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Bernardo Gutiérrez

Soy periodista, escritor e investigador. Vida transoceánica, entre España y América Latina, con doble nacionalidad España-Brasil. Más de dos décadas publicando en medios como  La Vanguardia, El País, 20 Minutos, Esquire, La Repubblica, Visão, Milenio, Público, Interviú, Der Tager Spiegel o National Geographic, entre otros. He publicado tres libros individuales y participado en otros ocho libros colectivos. El último es Pasado Mañana, (Arpa Editores, 2017), un viaje a la España del cambio que enuncia un futuro inclusivo para las izquierdas y los valores progresistas. 

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Cómo derrotar a la ultraderecha sin pronunciar la palabra fascismo

El 12 de octubre de 2014, un conjunto de artistas convocó en São Paulo un acto de apoyo a Dilma Rousseff, candidata presidencial del Partido dos Trabalhadores (PT). Artistas como Otto, Karina Buhr o Lucas Santana manifestaron su apoyo crítico a Dilma en un evento llamado Treze tons de vermelho (trece tonos de rojo). Aécio Neves, candidato del conservador Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB), lideraba las encuestas. La polarización de la campaña había subido en decibelios. El tono de ambos candidatos era visceral. Se respiraba odio. Se invocaba el miedo. Ambos lados estaban apostando por un binarismo categórico.

Algunas corrientes minoritarias del PT intentaban renovar las narrativas con iniciativas como Podemos Mais, para intentar conectar con las multitudinarias protestas de junio 2013, las denominadas "jornadas de junio". Sin embargo, la campaña oficial de Dilma Rousseff era un rodillo contra las nuevas narrativas y prácticas surgidas desde 2013. El evento Treze tons de vermelho era una bocanada de aire fresco en medio del lodazal electoral. Mandaba un recado a las consignas unitarias y los símbolos históricos del PT. Rojo sí, pero con trece tonos.

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Se busca oposición al ultraderechista Jair Bolsonaro

Un día antes de la segunda vuelta de las elecciones brasileñas, Gleisi Hoffmann, presidenta del Partido dos Trabalhadores (PT), afirmó que el "mejor regalo que vamos a darle a Lula es ganar las elecciones y sacarle de aquí (de la cárcel)". La frase contradecía la estrategia de Fernando Haddad para la segunda vuelta: una campaña alejada de Lula, del relato épico-popular y del color rojo.

Huir de la identidad petista y apelar a la defensa de la democracia eran las últimas cartas de Haddad. Gleisi Hoffman hablaba para la cúpula del PT y le mandaba a Haddad el recado de que no sería líder del PT alejándose de la cúpula del partido.

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El frente democrático contra Jair Bolsonaro se enfría

No habrá 'alianza a la francesa' contra la ultraderecha en el segundo turno de las elecciones presidenciales brasileñas. Los partidos de centroderecha no han acudido a salvar la democracia apoyando a Fernando Haddad, candidato del Partido dos Trabalhadores (PT). Fernando Henrique Cardoso, expresidente de Brasil y alma del conservador Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB), declaró en una entrevista que no acepta chantajes del PT: "¿Por qué habría de pronunciarme sobre candidaturas que o están contra o no se definen sobre temas que aprecio para el país y el pueblo?".

Los dos exministros de Lula que han sido recientemente rivales presidenciales del PT, Marina Silva y Ciro Gomes, tampoco han declarado su apoyo sin condiciones. Marina Silva acaba de declarar su  apoyo crítico a Fernando Haddad. Ciro Gomes, tercero en la primera vuelta, se fue de vacaciones. Su partido, el Partido Democrático Trabalhista (PDT), ha declarado un "apoyo crítico" al PT. Gleisi Hoffman, presidenta nacional del PT, manifestó su sorpresa por esta ausencia de ayuda espontánea: " Esperaba que la adhesión a Haddad fuese natural".

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El tsunami Bolsonaro barre el sistema de partidos de Brasil

Ni las previsiones más alarmantes detectaron el tsunami político de Jair Bolsonaro. Ningún analista preveía más de un 40% de los votos válidos. La polarización extrema de la política ha dinamitado los cimientos políticos de Brasil. Gane quien gane la presidencia en el segundo turno del día 28 de octubre, nada será igual. La histórica rivalidad entre el Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB) desaparece: los conservadores registraron el peor resultado de su historia. El Movimento Democrático Brasileiro (MDB), en el que se apoyaron todos los gobiernos, queda relegado a cuarto grupo parlamentario. Y muchas familias oligarcas y nombres de peso se quedan fuera del senado. Ni siquiera la ex presidenta Dilma Rousseff consiguió su plaza de senadora en Minas Gerais.

El hundimiento del centro derecha abre el camino a la ultraderecha del Partido Social Liberal (PSL) de Jair Bolsonaro y a nuevos partidos neoliberales como PODEMOS o NOVO. Todos los candidatos apoyados por Bolsonaro han arrasado. Su campaña anti establishment, centrada en WhatsApp, ha catapultado a candidatos que ni salían en las encuestas. El juez justiciero Wilson Witzel, del Partido Social Cristiano (PSC), antiguo partido de Bolsonaro, obtuvo el 41,28% de los votos para gobernador en Río de Janeiro y disputará el segundo turno. El empresario Romeu Zema (NOVO) consiguió el 42,73% de los votos en Minas Gerais. Crece la bancada evangelista. Y la presencia de las fuerzas armadas en el congreso: 22 diputados con algún vínculo militar.

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Brasil, en el abismo de la polarización extrema

Una frase lapidaria presidía la portada de la revista IstoÉ del 04 de agosto de 2017: "Nace el anti Lula". El millonario João Dória, entonces alcalde de São Paulo, mostraba su mejor sonrisa. Dória, último invento de las élites, arrasaba con un discurso antipolítico. "João Dória se consagra como el adversario directo del líder petista Lula", afirmaba la revista IstoÉ. Cuando la portada del "anti Lula" llegó a los quioscos, el conservador Partido de la Socialdemocracia Brasileira (PSDB), el partido tucano, no tenía candidato presidencial. Lula capitalizaba el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff. Y nadie hablaba demasiado del exmilitar Jair Bolsonaro.

En el creciente antipetismo se estaba fraguando un nuevo "anti Lula". Y Dória había ganado el casting. "Yo soy el anti Lula. Estar contra Lula es estar a favor de Brasil", aseguraba Dória. Cuando Arnold Schwarzenegger visitó a João Dória en São Paulo le saludó con un mediático "Hello, Mr. President".

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Claves del ascenso del ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil

En el vídeo Mi opinión como negro sobre el "racista" Bolsonaro el youtuber Thiago Fonseca declara su voto para Jair Bolsonaro. Empuña un vaso con el rostro de un superhéroe y un logo de Coca-Cola. Señala un agujero en el vaso. Y lanza su metáfora: "Brasil es un vaso agujereado. El agujero representa la corrupción". Thiago coloca agua. Mientras el agua se escapa, arremete contra los políticos que "no tapan el agujero". Bolsonaro, dice, no sabe mucho de economía, pero es el mejor candidato: "No soporta la corrupción y no es corrupto". El otro gran asunto del vídeo es la violencia. Thiago, como Bolsonaro, defiende la pose de armas contra "los bandidos". En pocos días, el vídeo obtuvo más de un millón y medio de visitas.

El apoyo de un youtuber negro a un candidato que afirmó que los portugueses no pisaron África y que eran los negros quienes entregaban a los esclavos visibiliza la complejidad del fenómeno Bolsonaro. Si en diciembre de 2015 Bolsonaro tenía sólo un 3% de la intención de voto, en la actualidad alcanza el 28%, ambas cifras según Datafolha. Si los primeros estudios revelaban que el perfil de su votante encajaba con un "hombre blanco, de clase media, con estudios superiores y de las regiones sur y sudeste del país", desde que Bolsonaro sufrió un ataque con un cuchillo en medio de un acto electoral, el bolsonarismo se dispara. Y la complejidad de la base electoral de un candidato que la izquierda define como fascista crece. Mientras la derecha tradicional no despega, aparecen bolsonaristas improbables, como militantes LGTB o mujeres, atacados constantemente por un candidato que elogia el armamento de la población civil, la familia tradicional y las Fuerzas Armadas.

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Las elecciones más inciertas de la historia de Brasil: Lula preso, izquierdas divididas

Por primera vez desde que Lula ganó las elecciones en 2002, la campaña presidencial del Partido dos Trabalhadores (PT) no tiene director de marketing. João Santana, el último marketeiro petista, está preso, acusado de cobrar en B las campañas de Lula en 2006 y de Dilma Rousseff en 2010 y 2014. Duda Mendonça, el marketeiro que inició la mitología Lula y conquistó la presidencia en 2002, también tiene problemas judiciales tras la operación Lava Jato. Mendonça aceptó una delación premiada para permanecer en libertad, a cambio de aportar informaciones sobre irregularidades en las elecciones de 2014. El PT no tiene marketeiro oficial porque en Brasil corren malos tiempos para la lírica del marketing político. Y porque está aprovechando la campaña que la realidad le ha puesto en bandeja. Lula como víctima. El líder ausente como candidato moralmente superior.

Desde una celda de quince metros cuadrados, en el cuarto piso de la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiba, Lula es el marketeiro de su propia campaña. Y se apoya en la persecución tenaz del justiciero juez Sérgio Moro para multiplicar su mito. Moro y Lula, cuál púgiles de boxeo, lanzan golpes desde las sombras de la ciudad de Curitiba, intentando averiguar el movimiento de su enemigo.

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Brasil en el laberinto Lula

Los militantes del Partido de los Trabajadores (PT) se han aferrado durante los últimos meses a un grito: " Eleição sem Lula é fraude". Unas elecciones sin la candidatura de Lula, según sus partidarios, no serían legítimas. El lema se expandió incluso más allá de los círculos petistas. Nadie conseguía imaginar unas elecciones presidenciales sin Lula como candidato. Ni los militantes de izquierda ni buena parte del establishment que vivió la bonanza de la era Lula.  Eleição sem Lula é fraude.  Y la cita electoral de 2018, sin Lula, es un misterio explosivo. Hasta la orden de encarcelamiento de Lula, ahora todo pivotaba, en la izquierda y en la derecha, alrededor de su candidatura. Lideraba todas las encuestas electorales. Apenas había que despejar quién sería su rival en el segundo turno. 

La prisión de Lula, después de un proceso judicial lleno de irregularidades, deja en entredicho a la democracia brasileña. Incluso algunos periodistas conservadores, como Reinaldo Azevedo, han denunciado una persecución judicial llena de lagunas: “Lula ha sido víctima de un tribunal de excepción”. Lula jugó hasta el último minuto sus cartas. Y dejó caer su órdago, insinuando que su detención daría nuevas alas al PT: " Si me detienen seré héroe. Si me matan, seré un mártir, y si me dejan suelto, seré presidente de nuevo".

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De Ahora Madrid al cielo de 2019

“Mi batalla no es con o sin Manuela. Con Manuela veo posible ganar en 2019, aunque ella no es imprescindible. Pero sin confluencia no conseguiremos nada”. Marina Flox – 39 años, vocal vecinal de Ahora Madrid en Ciudad Lineal – habla con determinación en un bar próximo a Atocha. Es la responsable de haber provocado el encuentro Revalidar Madrid, celebrado el pasado día 10 de febrero. Cuando vio que la Mesa Coordinadora de Ahora Madrid retrasaba un encuentro plenario pendiente desde 2015, se la jugó. Colocó sus energías en el Super Grupo AM, espacio digital en la App móvil Telegram. Y sin pretenderlo, provocó la primera revuelta de las bases Ahora Madrid. No se arrepiente. “Mucha gente esta en mi situación, se siente parte de Ahora Madrid, no de una sola familia. Desbordamos para forzar el encuentro”, asegura Marina. Revalidar Madrid fue un éxito. De asistencia. De cobertura mediática. Acabaron acudiendo miembros de todas las familias políticas que habían quitado importancia a un plenario no oficial.

Revalidar Madrid visibilizó, sobre todo, a las bases de Ahora Madrid. Una militancia heterogénea y múltiple. Algunos son militantes de Ganemos, Podemos, Izquierda Unida (IU), Equo o M129 (surgido a partir de Ganemos). La mayoría se sienten de una familia y de Ahora Madrid al mismo tiempo. Otros se declaran independientes. Todos son ahoramadrileños. Eldiario.es ha entrevistado a dieciocho militantes de base de Ahora Madrid. De las conversaciones, emana un deseo común: reeditar una confluencia que no sea una “sopa de siglas” y volver a ganar Madrid.

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De Ahora Madrid al cielo de 2019

“Mi batalla no es con o sin Manuela. Con Manuela veo posible ganar en 2019, aunque ella no es imprescindible. Pero sin confluencia no conseguiremos nada”. Marina Flox – 39 años, vocal vecinal de Ahora Madrid en Ciudad Lineal – habla con determinación en un bar próximo a Atocha. Es la responsable de haber provocado el encuentro Revalidar Madrid, celebrado el pasado día 10 de febrero. Cuando vio que la Mesa Coordinadora de Ahora Madrid retrasaba un encuentro plenario pendiente desde 2015, se la jugó. Colocó sus energías en el Super Grupo AM, espacio digital en la App móvil Telegram. Y sin pretenderlo, provocó la primera revuelta de las bases Ahora Madrid. No se arrepiente. “Mucha gente esta en mi situación, se siente parte de Ahora Madrid, no de una sola familia. Desbordamos para forzar el encuentro”, asegura Marina. Revalidar Madrid fue un éxito. De asistencia. De cobertura mediática. Acabaron acudiendo miembros de todas las familias políticas que habían quitado importancia a un plenario no oficial.

Revalidar Madrid visibilizó, sobre todo, a las bases de Ahora Madrid. Una militancia heterogénea y múltiple. Algunos son militantes de Ganemos, Podemos, Izquierda Unida (IU), Equo o M129 (surgido a partir de Ganemos). La mayoría se sienten de una familia y de Ahora Madrid al mismo tiempo. Otros se declaran independientes. Todos son  ahoramadrileños. Eldiario.es ha entrevistado a dieciocho militantes de base de Ahora Madrid. De las conversaciones, emana un deseo común: reeditar una confluencia que no sea una “sopa de siglas” y volver a ganar Madrid.

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