De cómo mueve la cola a la 'cara de culpa': cómo interpretar los gestos de un perro, según una educadora canina
Para comunicarse con los humanos, los perros cuentan con una amplia red de posturas, movimientos y expresiones que es necesario saber interpretar siempre dentro de un contexto para evitar malentendidos.
“Un gesto suelto casi nunca dice nada. Es como intentar entender una frase leyendo una sola palabra”, compara Nerea Vila, educadora canina y CEO de Mumbie. Para ella, comprender el lenguaje de los perros empieza por examinar al animal desde una visión integral que incluye “la postura, la tensión muscular, la cola, las orejas, la boca, la mirada y el movimiento”, aunque destaca especialmente tres factores que considera esenciales: el contexto, el individuo y su estado general.
“El mismo gesto significa cosas distintas en un parque, en la consulta del veterinario o en casa; además cada perro es distinto, su raza, su morfología, su edad y su historia cambian cómo se expresa. También el dolor, el cansancio o el estrés pueden modificar la forma en que un perro se comporta”, resume la educadora canina, que recomienda “observar sin juzgar y fijarse en cómo cambia el cuerpo del perro de un momento a otro” para entenderlo mejor.
Del juego al saludo
Gestos tan comunes como un estiramiento pueden dar lugar a error si no se presta una atención detallada, ya que puede tratarse tanto de una forma de desperezarse como de un saludo o de una invitación al juego.
“Es un estiramiento ‘de verdad’ si ocurre al despertarse o tras un rato quieto, es pausado y el perro no mira a nadie en particular. Si el perro baja el pecho y las patas delanteras mientras mantiene el trasero arriba y lo hace mirando a otro perro o a una persona, es una invitación al juego, en este caso suele ir acompañado de un cuerpo suelto, movimientos exagerados y a menudo un saltito o una carrerita después”, diferencia Vila, que asegura que se puede considerar un saludo “si el estiramiento aparece al reencontrarse con alguien conocido, junto con una actitud relajada y receptiva”.
Hablando de saludos, cuando un perro salta sobre las personas al verlas, la educadora explica que “normalmente es por excitación del momento, junto con que quieren recoger información sobre nuestro estado emocional acercándose a nuestra cara”. “No suele ser dominancia, como se decía antes, es más bien un perro desbordado o que no sabe otra forma de saludar”, aclara y recomienda enseñarle una alternativa “y premiarla de forma consistente, sin castigar el salto”.
Malinterpretar la cola
Ante la tan extendida creencia de que el movimiento de la cola puede traducirse en que el perro está contento, Vila advierte de que no siempre es así. “Depende de la altura, la velocidad y la rigidez. Una cola alta y tensa que se mueve rápido puede indicar excitación o tensión, no felicidad”, afirma la educadora. Del mismo modo, “que se tumbe panza arriba no siempre es una invitación a acariciar, puede ser una señal de apaciguamiento o de inseguridad”, apunta.
La ‘cara del culpa’
“Cuando regañamos a un perro por algo que ha hecho antes, lo que vemos es su reacción a nuestro enfado, que puede ser encogerse, bajar la cabeza o evitar la mirada, pero no remordimiento”, aprovecha para señalar la experta sobre la tendencia a humanizar ciertas expresiones. En esta línea destaca que aunque muchos perros toleran los abrazos, “para muchos resultan incómodos al restringir su libertad de movimiento”.
Bostezos y gruñidos
En contra de lo que a veces intuimos, Vila indica que “bostezar, lamerse el hocico, acercarse dando un rodeo o apartar la mirada no son síntomas de sueño ni desobediencia, suelen ser señales de estrés o de apaciguamiento”.
El gruñido, por su parte, debe leerse como un aviso, traduce la educadora, no como una agresión. “Si lo castigamos por gruñir, el perro aprende a no avisar y a pasar directamente a la mordida”, alerta.
Rehuir otros perros
Evitar a otros animales es su forma de manifestar incomodidad y necesidad de distancia. “Es una forma muy educada de gestionar un conflicto: se evita antes de tener que reaccionar de una manera ‘más escandalosa’”, defiende la educadora, que valora que una reacción de este tipo “puede deberse a miedo, a una mala experiencia previa, a falta de socialización, a inseguridad, o incluso a dolor”.
“Lo más importante es respetarlo, forzarlo suele empeorar las cosas”, afirma Vila, que cree que “un perro que evita con claridad y es escuchado aprende que no tiene que pasar a gruñir o a ladrar para que se respete su espacio”. Por eso, su principal consejo es observar qué hace el perro con el cuerpo y en qué situación se encuentra antes de decidir qué quiere. “Entender a un perro empieza por mirarlo con calma”, resume.
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