Una psicóloga explica cómo afecta tu uso del móvil a la salud emocional de tus hijos: “Cambia el vínculo de apego”
A pesar de que el tiempo de pantalla de los más jóvenes y su adicción a las redes sociales protagoniza con frecuencia la conversación sobre crianza, no suele hablarse tanto del tiempo que los progenitores dedican a sus teléfonos y su efecto sobre los niños. Más allá de la simple descortesía de mirar el móvil mientras hablan con sus hijos, los expertos advierten de que este tipo de comportamiento, conocido como phubbing parental, afecta al vínculo de apego y tiene repercusiones en la autoestima y el bienestar de los menores.
Un 68% de los progenitores admite atender al teléfono estando con sus hijos y un 46% de los adolescentes asegura que sus padres se distraen con el móvil en medio de sus conversaciones, según recoge un estudio reciente del Centro de Investigación e Innovación de Newport Healthcare (en EEUU) publicado en la revista científica Frontiers in Psychology.
“En la adolescencia parece que los hijos están más con los amigos y que los padres pasan a un segundo lugar, pero no es así: siguen necesitando ser vistos, sentirse queridos y puede que lo pidan de otra manera”, establece la psicóloga Amaya Prado, especialista en infancia, adolescencia y familia.
“Cuando un chico intenta contar algo y recibe un ‘sí, sí...’ por respuesta, pero no se levanta la vista de la pantalla del móvil, la idea que se hace este chico no es que su padre está ocupado y que se lo contará más tarde, sino que lo suyo no importa tanto. Y si esto se repite, se repite y se repite, al final dejan de intentarlo”, explica.
Cómo afecta a la comunicación entre hijos y padres
Esta competición constante por la atención puede derivar en un proceso conocido en psicología del aprendizaje como “la extinción”: al no recibir atención ni refuerzo tras un intento de comunicación, la conducta de buscar al progenitor termina por desaparecer. La desconexión resultante deja huella en la autoestima y en el modelo de apego, según el estudio antes mencionado que vincula el phubbing parental con mayores niveles de ansiedad generalizada y social, síntomas depresivos e inseguridad en el vínculo de apego. “El móvil nos hace estar presentes físicamente, pero ausentes emocionalmente y de una forma bastante impredecible”, apunta Prado.
Un matiz importante del que alertan tanto desde la investigación como desde la clínica es que el impacto negativo no depende únicamente del tiempo total frente a la pantalla, sino de cuándo tiene lugar ese tiempo. “Si un padre usa mucho el móvil cuando, por ejemplo, sus hijos están en clase, lógicamente afecta menos al vínculo que otro que lo usa poco, pero justo cuando su hijo le está hablando”, aclara la psicóloga.
“Lo que más daño hace es la interrupción, cortar una conversación, por ejemplo, por una notificación, mirar la pantalla cuando el otro está contando algo importante”, subraya Prado, que destaca que las notificaciones fragmentan momentos cotidianos de enorme valor relacional, como los trayectos en coche, las comidas o el momento antes de irse a dormir, espacios donde habitualmente los adolescentes se muestran más receptivos a abrirse.
Para evitar estos efectos nocivos derivados de la dependencia digital con la que conviven tantos padres, la especialista recuerda que no es necesario un aislamiento tecnológico, sino una gestión consciente, y propone algunas pautas sencillas para una crianza más atenta y disponible:
El móvil boca abajo
Cuando se comparte tiempo con un hijo, Prado recomienda perder de vista la pantalla y centrar el contacto visual en la comunicación con el menor: “Si tu hijo te habla puedes dejar el móvil boca abajo y mirarle, aunque sea durante momentos cortitos”.
Explicar la situación
Si tenemos una urgencia y resulta imposible atenderle en ese instante, para la psicóloga es crucial explicárselo de manera explícita. “En ese momento se le puede decir claramente, por ejemplo: ‘mira, tengo que enviar un correo electrónico, termino esto y ya me cuentas, ¿vale?’. Esto enseña a gestionar la espera sin transmitir desinterés, ”luego lógicamente hay que cumplir y prestarle toda la atención“, señala Prado.
Decodificar el reproche
Si un hijo se queja de que su padre o madre siempre están con el móvil, la psicóloga recomienda no ponerse a la defensiva sino descifrar el mensaje implícito: “El doble sentido de su reivindicación es ‘te echo de menos’, es una petición de atención en toda regla”. Para ella, lo efectivo sería validarlo emocionalmente con una respuesta como “tienes razón, parece que últimamente estoy bastante con el móvil, entiendo que te moleste”.
Pactos de consenso
Otra de las recomendaciones es establecer acuerdos aplicables a todos los miembros del hogar, como dejar los teléfonos fuera de la mesa durante las comidas o depositar los dispositivos en una cesta a partir de cierta hora. “Tiene que ser algo bidireccional, es decir, que los hijos cumplan pero los adultos también”, advierte la especialista, que recuerda que la conducta de los padres es el modelo principal de aprendizaje de los hijos.
Asumir los fallos
“Reconocer un error delante de nuestro hijo o nuestra hija no nos va a quitar autoridad, nos enseña a responsabilizarnos a cada uno de lo nuestro, que es justo lo que queremos que aprenda”, defiende Prado, por delante de no asumir una equivocación.
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