Oliva, el equilibrio perfecto entre playa y territorio
Oliva es mucho más que sol y mar a lo largo de ocho kilómetros de playas de arena fina y dunas naturales. El municipio, situado al sur de la comarca de La Safor, lindando con la provincia de Alicante, reúne un rico patrimonio histórico, parajes naturales, una oferta
gastronómica diversa y un entorno privilegiado para la práctica del deporte al aire libre. Por todo ello, la ciudad es un destino perfecto para quienes buscan relajarse bajo el sol, así como para los que prefieren activarse en la naturaleza o disfrutar de la cultura.
La ciudad, que hasta los años 70 del siglo pasado fue básicamente agrícola, con predominio del cultivo del naranjo, es hoy en un día una localidad dinámica en la que el comercio, la restauración y el turismo tienen un peso destacado en la economía local.
Patrimonio natural y monumental
El mar es uno de los principales atractivos de Oliva. Su carta de presentación son unas playas de agua cristalina, poco profundas y de arena dorada fina en las que sobresale un sistema de dunas único en la Comunitat Valenciana. Pobladas por fauna y flora autóctona, las dunas son la principal defensa de las playas, un sistema vivo en constante movimiento que además representa un gran valor ecológico y paisajístico.
Oliva cuenta con una playa para cada tipo de persona: la de Pau Pi es la zona de veraneo clásico, con servicios, un área lúdica de juegos para niños e infraestructuras para personas con movilidad reducida; los chiringuitos salpican el cordón dunar de la playa de Aigua Blanca; en Aigua Morta las dunas bordean una playa que se abre para dar paso al río Bullent, de modo que se pueden alternar los baños de agua salada en el mar con los de agua dulce en el río. Aquí se encuentra la zona residencial Oliva Nova, con una oferta deportiva que abarca un campo de golf de 18 hoyos, cuatro campos fútbol de césped natural y el circuito ecuestre del Mediterráneo. Las playas de Rabdells y de Terranova son las más vírgenes, mientras que en Les Deveses, la que se encuentra más al sur de Oliva, el viento de garbí favorece los deportes de vela.
Tierra adentro, el casco antiguo de la ciudad es un laberinto blanco que trepa por la ladera, entre calles estrechas y empedradas, fachadas encaladas con macetas de colores y puertas de madera gastada. Perderse por los barrios del Raval Morisco y de Sant Roc es viajar a la época árabe y medieval, con la pintoresca calle de la Hoz o el Tosalet del Doix, un mirador con unas vistas panorámicas. La Villa Condal está repleta de casonas nobiliarias de arquitectura rústica, junto a los restos del imponente palacio de los señores Centelles y Riu Sech. Y en lo alto de la montaña sobresale el castillo de Santa Anna, que recuerda el pasado islámico de la ciudad. Las vistas permiten contemplar todo el municipio de Oliva desde las alturas, descubrir su trazado urbanístico y gozar con las cúpulas azules de las iglesias de Santa María -que contiene un museo de ornamentos, imágenes y orfebrería- y de San Roque, que alberga frescos y una capilla barroca.
Turismo activo
A los amantes de la naturaleza Oliva les ofrece el Parque natural de la Marjal de Pego-Oliva. Se trata de un santuario de biodiversidad en el que habitan nenúfares, lirios amarillos, peces como el samarugo, anfibios y multitud de especies de aves como garzas, cigüeñuelas o fochas. Una red de senderos permite recorrer el parque y contemplar los manantiales de agua cristalina que brotan directamente del subsuelo, avistar aves, practicar senderismo o circular en bicicleta o a caballo, entre cañizares.
Y si de lo que se trata es de hacer ejercicio, la ciudad es un paraíso para el deporte y la aventura, un gimnasio al aire libre durante los 365 días del año gracias a un microclima privilegiado. En el mar se puede practicar kitesurf, windsurf, vela o esquí náutico, mientras que en tierra firme se puede jugar a golf, a fútbol, llevar a cabo un circuito ecuestre o practicar cicloturismo por las faldas de las montañas cercanas.
Una despensa con identidad
La gastronomía olivense pone la guinda a los atractivos turísticos y naturales de la ciudad. Además de los arroces tradicionales, como el arroz a banda, el arroz negro o la paella, la fideuá de fideo fino y sabor a mar es el clásico marinero por excelencia. Sin olvidar las especialidades típicas, como las 'coques a la calfó', unas tortitas de maíz a las que se les añaden ingredientes diversos; los 'figatells', un embutido artesanal aromatizado con especias; la 'gamba amb bleda', un plato elaborado con unas gambitas diminutas; las 'pebreres farcides', pimientos rellenos con arroz y carne o pescado, y de postre, un 'pastisset de boniato' para acompañar el café.
0