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Sobre este blog

Este espacio pretende reivindicar la memoria obrera, sus luchas, organizaciones y protagonistas, desde el convencimiento de que el movimiento sindical fue clave en la reconstrucción de la razón democrática, articulando la defensa de sus demandas sociales y económicas con la exigencia de libertades civiles.

Los inicios del movimiento obrero en Ford-Almusafes

Foto de la cadena de montaje del Ford-Fiesta en la que aparecen los cuatro miembros de la Comisión Negociadora del primer convenio colectivo: Ernesto Boscà, Vicente Femenía, Aníbal García y José Luis Ramos.

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Se cumplen ahora 50 años de la inauguración oficial de la factoría de Almusafes en un acto presidido por Juan Carlos I y Henry Ford II que, más allá de la parafernalia formal, fue escenario también de las demandas reivindicativas del emergente movimiento obrero que desde entonces mantendrá una notable presencia en la empresa.

Son aproximadamente 30.000 los trabajadores que en estas cinco décadas han pasado por la fábrica, con plantillas que oscilan desde los 7.000 de 1976 a los 10.800 de 1990, para reducirse actualmente a 4.100, como efecto de la automatización productiva y los ciclos de demanda del mercado automovilístico al que Ford-Almusafes ha aportado desde sus inicios 14.5 millones de unidades, al tiempo que generaba un importante parque de proveedores, influyendo notablemente en el desarrollo económico y tecnológico de su entorno.

En el marco de su programa de expansión previo al estallido de la crisis del petróleo, la dirección de Ford decidió en 1972 instalarse en España, acogiéndose al marco legislativo favorable en términos fiscales y laborales que ofrecía la dictadura, cuyo obsecuente gobierno reeditó por momentos una sonrojante versión de Bienvenido Mister Marshall.

Entre la Transición y el Fiesta

Tras descartar otros posibles emplazamientos (Talavera de la Reina) se optó, finalmente, por instalar el nuevo complejo industrial en la zona de Almusafes (Ribera Baja), iniciándose las obras en marzo de 1974.

En la decisión de los ejecutivos de Detroit pesaron tanto factores de carácter geoestratégico como sociolaborales. En el primer caso se consideraron muy favorables las características orográficas del área (2.700.000 m2 de terreno llano), su conectividad nacional y europea por autopista y ferrocarril, proximidad a la capital provincial (puerto, aeropuerto) y a la siderúrgica saguntina…, mientras que, por otra parte, se valoraba la escasa tradición conflictiva de la población de la zona, asociada a la cultura agraria y al minifundismo local.

Dos años más tarde, el 1 de marzo de 1976, se producía el primer motor y el 18 de octubre de aquel mismo año salía de la cadena de montaje el primer Ford Fiesta. Se trataba de un vehículo utilitario, de líneas modernas, precio asequible (125.000 pesetas de la época, equivalente a 750 euros actuales) y nombre de resonancias hemingwayanas, que se presentaba como símbolo de modernidad en una España en proceso de transformación.

Entre tanto, el contexto político, económico y social había experimentado un acelerado proceso de cambio. La agonía biológica y política del franquismo coincidió con el efecto aplazado de la crisis del petróleo que a lo largo de 1974 multiplicó por cuatro los costes energéticos, golpeando duramente a la economía española, debido tanto a las debilidades estructurales que arrastraba como a la incompetente gestión realizada por el gobierno de Arias Navarro, condicionada además por la devaluación monetaria y congelación salarial impuestas por decreto unos meses antes y la pervivencia de una legislación antisindical y represiva

Pese a todo, la desaparición del dictador en noviembre de 1975 destrabó energías y demandas largamente aplazadas, abriendo una ventana de oportunidad que aceleró un proceso de cambio en el que el movimiento obrero asumirá un importante protagonismo.

Según datos del propio Ministerio de Trabajo, aquel año se registraron 3.662 conflictos colectivos de carácter laboral, con la participación directa de 3.689.900 trabajadores en huelgas de duración desigual que en cómputo global superaron los 13,7 millones de jornadas no trabajadas, con un notable impacto tanto a nivel nacional (1976. Las huelgas de la Transición, editorial Catarata) como en la Comunidad Valenciana.

Ford’1976: ensayos de acción colectiva

La primera plantilla de Ford-Almusafes se nutrió de directivos y cuadros técnicos procedentes de otras factorías de la compañía (Colonia, Saarlouis…), junto a trabajadores cualificados con experiencia profesional en otras empresas del país (Motor Ibérica, Chrysler…) y operarios de la zona con escasa o nula trayectoria industrial.

Pese a tal heterogeneidad, pronto aparecerán los primeros núcleos de resistencia obrera impulsados por militantes de diferentes adscripciones políticas y sindicales como, sobre todo, por el contexto de una creciente oleada reivindicativa.

En las elecciones promovidas en 1975 por el viejo Sindicato Vertical del franquismo ya habían sido elegidos varios enlaces críticos que en abril de 1976 se vieron reforzados por otra elección parcial, hasta obtener la mayoría en el Jurado de Empresa y designar como secretario al compañero Vicente Femenía Juan, vinculado entonces a las plataformas anticapitalistas.

Además de aprovechar las posibilidades legales de interlocución con la empresa que permitían las instituciones verticalistas, se impulsaron también otros mecanismos de participación y democracia directa, como la Coordinadora de Delegados integrada por 72 trabajadores elegidos en las asambleas de planta y taller, manteniéndose entre ambas instancias relaciones cruzadas.

Coincidiendo con el debate en torno a la dialéctica unidad/pluralidad sindical que se estaba desarrollando a nivel nacional, en Ford intentamos durante un tiempo reforzar la Coordinadora como organismo de síntesis entre ambos polos, contando con la participación en la misma de representantes de las diferentes corrientes sindicales, lo que nos permitió articular un potente movimiento de presión y negociación.

Recuerdo que la primera acción colectiva (septiembre de 1976) fue un paro en protesta por la muerte en accidente laboral durante el turno de noche de un compañero que trabajaba en las ultimas obras de acondicionamiento de la factoría, preparatorias de la inauguración oficial prevista para el mes siguiente. Tras detener la producción en todas las plantas, se celebró una multitudinaria asamblea en la explanada en que se depositaban los vehículos terminados, durante la que se exigió a la dirección de la empresa la participación de los trabajadores en la gestión de la seguridad laboral, siendo finalmente elegido para dicha responsabilidad.

Una cuestión de legitimidad

Unos días antes de la fecha de inauguración de la factoría, prevista para el 18 de octubre de 1976, la dirección de Ford nos convocó a Femenía (secretario del Jurado de Empresa) y a mi (delegado de seguridad laboral elegido por la Asamblea). Cuando llegamos a las oficinas centrales nos encontramos con los máximos dirigentes de la Compañía en España (Leocadio Padilla, José Luis Muñoz y Guillermo Rey, entre otros) que nos trasladan la exigencia de la Casa Real de garantizar que la visita del Rey se desarrolle con normalidad y sin manifestaciones de rechazo por parte de la plantilla.

Nosotros les contestamos que eso debían planteárselo a los enlaces sindicales oficiales, a lo que Muñoz Selma, en funciones de gerente de relaciones laborales de la empresa nos contestó en tono enérgico: “…vosotros podéis pensar que somos unos capitalistas explotadores, e imperialistas, pero no debéis pensar que somos tontos. ¡Los pactos se establecen con quien tiene capacidad de cumplirlos! Qué queréis, que pactemos con los del sindicado oficial, y luego vais vosotros a la asamblea con el rollo de que…”el Borbón no puede entrar mientras la empresa no acceda a todas nuestras peticiones! Conseguís el aplauso de todos, creando un clima de inseguridad…, el Rey se queda sin poder entrar, y nos dejáis en ridículo. ¡Tenéis que decidiros y decirnos si podrá o no podrá entrar!.

Recuerdo que les dije que no éramos nadie para llegar a acuerdos que no estuvieran autorizados por nuestros compañeros. Pedimos tiempo, se nos concedió, y quedamos, para tres días más tarde.

Conscientes de que la dirección de la empresa reconocía, de facto, la legitimidad de nuestra representación real al margen de la oficial, asumimos también la responsabilidad que ello implicaba y aún procediendo, como era el caso de muchos de nosotros, de posiciones radicales y maximalistas llegamos a la conclusión de que, en adelante, la lucha sindical no podía ser a todo o nada… Entendimos, que la empresa no podía admitir que una vanguardia sindical impidiera por la fuerza la entrada de la máxima representación del Estado y de la propia empresa lo que, con toda seguridad, conllevaría medidas represivas y la descomposición de la organización de los trabajadores, que se estaba fraguando al margen del Sindicato Vertical. Así que, tras consultar a los compañeros en asambleas, respondimos a la empresa: “Nosotros no nos opondremos a la entrada del Rey y rechazaremos cualquier propuesta violenta…., pero no renunciamos a ninguna de nuestras reivindicaciones, ni a los medios propios de la lucha obrera. Expondremos nuestras reivindicaciones en una carta que entregaremos al Rey”.

De la Carta al Rey… al primer convenio real

Una vez que la empresa fue informada de que no habría oposición de los trabajadores a la entrada del Rey y Henry Ford, se trasladó la inauguración oficial al lunes 25 de octubre y nosotros empezamos a preparar la carta que entregaríamos al Rey con nuestras reivindicaciones. Cómo no andábamos muy puestos en cuestiones de protocolo no sabíamos como encabezar el texto y alguien que había estado en Inglaterra nos sugirió el que creía tratamiento más adecuado, por lo que el texto quedó literalmente como sigue: 

“A Su Graciosa Majestad

Los trabajadores de Ford España S.A, queremos hacer saber a Su Majestad nuestra total identificación con el deseo de una urgente solución a los problemas que, en multitud de manifestaciones, millones de trabajadores españoles, vienen denunciando y rechazando, en especial:

Primero. - Que se adopten cuantas medidas sean necesarias para terminar urgentemente con la congelación salarial que nos impone unas condiciones económicas inadmisibles.

Segundo. - Que se reconsidere la derogación del artículo 35 de la Ley de Relaciones Laborales, ya que pone en claro peligro la conservación de nuestros puestos de trabajo, único patrimonio para el mantenimiento de la familia de los trabajadores.

Tercero. - Solicitamos la plena aplicación de na amnistía laboral y política, con la consiguiente readmisión, a sus puestos de trabajo, de aquellos trabajadores que en su día fueron represaliados por defensar con justeza y honestidad las reivindicaciones obreras. Ello sin distinción alguna de las causas o motivos por las que fueron privados de su libertad.

Cuarto.- Consideramos inaplazable e imprescindibles la libertad de existencia de todas las organizaciones obreras y políticas, así como el reconocimiento de derechos elementales e inalienables de cualquier hombre: expresión, manifestación, huelga y así demandamos el reconocimiento y legalización de los delegados que estamos eligiendo para representarnos en la negociación del próximo convenio, así como la legalización de todo tipo de organización que los trabajadores conscientes y libremente decidan construir ahora y en el futuro“.

Ese escrito fue presentado por los delegados a las asambleas y entregado posteriormente a la dirección de la empresa, que se limitó a pasarlo a limpio y eliminar el equívoco tratamiento british.

Finalmente, la ceremonia de inauguración oficial pudo realizarse con absoluta normalidad, con la pompa y circunstancia habituales. El Rey, Henry Ford, sus respectivas comitivas y los periodistas acreditados realizaron un paseo por las principales instalaciones de la fábrica, deteniéndose sólo para observar la operación más vistosa del proceso de montaje que se produce cuando se juntan la cadena que trasporta el motor y la de la carrocería para su correspondiente ensamblaje y al término de la visita, nuestro compañero Vicente Femenía entregó al Rey la carta que recogía nuestras reivindicaciones.

Ahora, 50 años después, considero que aquel ejercicio de exigencia reivindicativa y realismo negociador contribuyó a la emergencia de un nuevo sindicalismo en Ford-Almusafes a través primero de la Coordinadora de Delegados de línea, la posterior firma del primer Convenio Colectivo (marzo de 1977) y finalmente la progresiva normalización de la representación sindical (febrero de 1978), pese a las medidas represivas y estrategias divisorias de la empresa, que trataré de analizar en próximas entregas de este blog.

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