Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

“Ven aquí y dispárame”: la noche en la que las consignas, el caos y las persecuciones racistas tomaron el centro de Palma

Dispositivo de la Policía Nacional durante la concentración de Blocus en el centro de Palma

Esther Ballesteros

Mallorca —
31 de octubre de 2026 11:20 h

1

La plaza de España de Palma vivió anoche una jornada en la que las reivindicaciones quedaron relegadas por los enfrentamientos, las provocaciones cruzadas y una tensión que terminó extendiéndose por las calles del centro. Más de un centenar de personas, muchas de ellas adolescentes, acudieron a la convocatoria de Blocus Mallorca, mientras que, a pocos metros, quienes mantienen la acampada por la vivienda intentaban seguir adelante con su propia agenda con dos actos socioculturales.

Sin embargo, la aparición de simpatizantes de Núcleo Nacional, los desafíos a la Policía Nacional y, sobre todo, los insultos y las persecuciones racistas fueron desplazando el foco de las reivindicaciones y alimentando una espiral de tensión y confusión. Hubo varios detenidos e identificados tras una serie de peleas entre jóvenes que secundaban la proclama Blocus y los ultranacionalistas.

“Fuera fascistas de nuestros barrios; aquí están los antifascistas” y “vosotros, fascistas, sois los terroristas” fueron algunos de los gritos que lanzaron los acampados cuando varias decenas de simpatizantes, algunos declaradamente seguidores de la organización ultranacionalista Núcleo Nacional, aparecieron frente a las tiendas de campaña. La tensión fue creciendo hasta que alguien de entre los acampados lanzó una escoba y un vaso hacia el grupo de extrema derecha, momento en que los agentes establecieron entonces un cordón policial en el centro de la plaza para evitar males mayores, utilizando sus vehículos como barrera para separar a ambos grupos.

Activistas por el derecho a la vivienda defienden la acampada de la Plaza de España frente a las provocaciones y las amenazas de represalias

En ese clima de crispación, algunos jóvenes, que parecían no saber bien qué motivo les unía y les congregaba ayer, también dirigieron sus provocaciones contra los agentes. “Ven aquí y dispárame”, gritaba uno de ellos con evidente gesto amenazador. Se escucharon asimismo consignas como “fuera Pedro Sánchez” o “mierda el PP y mierda VOX”, mientras decenas de teléfonos móviles grababan lo que sucedía en una escena dantesca a caballo entre lo preocupante y lo penoso. En esa mezcolanza de ideologías e intereses, algunos asistentes reconocían que habían acudido allí para “grabar vídeos y conseguir visitas en TikTok”. Otros resumían su participación con un “ya me he hecho viral por las redes”.

Un dispositivo policial ante una tensión creciente

Con todo, la Policía Nacional y la Local desplegaron un dispositivo para evitar que la situación escalara: varios furgones y motos en la misma plaza y en las calles contiguas –como Sant Miquel y Olmos– y controles de mochilas ya desde al menos una hora antes a un acto que arrancaba a las 19.30 horas, agentes de paisano y un dron sobrevolando la zona. También había un vehículo de Bomberos ante la posibilidad de que se produjera algún incendio en una ciudad cuyos comercios reforzaron la seguridad, blindando escaparates, ante lo que pudiera ocurrir. 

Establecimientos cerrados durante la protesta

Uno de los episodios más graves se produjo en las calles Olmos y Sant Miquel, donde jóvenes, supuestamente migrantes, fueron perseguidos y golpeados por personas de ideología de extrema derecha y con una comunicación tanto verbal como no verbal de odio hacia lo ajeno. En medio de esos desplazamientos entre calles, se escucharon insultos como “vete a tu puto país” y “puto moro de mierda”. Las persecuciones se repitieron entre la Plaza de España y las calles próximas, en una secuencia que llegó a percibirse como una cacería racista. Varios de los simpatizantes de ideología ultra acabaron identificados en la plaza de los Patines de la ciudad, frente a la puerta de la Fiscalía.

En esas, al menos dos petardos provocaron carreras desde la plaza hacia la zona de Olmos y Sant Miquel, en una jornada en la que la sucesión de grupos y proclamas hacía difícil distinguir quién perseguía a quién y qué motivaba cada enfrentamiento. La confusión, sin embargo, no debe ocultar la naturaleza específica de los insultos y las agresiones racistas y el odio creciente entre la población más joven, algo que lleva a pensar qué tipo de sociedad se está creando. 

Momentos de tensión durante la jornada

Seis menores con líquido corrosivo y una pistola simulada

En ese contexto de caos, la Policía identificó a al menos seis adolescentes de nacionalidad española que se dirigían a la protesta y llevaban en sus mochilas líquido corrosivo y una pistola simulada. Un séptimo menor, con apenas trece años de edad, fue señalado por presuntamente arrojar piedras y una botella, hecho que motivó que los agentes contactaran con sus padres. Los agentes intervinieron esos objetos y trasladaron a los menores a dependencias policiales, donde permanecieron bajo custodia hasta la llegada de sus familiares. La Policía investiga su motivación y si existe algún plan para alterar el orden público, y contempla la posibilidad de abrir un expediente sancionador. De momento, no se ha acreditado, sin embargo, que tengan relación con Blocus Mallorca. 

Estos antecedentes ayudan a entender el contexto de la convocatoria, pero no permiten atribuir automáticamente a Blocus todos los incidentes de Palma ni dar por acreditada la pertenencia al movimiento de cada persona que acudió a la plaza. La noche estuvo marcada precisamente por la diversidad de motivaciones y la dificultad para distinguir responsabilidades.

En paralelo, esta semana se han producido en otros puntos del país una decena de detenciones de personas presuntamente vinculadas a Blocus. Entre los arrestados habría jóvenes considerados posibles responsables de la iniciativa. Uno de ellos sería quien contribuyó a crear y expandir el movimiento en España, detenido por la Guardia Civil en Picanya (Valencia). La investigación trata de esclarecer una posible participación en la preparación de saqueos, actos vandálicos y agresiones a agentes mediante actividad coordinada en Telegram y otras redes.

La protesta se expandió por otras calles del centro

La acampada por la vivienda, desplazada por la confrontación

Antes de que la tensión llegara a su punto álgido ayer, las personas acampadas por la vivienda tenían prevista dos actividades: una acción de apoyo a la huelga internacional de estibadores contra el comercio de armas y una charla a cargo de Juan Carlos Pérez, autor del libro Anarquía relacional: La revolución desde los vínculos. A las ocho de la tarde se había anunciado una jam de baile contemporáneo, evento que quedó eclipsado por el aumento de la tensión en la plaza.

La protesta de los acampados responde a la dificultad de acceder a una vivienda y a su rechazo a la especulación y a la expulsión de vecinos de sus barrios. Sus reivindicaciones quedaron desplazadas por una confrontación que no compartía necesariamente sus objetivos. Aunque los promotores de Blocus habían afirmado que no pretendían enfrentarse a la acampada y que compartían la defensa de determinados derechos, la advertencia sobre posibles represalias contra las tiendas había aumentado la inquietud.

Entre los asistentes, también había jóvenes de nacionalidad española que afirmaban estar allí para “proteger lo suyo, lo local, lo nacional”, mientras se oían voces hostiles contra periodistas y fotógrafos allí presentes: “Vosotros también fuera de aquí, sois cómplices de todo esto”. Es por ello que ese “suyo/local/nacional” distorsiona el sentido de defender lo propio, al ser ambos colectivos parte de un poder, el cuarto, que sirve para proteger todo aquello que hace posible una comunidad democrática: los derechos, las libertades, la convivencia y el interés público. 

Cuando las consignas sustituyen a las ideas

La noche dejó una plaza atravesada por movimientos contradictorios: acampados que gritaban contra la extrema derecha, jóvenes que desafiaban a la policía, personas que corrían detrás de simpatizantes ultranacionalistas, migrantes perseguidos y comerciantes que protegían sus establecimientos. Todo sucedía al mismo tiempo, pero no todo respondía a la misma causa. La concentración de Blocus reunió a jóvenes con motivaciones diversas; algunos buscaban expresar reivindicaciones; otros, grabar vídeos y ganar visibilidad y también los que buscaban simple caos. En los canales digitales habían circulado mensajes que apuntaban a posibles acciones violentas. La búsqueda de repercusión parecía competir con cualquier propósito con un ideario político reconocible. Cada provocación alimentaba otra y cada grupo encontraba en el contrario un nuevo motivo para enfrentarse.

Horas antes de lo ocurrido ayer, Blocus Mallorca anunciaba en redes –sin corrección ortográfica alguna– lo siguiente: “Queremos algo pacífico y la gente no lo entiende y quiere arremeter contra nosotros. Pero, solo avisamos, si hay algún acto de violencia contra alguno de nuestros manifestantes, arremeteremos contra todos”. Su movilización, para reclamar “un futuro más justo” y “una Mallorca mejor para todos”, defendía que los jóvenes debían ser escuchados, por lo que anunciaban una protesta pacífica. Sin embargo, la convocatoria llegó precedida de intenciones y acciones contradictorias y violentas, como las ocurridas en otras ciudades de España y que fueron difundidas en medios de comunicación y redes sociales. 

Este pasado martes trascendió la existencia de un grupo de Telegram llamado ‘Gen Z’, desde el que se promovían movilizaciones para el viernes y el sábado. Aunque algunos participantes defendían una protesta pacífica, en el mismo entorno aparecieron mensajes que sugerían saquear comercios, algo que llevó a la policía a investigar las amenazas. El miércoles, el grupo desapareció y surgieron perfiles en Instagram y TikTok con el nombre de Blocus Mallorca. La convocatoria fue ganando visibilidad en un ecosistema digital en el que la movilización convivía con la búsqueda de repercusión y la exhibición de la propia participación.

El jueves circuló además un mensaje que advertía de la posible destrucción de las tiendas de campaña de la acampada por la vivienda si alguno de sus participantes –del movimiento juvenil– sufría un ataque. La advertencia llevó ayer por la tarde a comercios de la zona a tomar precauciones: la mayoría cerraron, y otros protegieron escaparates y entradas con tablones de madera o contrataron vigilancia privada.

Acaso la guetificación social y residencial, la falta de espacios de encuentro y la distancia entre colectivos esté alimentando la desconfianza y facilitando que los discursos de odio encuentren terreno abonado, como ocurrió anoche. Son muchos los que defienden que la desigualdad no justifica el racismo ni convierte a la población migrante en responsable de los problemas de la ciudad. Cuando las reivindicaciones sobre vivienda, precariedad o convivencia se sustituyen por la identificación de un enemigo, las causas quedan en segundo plano.

Por último, y como le comentaba ayer un periodista a otro, en rescate del médico y escritor Gregorio Marañón, “la multitud ha sido en todas las épocas de la historia arrastrada por gestos más que por ideas; la muchedumbre no razona jamás”. Una reflexión sobre una noche en la que los gestos parecieron imponerse a las ideas y que terminó dominada por los gritos, las persecuciones y una confusión en la que las reivindicaciones apenas encontraron espacio.

Etiquetas
stats