El cine español responde al ataque de Vox en la Seminci: “Es censura, un desprecio absoluto”
A cuatro días de que empezara la Seminci, el festival de cine más importante de Castilla y León y uno de los más importantes de España, Vox lanzaba su ataque frontal contra el cine español. El partido de extrema derecha, desde la Consejería de cultura que le dio el PP tras las últimas elecciones, metía mano a sus odiadas ayudas al cine. En el texto de la convocatoria de subvenciones a películas y series de la comunidad, Vox colaba un párrafo que hizo saltar todas las alarmas. Desde este curso, las ayudas excluían a aquellas películas y series que “impliquen adoctrinamiento ideológico, propaganda partidista o apoyen a opciones políticas concretas”.
Un veto que mostraba que Vox comenzaba su guerra contra el cine español y anticipaba lo que podrían hacer a nivel nacional si tocan la cartera de Cultura en un hipotético Gobierno de derechas tras las elecciones del 29 de noviembre. Lejos de tranquilizar o rectificar, el consejero de Cultura, José Alberto Díaz Pico, utilizaba la rueda de prensa del día posterior para lanzar un segundo bofetón, ahora, directo a la mandíbula de Seminci, que según él “tiene mucho que mejorar en neutralidad ideológica”. “Hay temáticas que no se tratan en la Seminci, temáticas históricas que puedan tener que ver con el espíritu y la presencia de España en el mundo, y todas esas temáticas no se tratan. Se trata mucho más de un cine más ideologizado”, dijo Díaz Pico.
Ambas cosas sentaron como una puñalada en el festival. En los corrillos, durante la inauguración y las primeras jornadas, el tema se repetía. Para muchos, no ha sido casualidad el tiempo. Desde Vox han esperado a los prolegómenos de un certamen que no les gusta para atacar al cine español y, después, directamente a Seminci. Lo hacen, además, en un año en donde la dirección del festival deberá volver a salir a concurso. La sensación de miedo al futuro también se sentía y se comentaba.
Lo que en los pasillos del Teatro Calderón se susurraba, se amplificó a partir del primer minuto desde el escenario durante la gala inaugural. Su presentadora, la periodista Pepa Blanes, dejaba el primer recado a Vox: “Acogemos un cine de autor libre y sin censura, como siempre se ha programado aquí”. El siguiente lo lanzó el cineasta español, Gabriel Azorín, que en su recuerdo a José Luis Cienfuegos, el director de Seminci fallecido el año pasado, reiteró que había que hacer lo que Cienfuegos les había enseñado: “Hacer películas de una manera libre”. “Para eso sirve el cine, para ponernos en lugares que de otra forma no estaríamos, para ponernos en el lugar del otro y comprenderlo. No creo que el cine nunca vaya a adoctrinar”, zanjó en respuesta clara a la medida de Vox.
Miedo al futuro
Si la inauguración tuvo su respuesta, las dos primeras jornadas de Seminci continuaron la senda. El equipo de Matar a un oso, la serie de Movistar Plus sobre el asesinato del oso Cachou en el Valle de Arán, fue preguntado por la medida de Vox en la rueda de prensa. Eduard Fernández tomaba la palabra y lo hacía de forma contundente: “Si alguien dice explícitamente y públicamente que va a intervenir el factor ideológico, eso se llama censura. Lo conocemos bien en este país”, comenzó diciendo. El actor cuestionaba quién iba a decir lo que era adoctrinamiento o no, y concluía que lo que se había publicado en la convocatoria de Castilla y León “suena mal y peligroso”.
Los directores de la serie, los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo, hablaban de la medida justo después con elDiario.es y creían que podía servir de aviso a navegantes. “Cuando se vote, hay que saber que a lo mejor 40 años después vuelve la censura a este país”, apuntaban. “Hay que saber que, si gana esta opción política, lo que va a plantear es que haya un señor en un ministerio que esté mirando uno a uno los proyectos que se van a hacer y que va a elegir por una cuestión ideológica. Los que van a tener subvención y los que no, y eso se llama censura. Eso la gente lo tiene que saber cuando va a votar, porque esto se va a plantear y de hecho está pasando por ejemplo en Argentina”, añadían.
Si alguien dice explícitamente y públicamente que va a intervenir el factor ideológico, eso se llama censura. Lo conocemos bien en este país
Ponen el ejemplo de las subvenciones a los partidos políticos, que también las pagan todos los españoles con sus impuestos. “A lo mejor a mí me parecería que este partido político, que directamente es bastante agresivo conmigo y con mi propio sector, no debería recibir esa subvención, pero yo entiendo que dentro de un marco político, porque así lo hemos decidido todos, los partidos políticos tienen que tener su subvención. De tal manera que hay una parte de mis impuestos que va a parar al mantenimiento de sus partidos”, zanjaron.
Las heridas del “No a la guerra”
Para Sergio Peris-Mencheta ese odio encarnizado que ahora vuelve a supurar tiene una conexión clara con 2003. “Siento que hay un desprecio total y absoluto desde los Goya del ”No a la guerra“. Hubo una cabeza de turco, y en este caso fue el cine. El cine, y eso luego se ha retraído a la cultura en general, se considera que es de izquierdas. Pues allá ellos si creen que la cultura es de izquierdas o sienten que se les ha arrebatado la cultura. La historia de Federico García Lorca, la historia de Luis Cernuda, es historia de España. Es marca España, ¿no quieren más España? Pues no hay nada que sea más España que Federico”, asevera.
Al mencionar a Lorca sale a colación el tercer ataque de Vox en la comunidad, la censura denunciada ante la Fiscalía por la compañía de teatro Proyecto 43-2 por la cancelación de la obra Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva, cuya representación estaba programada para el 24 de octubre. “Ahora mismo hay un señor con un martillo haciendo ruido, haciendo que hay obras, para que no se pueda representar esa función, que es una función como cualquier otra, que habla de una realidad y que no está adoctrinando a nadie, está contando algo que sucedió. No es un panfleto, no están diciendo vota al PSOE o vota a Sumar. Es una obra que cuenta lo que pasó”, aclara.
Para él “todo el teatro es ideología”, incluso “una obra que dice que no es política, está haciendo política también”. “Estoy perplejo, porque creo que la gente que está en ese otro lado es gente que evidentemente no va al cine, no va al teatro y no se ha metido en un museo en su vida y probablemente no haya abierto un libro. Supongo que quiero creer que todo tiene su contrapeso, igual que hay Trump en el mundo, pues también hay otras cosas que existen”, asevera con un halo de optimismo, pero dejando un último mensaje: “El arte no es neutral. Seas del bando que seas, eso te lo tienes que comer con patatas, es el bufón del rey, y no puedes matar al bufón”.
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