Pandemia de la Covid-19. La Comunidad estableció protocolos que restringían drásticamente la derivación a hospitales de internos en residencias de mayores. Muchas de esas residencias carecían de los medios necesarios para atender una emergencia de esas dimensiones. Murieron en total 7.291 personas, muchas en medio de agonías terribles según contaron trabajadores de los centros y policías que acudieron a los levantamientos de los cadáveres. En los hospitales habrían tenido una muerte mucho más digna. Incluso muchos se habrían salvado. La presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, defendió la actuación de su gobierno con una frase que ya pertenece a la historia de la infamia: “De todos modos iban a morir”. Ni el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, n el director general de Coordinación Sociosanitaria, Carlos Mur, que firmó los “protocolos de la vergüenza”, dimitieron. En este caso sí hubo una dimisión: la del consejero de Políticas Sociales, Alberto Mur, que había manifestado en varias ocasiones su preocupación por la gestión de las residencias y que criticó los protocolos aprobados.
Octubre de 2024. Valencia. Desbordamiento de ríos y barrancos por las fuertes lluvias. Había señales de alerta de un fuerte fenómeno meteorológico, pero el Gobierno autonómico no tomó las medidas necesarias para afrontarlo y poner a salvo a toda la población. Mientras cientos de valencianos estaban literalmente con el agua al cuello, cuando no fatalmente ahogados, el presidente de la Comunidad, Carlos Mazón, se hallaba en un reservado del restaurante El Ventorro con una periodista, con el móvil sin cobertura. La tragedia de la dana, una de las mayores catástrofes de la historia reciente de España, dejó 233 víctimas mortales y muchas viviendas y negocios destruidos. Mazón se mantuvo en el cargo durante un año, con el apoyo sin fisuras del presidente nacional del partido, Alberto Núñez Feijóo, hasta que dimitió presionado por la opinión pública. A diferencia de Puente, que renunció no solo a su cargo sino a acudir en las listas socialistas para las elecciones del 29N, Mazón sigue ocupando hasta hoy su escaño en Les Corts Valencianes, aforado y cobrando un sueldo público. Además, el PP lo nombró portavoz de una comisión parlamentaria que lleva años sin reunirse, con un complemento salarial de más de 600 euros mensuales, según informó días atrás este diario.
En cada uno de estos casos perecieron más personas que en el accidente ferroviario de Urda, lo que no reduce un ápice la gravedad de esta tragedia y el dolor inmenso de los familiares de los fallecidos. Pero hay que recordar esas catástrofes cada vez que el PP exija dimisiones a otros partidos. Y cada vez que pretenda vender la burra de que encarna la “experiencia, gestión y rigor”, como dice el lema electoral que sin pudor se han sacado de la chistera tras el accidente ferroviario de Urda. Por el accidente de Urda han dimitido hasta ahora el ministro de Transportes y el presidente de Adif, Luis Pedro Marco de la Peña. Por los accidentes ocurridos bajo el PP, nadie. Perdón, uno: el que criticó el protocolo infame de las residencias en Madrid.
Como se dice en los juicios, nada que añadir, señorías.
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