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Montero Glez

Montero Glez (Madrid 1965). Es autor de las novelas: Sed de Champán (1999) Cuando la noche obliga (2003) y Manteca Colorá (2005) así como de un volumen de cuentos titulado Besos de fogueo (2007). Colaborador en distintos medios y bajo diferentes seudónimos, ha reunido sus artículos de opinión en Diario de un hincha, el fútbol es así (2006) y El verano: lo crudo y lo podrido (2008). Su novela Pólvora Negra fue galardonada con el premio Azorín de novela 2008. En el 2009 publica A ras de «yerba», apuntes futboleros. En noviembre de 2010 publica Pistola y cuchillo.

En 2012 publica Huella jonda del héroe, libro de viajes que obtiene el Premio Llanes, y una recopilación de cuentos bajo el título Polvo en los labios. En 2013 publica su recopilación de piezas dedicadas al fútbol bajo el título El gol más lindo del mundo y otras piezas futboleras. En 2014 gana el Premio Logroño de novela con Talco y bronce. También publica ese mismo año la primera parte de sus diarios bajo el título: El almanaque incendiario. En el año 2016 obtiene el Premio Ateneo de Sevilla por su novela El carmín y la sangre.

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Criminales del copyright

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La cara B del disco que cambió el mundo

El éxito de un "producto cultural" nunca es casualidad; se debe a una suma de factores. Con todo, si hay un factor del que no se puede prescindir, ese factor es el de los canales de distribución. Por decirlo de manera figurativa, si el contenido del producto es el rey, la distribución es el reinado. A partir de este concepto, el periodista norteamericano Derek Thompson ha montado un libro donde analiza distintos éxitos comerciales de la industria del entretenimiento. Desde 'Rock Around the Clock' hasta 'Cincuenta sombras de Grey' pasando por Instagram. El libro se titula 'Creadores de Hits' y viene publicado por Capitán Swing. En cada apartado, en cada historia que nos cuenta Derek Thompson, flota la cuestión: "¿Por qué algunas ideas y productos se vuelven populares y la mayoría no lo son?" Como ejemplo sirva 'Rock Around the Clock', la canción de Bill Haley que inauguró un nuevo ritmo bautizado como Rock'n Roll. Toda una peripecia que se convirtió en un éxito de ventas, pues faltó muy poco para que aquella canción fundacional no fuese grabada. El asunto sucedió tal y como sigue. Bill Haley & 'His Comets' -su grupo- tenían día y hora para una sesión de grabación en Nueva York, el 12 de abril de 1954, a las once de la mañana. Iban a grabar dos canciones para un sencillo. A Bill Haley -terco vaquero al estilo de John Wayne, pero con guitarra- se le había metido en la cabeza que una de las canciones a grabar fuese 'Rock Around the Clock', tema desechado por la compañía como cara A del disco sencillo. En su lugar, para la primera cara, los de la compañía tenían una canción que sonaba menos agresiva que aquella mezcla de country jaspeada por los ritmos de la negritud. El corte de la cara A llevaba por título 'Thirteen Women' y contaba la historia futurista de un proxeneta a cargo de un burdel después de que la bomba H destruyese el mundo. A las once de la mañana de aquel 12 de abril, Bill Haley no se presentó con su grupo a grabar. Tanto Bill como los de su grupo estaban en el río Delaware, mordiéndose las uñas a bordo de un ferry encallado en un banco de arena. Al final, un bote vino a salvarlos; remolcó el ferry y tocaron suelo. Sin tiempo que perder, Bill Haley se puso al volante de la camioneta y condujo flechado, directo a la grabación. Con más de dos horas de retraso se presentó en el estudio, acompañado de su grupo. Tenían poco tiempo. El estudio tenía reserva y a las cinco de la tarde tenían que abandonarlo. Bill Haley y su grupo iban a grabar contra reloj. La presión nerviosa llegó a ser tan intensa que la canción del proxeneta futurista hubo que repetirla media docena de tomas. Pasando las cuatro y media de la tarde, por fin, grabaron de un tirón 'Rock Around the Clock'. El disco fue prensado y cortado. Tal y como los del departamento de mercadotecnia de la Decca tenían en proyecto, el single se pondría en órbita utilizando los canales de propaganda de la época, esto es, difundiéndolo por emisoras de radio y anuncios en revistas. Pero el disco fue un fracaso. Otro más de una industria dedicada a fabricar perdedores. Por aquella época, grupos como The Orioles, The Flamingos o The Platters seducían a una inmensa minoría de jóvenes con cierto poder adquisitivo; clase media que se dejaba el dinero en vinilos y que se encerraba en la habitación a escuchar música hecha por negros; sonidos y voces que provocaban la humedad de los cuerpos, lo que manifestaba que los blancos estaban perdiendo su hegemonía cultural en lo que a música se refiere. Artistas como Bing Crosby o Frank Sinatra se empezaban a quedar atrás. Fue entonces cuando se pensó que la única manera de parar aquello sólo era posible propagando música con ligeros elementos de cultura negra. Así fue como el nuevo ritmo bautizado como Rock'n Roll se convertiría en fenómeno de masas. El Rock necesitaba un canal de propaganda masivo y ese canal iba a ser el cine. 'Semilla de maldad' sería la película. Dirigida por Richard Brooks y protagonizada por Glenn Ford, la película cuenta la historia de un profesor que da clases en un centro de jóvenes difíciles, un colegio donde domina la delincuencia. Al final, aquella historia escrita por Evan Hunter serviría para que la música hecha por los blancos no perdiese su hegemonía cultural, y con ello su hegemonía política. Por otro lado, también sería una manera de engordar la cuenta del capital con otros ritmos pero sin perturbaciones raciales. Como bien dice Derek Thompson en su libro, la canción Rock Around the Clock "fue un meteorito cultural que no sólo alcanzó la tierra, sino que también mató a los dinosaurios". La película se estrenó en 1955. Con ello, 'Rock Around the Clock' se convirtió en éxito masivo tiempo después de su fracaso. Lo que sucede es que Derek Thompson, lejos de buscar una causa política al éxito del tema de Bill Haley, piensa que no hubo causa ni cálculo alguno, y que el citado éxito se debe a un elemento tan disperso como lo pueda ser la mano invisible que -llevada por el azar o la suerte- regula el mercado. Algo parecido a la mano de un crupier. Según Derek Thompson, el éxito de la canción se debió a la casualidad de que el hijo de Glenn Ford, aficionado a la música, tuviera el disco de Bill Haley en casa cuando apareció por allí su padre con Richard Brooks. Cuando lo escucharon, decidieron utilizar la canción 'Rock Around the Clock' para abrir con ella la película. Hay casualidades que resultan muy sospechosas.

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Cuando los gigantes le daban al rock duro

A finales de septiembre de 1980, el tenista sueco Björn Borg apareció por televisión entrenándose. Tal asunto no hubiese sido noticia si —días antes— Borg no hubiese perdido el US Open  frente a McEnroe, la estrella en alza que le arrebató la hegemonía en las pistas de tenis. 

Los que pudimos ver aquellas imágenes de Borg entrenándose, raqueta en mano, mientras intentaba mantener a raya a los demonios del fracaso, pudimos observar que —además de su eterna cinta en la frente fijando los cabellos de vikingo— llevaba una camiseta de Led Zeppelin, la banda británica de rock que en aquellos días también era noticia por la trágica muerte de uno de sus miembros. Lo de la camiseta fue un gesto del tenista  por mantener la memoria viva de su amigo de juergas, un tipo grandote y barbudo que vivía en una borrachera continua: John Bonham.

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Un hombre de palabra

A principios de noviembre de 1980, en la habitación de un hotel de la calle Peachtree, en Atlanta, un hombre negro se lía un canuto de hierba frente al televisor. Se trata de un músico con cultura de raíz política que responde al nombre de Gil Scott-Heron. Acaba de actuar en un club cercano y se dispone a relajarse. Pero no lo consigue.

En la pantalla del televisor aparece el presidente de Estados Unidos. Acaba de ganar las elecciones y es un actor mediocre que posee la misma personalidad de un semáforo, en rojo frena y en verde se pone en marcha. Sí. Se llama Ronald Reagan y en aquel momento las televisiones rememoraban su trayectoria cinematográfica reponiendo sus películas, algo que no dejaba de ser un masaje al hombre que ampliaría el cisma entre ricos y pobres.

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Del jukebox al Spotify

Dispuesto a elaborar un ensayo sobre el jukebox, Peter Handke encontró en Soria el silencio que su cabeza andaba buscando. Eran los años en los que Emilio Butragueño aún jugaba en el Real Madrid y los del IBEX preparaban su asalto. El índice bursátil amenazaba con medir nuestras vidas y Peter Handke no se atrevía a soñar que algún día ganaría el premio Nobel.

En aquellos años, Peter Handke era un viajero austriaco que había adquirido una especie de olfato para descubrir posibles lugares donde todavía quedase alguna jukebox, una de aquellas máquinas de discos que quedaban en los bares de entonces y que aquí llamábamos sinfonolas. Echabas por la ranura una moneda y elegías el tema, pulsando el botón.

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La vida en verso

Hagamos memoria. Hubo un tiempo en el que los cantautores pusieron banda sonora a nuestra vida y, por extensión, a nuestra lucha. Franco estaba dando su último boqueo y en las catacumbas de la resistencia se entonaban cánticos que servían para avivar conciencias.

Era lo que entonces se conocía como canción protesta y que se divulgaba por lo bajini y con el magnetismo encubierto de lo prohibido. Discos de cantautores exiliados, como Paco Ibañez, llegaban a España ocultos entre los ponchos y las trencas de quienes se atrevían a cruzar con ellos la frontera, jugándose la libertad e, incluso, la vida. Por menos te fusilaban. Eran tiempos difíciles, donde el peligro acechaba a la vuelta de cada esquina; tiempos de lecturas prohibidas y de acciones encubiertas con música de fondo a la que nunca faltó sordina. Entre todos aquellos cantautores, destacaba Luis Pastor -el Luispas- debido a su originalidad a la hora de poner quejas por escrito y hacerlas canción. Oriundo de Cáceres y vecino de Vallecas, el Luispas se entregaba en cada recital como si fuera el último. Hay que advertir que la mayoría de los cantautores de la época no cuidaban para nada la música, es más, primero hacían la letra y luego se dejaban acompañar por los tres acordes de siempre, dando igual el elemento armónico. Pero con Luis Pastor, el asunto era diferente. Investigador de las raíces de nuestro folclore de secano, Luis Pastor lo fertilizó con lluvia de los trópicos, hasta conseguir un sonido único que se convirtió en su sello personal.

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La ley y su semilla

Con el barullo de Barcelona, la verdad ha sido reemplazada por el discurso de los medios de comunicación. De tal manera se ha conseguido que la opinión pública confunda el mapa con el territorio.

Mientras las calles se encendían, Pablo Casado aprovechaba la coyuntura para manipular el lenguaje y proponer "Revolución fiscal" en su programa político. Una paradoja; otra más de las tantas que se gasta la derecha. Porque la fiscalidad de la economía global que defiende Pablo Casado siempre tendrá tendencia reaccionaria. Nunca revolucionaria. Nunca será una economía de la que se puedan beneficiar las clases más desfavorecidas.

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Si no te ríes de tu propio culo...

El año 1978 pasará a la historia como el año de los tres papas. El cónclave cardenalicio se vio condenado a un verano de humo tras la muerte de Pablo VI. Su sucesor –Albino Luciani– moriría poco después. La brevedad de su papado levantaría sospechas que, años más tarde, el director Francis Ford Coppola convirtió en certezas. Aparecerán en la última entrega de El Padrino.

Con el nuevo papa –de nombre secular Karol Wojtyła– se empezaba a vislumbrar la llegada de una época difícil para las clases más desfavorecidas. No era casualidad. La religión católica, una vez más, no iba a perder la oportunidad de bendecir al verdugo. La Iglesia, como institución de hegemonía, bendecirá las políticas reaccionarias de Thatcher y Reagan. De esta manera, el nuevo papa Wojtyła formará parte de la Santísima Trinidad que dominó la década de los ochenta. Poca gente se dio cuenta entonces de la gravedad de los tiempos que empezaban a oscurecer el horizonte del Estado de Bienestar.

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Eutanasia

Con la Guerra Civil, la religión católica consiguió en España su golpe maestro. Tras bendecir la cruzada contra el ateísmo, el catolicismo se instauró de manera oficial en todos los rincones de nuestro doliente país.

Hasta ese momento, la carta magna de la Segunda República declaraba el carácter laico del estado. Resulta curioso que, por primera vez, con motivo de la Guerra Civil y después de siglos de enfrentamiento, moros y cristianos se aliasen para luchar contra el ateísmo. Los moros que ayudaron a Franco a ganar la guerra olvidaron, de golpe y porrazo, batallas recientes en zona rifeña para unirse a las sotanas y a sus miserias. Desde aquel momento, hasta el día de hoy, la religión católica ha venido a condicionar nuestros actos, convirtiendo la libertad en pecado. Sí.

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Huérfilos

Hace poco, la plataforma Netflix sacó una película de los Mötley Crüe, banda californiana de heavy fundada a principios de los años 80. Aunque fue una época de exceso hortera, los Mötley Crüe no acabaron enredados con los cables de los sintetizadores. Tampoco con baterías electrónicas ni memeces por el estilo. 

Al contrario que otros grupos del mismo palo, Mötley Crüe hacían música con una dureza que te rompía el martillo. Pero a lo que vamos, que dicha peli lleva por título "The dirt" y está basada en la vida real de sus miembros, desde que se conocen hasta que se separan. En resumidas cuentas, otro biopic más, palabreja guiri que viene a definir un género de cine.

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