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La dimisión de Puente vuelve a cambiar el paso de la campaña

Óscar Puente, tras su comparecencia en el Congreso en la que presentó su dimisión.

José Enrique Monrosi / Aitor Riveiro / Daniel Ríos

4 de noviembre de 2026 22:14 h

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Y todo volvió a girar. La dimisión de Óscar Puente a última hora del martes, por sorpresa y contra la opinión de Pedro Sánchez, abre una nueva pantalla y cambia el paso otra vez de la campaña electoral del 29N después de una semana de 'shock' generalizado por la tragedia de Urda.

Aunque inesperada, porque el presidente le pidió expresamente continuar, la renuncia del ministro de Transportes ha devuelto al PSOE el resuello perdido en los últimos siete días por el desgaste político del segundo accidente ferroviario en apenas diez meses. Y por eso los socialistas, cargados ahora de la legitimidad que creen que les otorga asumir la responsabilidad política, pasan a la ofensiva para enfrentar al PP con su propio pasado en gestiones como la de la dana o la catástrofe de Angrois. Enfrente, los de Feijóo recalculan sobre la marcha su estrategia tras salir del mapa uno de sus ministros fetiche para la confrontación electoral.

El presidente del Gobierno se someterá este jueves por primera vez desde el accidente de Urda a las preguntas de los medios en la rueda de prensa de la Cumbre Iberoamericana que se celebra en Madrid. Lo previsto es que Pedro Sánchez insista en los mensajes de las últimas horas, en los que ha ensalzado la figura de Óscar Puente y ha puesto en valor su renuncia, y también ha subrayado la línea maestra de la nueva hoja de ruta electoral de los socialistas: “No todos los políticos son iguales”. Un nuevo lema que a partir del fin de semana ya se escuchará en los mítines.

El viernes en València, el sábado en Tarragona y el domingo en Bilbao, Sánchez retomará una caravana electoral de actos del PSOE y de entrevistas que habían quedado en suspenso, aunque en Ferraz asumen que después de Urda “ya nada será como antes”. Los socialistas han introducido cambios en esos planes trazados antes de la tragedia de tren, principalmente en el tono de la campaña y de los mensajes, muy enfocados al principio en proyectar una imagen cercana y distendida frente a PP y a Vox.

En la Moncloa admiten ahora que todo eso ha quedado atrás y que la campaña obligatoriamente tendrá que ser diferente y seguirá marcada en gran medida por las consecuencias del accidente. Para ello, Sánchez elige para ponerse al frente de Transportes al vicepresidente económico Carlos Cuerpo, un técnico con fama de buen gestor y carácter templado que ha escalado en el organigrama gubernamental desde la salida de Nadia Calviño. Con ese perfil el presidente intenta aplacar en las próximas semanas la conmoción social provocada por los accidentes de tren y también mitigar el malestar interno en el sector ferroviario, con varias jornadas de protestas programadas de aquí al 29 de noviembre.

Pero el PSOE cree, en cualquier caso, que aún hay partida. En los sondeos internos que maneja el presidente el desgaste de la última semana no ha logrado desbaratar por completo las expectativas de remontada que empezaron a generarse después de la convocatoria electoral. Y todavía quedan más de tres semanas y muchas cosas por pasar. Entre ellas, la huelga general por la vivienda del día 11 de noviembre, que en las filas progresistas esperan que contribuya a la movilización de las izquierdas. Y también una lectura política internacional más optimista tras la hecatombe de referentes ultra como Donald Trump o también la derrota de Bolsonaro.

El PP se lanza ahora a por Sánchez

El PP apenas paladeó el supuesto triunfo político que debería haber supuesto la dimisión de Puente, uno de los ministros con los que más han confrontado esta legislatura, y a quien hace directamente responsable (político, como poco) de los dos últimos y graves accidentes de la alta velocidad.

Nada más anunciarse la dimisión, los populares reclamaron el adiós de Pedro Sánchez. “Le dimitiremos en las urnas”, es la consigna. Algo que, en realidad, ya hacían antes del cese del ministro de Transportes. “Aplícatelo”, espetó Feijóo en Twitter a un mensaje en el que el presidente del Gobierno alababa el adiós del dirigente socialista.

Una vez quemado el “fusible”, la estrategia de Feijóo pasa ahora por lanzarse contra Sánchez y hacerle responsable de la gestión de Transportes. El problema es que, por el camino, el PP se ha topado con su propio pasado. Por ejemplo, cuando el entonces presidente de la Xunta dijo que el accidente de Angrois fue responsabilidad únicamente del maquinista, cuando nadie dimitió por la tragedia del Yak-42 o la defensa cerrada de Carlos Mazón durante todo un año, pese a los más de 230 muertos de la dana de Valencia.

Feijóo ha intentado esta semana reescribir la historia de cómo el PP mantuvo su apoyo a Mazón, y ha llegado a decir que él mismo fue “crítico” con el ya expresident de la Generalitat. Pero la hemeroteca apunta a lo contrario.

El líder del PP defendió que Mazón le había “informado en tiempo real”, pero no contactó con él hasta las ocho de la tarde. Después, aseguró en público que el todavía presidente de la Generalitat había hecho un “buen trabajo” por haber aprobado un presupuesto. Y todo el partido, barones autonómicos incluidos, le ovacionaron durante un acto interno celebrado en Oviedo.

La reacción del equipo de Feijóo a la dimisión de Puente ha sido, como suele ser habitual, embarrar el terreno de juego. En un mensaje remitido a los periodistas, los estrategas del PP comparan la integración del Ministerio de Transportes en la Vicepresidencia de Carlos Cuerpo hasta que se forme el próximo Gobierno con la promesa de su jefe de filas de suprimir el Ministerio de Igualdad.

“El argumentario del PSOE es un disparate”, apunta el mensaje distribuido entre los periodistas. “La última es intentar vender como un problema de discurso para el PP que les dimita un ministro en campaña”, añade, después de despreciar la existencia del “Ministerio de Infancia y un Ministerio de no sé qué digital”.

Este miércoles, en un acto informativo organizado por ‘La Razón’, Feijóo lamentó que “Puente dice que se va, pero Sánchez se queda”, y aseguró que, si gobierna, se encargará “personalmente” de se asuman las responsabilidades que correspondan por la gestión del actual Ejecutivo.

Mientras, a la izquierda del PSOE la dimisión de Puente se ha vivido sin euforia, pese a que tanto el Frente Amplio —casi desde el primer momento— como Podemos —unos días después— la reclamaban. En ambas formaciones cundía la sensación de que la posición del ministro era insostenible tras el segundo accidente ferroviario grave en menos de un año, pero la reacción ha sido contenida: la candidata del Frente Amplio, Ada Colau, agradeció a Puente su “dignidad” y aseguró que la dimisión “es un paso adelante para recuperar la confianza en el tren que nuestro país merece”, mientras la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, sostuvo que el cese del ministro “era un consenso social, pero no es suficiente” y puso el foco en la necesidad de revertir la “liberalización” del transporte ferroviario de viajeros.

Ese mensaje, el de la necesidad de recuperar el control totalmente público del mercado ferroviario, lleva siendo la idea fundamental del discurso de Podemos en los últimos días. Y también el Frente Amplio la comparte: este mismo miércoles, el ministro Pablo Bustinduy rechazó que la red ferroviaria esté sujeta a los intereses de “empresas extranjeras que vienen a hacer negocio a costa de los recursos y las necesidades de los españoles” y comparó la privatización parcial del tren con la entrada de actores privados en sectores como la sanidad o la educación. “¿Esto qué tiene que ser, un servicio público? Porque lo que quieren es quedarse con las partes más rentables, como pasa con Quirón, que las operaciones de medio millón de euros o los tratamientos crónicos no los quieren: es el mismo principio siempre”, denunció.

Ese discurso de Bustinduy no es casual. Fuentes del Frente Amplio explican que, lejos de mantenerse a la defensiva por el accidente, la alianza va a intentar utilizar el debate sobre las infraestructuras públicas para defender la necesidad de una mayor inversión no solo en el ferrocarril, sino en general en todos los servicios públicos. “No nos sentimos incómodos hablando sobre infraestructuras”, sostiene un dirigente, que sí admite, no obstante, que la dimisión de Puente les facilita hacer un discurso en clave propositiva que vaya más allá del accidente de Urda y sirva para explicar el modelo de inversión fuerte en servicios públicos que plantea el Frente Amplio.

Otro dirigente de la alianza afirma, en esa misma línea, que el cese del ministro era necesario “para no perder iniciativa” y para que la izquierda no quedara atrapada en el debate sobre si Puente debía o no dimitir, aunque no tuviera “responsabilidad directa” en el accidente de Urda. “Ahora pasamos de hablar de la dimisión a tomar la iniciativa con asuntos como la subida del salario mínimo”, ejemplifican estas fuentes, que aseguran que, sin la presión de tener que justificar la presencia de Puente en el Consejo de Ministros, “puede volver a retomarse el debate de la vivienda” y, además, la izquierda tendrá más argumentos para defender su “modelo de sociedad y valores”.

Por su parte, fuentes de Podemos plantean que la dimisión de Puente por el accidente de Urda supone, “desgraciadamente” que hayan quedado “claras las consecuencias de un modelo que antepone el negocio de unos pocos a la vida de la gente”. “En el caso del ferrocarril, el error de fondo es la privatización y la solución es renacionalizarlo”, plantean estas fuentes, que, sin embargo, consideran que ese razonamiento puede extenderse a otros servicios públicos más allá del transporte ferroviario.

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