Sánchez sostiene a Puente para que no dimita por ahora y le ayude a gestionar la gran crisis de Urda
El debate interno sobre la continuidad o no de Óscar Puente como ministro de Transportes tras la segunda catástrofe ferroviaria en apenas diez meses ha sido sofocado por el presidente. Al menos, de momento. La orden política de Pedro Sánchez en este punto exacto de la digestión de la tragedia es clara: sostener a Puente contra y viento y marea para que sea él quien lidere la fase más aguda de comunicación y explicación de la crisis. Y quien le ayude también a intentar trasladar el mensaje de que, entre las causas del accidente de Urda, en el que han perdido la vida al menos 70 personas, no está la gestión política del Gobierno.
A solo un mes de las elecciones, esa decisión es estratégica, pero también coyuntural. Porque las mismas voces del Ejecutivo y del PSOE que ahora cierran filas con el ministro por orden de Moncloa tras las dudas de las primeras horas son, al mismo tiempo, incapaces de dar por completamente zanjada la salida de Puente del Gobierno en las próximas semanas. Asumen en las filas socialistas que todo dependerá de la evolución de una investigación que ya apunta a una orden errónea y contraria al protocolo del centro de control de Atocha y a la inexplicable evidencia de que nadie durante diecisiete minutos fuera capaz de alertar que un tren a 200 kilómetros por hora se dirigía hacia otro completamente parado en la misma vía. Y también dependerá de la capacidad real que tenga el titular de Transportes de revertir con sus explicaciones el sentir mayoritario en la opinión pública y en el resto de partidos, a izquierda y derecha, de que su situación es insostenible y que sí debe asumir la responsabilidad política de dos tragedias consecutivas, por mucho que no sea culpable de las mismas.
Por ahora, la única certeza es que Sánchez ya ha evitado que dimita y le ha pedido que resista y salga a defender su gestión, algo que hizo el viernes en una rueda de prensa de dos horas con preguntas de los medios y que hará también el martes en el Congreso de los Diputados. Esa fue la instrucción que recibió Puente del presidente ya en las primeras horas tras el accidente cuando, según fuentes cercanas al ministro, llegó a plantear su renuncia y puso su cargo a disposición por encontrarse completamente abatido.
“Si yo creyera que mi continuidad perjudica al proyecto en el que creo, no tenga ninguna duda de que habría dado un paso a un lado. Sé lo que me espera, sé el calvario al que me van a someter, encima en campaña electoral, sé los insultos, las descalificaciones y los prejuicios de culpabilidad que se me van a atribuir en los próximos días. Lo fácil para mí es salir, pero ni es eso lo que va con mi carácter ni tampoco es lo que el presidente del Gobierno me ha pedido”, trasladó en su comparecencia del viernes en la que también apuntó que no espera ningún cambio de opinión de Pedro Sánchez: “No creo que se dé el caso”.
La lectura que hacen hoy en la Moncloa es que, lejos de solucionar nada, la salida inmediata de Óscar Puente no solo hubiera dejado descabezado el departamento ministerial clave en la gestión e investigación del accidente, sino que políticamente hubiera resultado desastroso para los intereses del Gobierno. Una renuncia justo ahora, sostienen en el Ejecutivo, sería un mensaje de asunción de culpabilidad y de admisión implícita de que son las políticas del Ministerio y la gestión del ministro las que han provocado casi 120 muertes en la alta velocidad en lo que va de año. Algo que rechazan de plano y que están dispuestos a defender hasta las últimas consecuencias.
“Por supuesto que defendemos la gestión del ministro y estamos intentando ser lo más didácticos posible para acreditar que esta tragedia horrible que nos ha tocado vivir no tiene absolutamente nada que ver con el trabajo de Óscar Puente en el Ministerio. Y sí, estamos convencidos de que es él la persona idónea para explicar y defender esto”, sostienen en la Moncloa, donde creen que la dimisión inmediata de Puente hubiera supuesto una señal de derrota política imposible de recuperar.
Cree el presidente, además, que si ya hubiera dimitido Óscar Puente (uno de sus últimos escuderos políticos), ni siquiera hubiera tenido la opción de explicarse ni de explicar lo que ha ocurrido, ni qué es lo que ha hecho y no ha hecho el Gobierno. Una pedagogía que en la Moncloa consideran fundamental para la gestión de una crisis de tal magnitud que ha hecho saltar por los aires cualquier plan o estrategia para una campaña electoral que nadie sabe muy bien cómo ni cuándo retomar.
La hoja de ruta trazada, por ahora, llega hasta mediados de la semana que viene. Durante todo el fin de semana Óscar Puente mantendrá su presencia en las reuniones de coordinación y continuará implicado en la investigación que lleva a cabo el propio Gobierno. Y el martes afrontará en el Congreso una comparecencia ante unos grupos parlamentarios que, casi al unísono y en todo el arco parlamentario, ya piden depurar su responsabilidad.
Sánchez, mientras, se prepara para la gran tormenta que se ceñirá sobre su ministro y sobre su Gobierno en cuanto concluya el luto oficial y termine también el paréntesis en las hostilidades que ha contenido la ofensiva del PP durante los días de duelo. “Hay una confianza quebrada en el sistema de la alta velocidad. Así que la labor no es solamente hacer el diagnóstico y esclarecer las causas, sino ofrecer soluciones para que una tragedia de esta magnitud no vuelva a suceder”, dijo el presidente en su última comparecencia pública, en la que insistió además en que los accidentes de alta velocidad en Urda y Adamuz con un intervalo de diez meses y un balance de más de un centenar de muertes resultan “inasumibles” para un país como España. A menos de un mes para la gran cita electoral del 29N, la política vuelve ahora a alterar su guion y a girar alrededor de otra catástrofe para poner al Gobierno, de nuevo, contra las cuerdas.
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