Una dermatóloga explica por qué los tatuajes no son inocuos para la piel: “Los pigmentos rojos, azules o verdes tienen una mayor tendencia a causar alergias”
Para muchas personas, un tatuaje es como una pequeña obra de arte que llevan en el cuerpo. La tinta refleja la creatividad del tatuador y la personalidad de quien lo lleva. Los tatuajes se han convertido en una forma cada vez más popular de expresión corporal, desde pequeñas imágenes de una sola línea fina hasta dibujos grandes y detallados.
Parece que los tatuajes están cada vez más presentes. Según datos de la Academia Española de Dermatología y Venerología (AEDV) de 2021, al menos el 30% de la población de entre 20 y 40 años en España se ha realizado un tatuaje, una práctica que entonces ya iba en aumento, por lo que las cifras a día de hoy podrían ser superiores.
Pero, a la hora de pensar en hacernos uno, debemos tener en cuenta que no son inocuos para la piel, por lo que es importante actuar con precaución ante posibles problemas dermatológicos. Si bien puede ser una experiencia emocionante, conviene planificar con antelación. Concetta D’Alessandro, médico del equipo de Dermatología del Instituto de Dermatología Integral, nos ayuda a entender un poco más qué le ocurre a nuestra piel cuando nos tatuamos y cómo podemos cuidarla.
Tatuajes: pequeñas heridas en la piel
Los tatuajes son imágenes permanentes en la piel. Cualquiera que se haya tatuado sabe que el proceso puede ser un poco desagradable. Lo primero que debe tener en cuenta una persona que esté pensando en tatuarse es ser consciente de que el proceso de creación se basa en una serie de pequeñas heridas rellenas de tinta. Y esto, aunque nos encante el resultado, puede ser un proceso traumático para la piel.
Para entender un poco mejor cómo funcionan los tatuajes nos será de gran ayuda recordar un poco las primeras clases de biología: sabremos así que la piel tiene varias capas. La superior es la epidermis; debajo está la dermis, que alberga pequeños vasos sanguíneos, folículos pilosos, vasos y glándulas sudoríparas. Es precisamente la profundidad de la dermis la razón de la durabilidad de un tatuaje y el motivo por el cual no se borra.
“Tatuarse equivale a provocarse una herida controlada en la piel, ya que se introduce tinta mediante agujas que perforan la dermis”, explica D’Alessandro, que admite que, “aunque no es una herida muy profunda porque no llega a tejidos subcutáneos, sí es lo suficiente como para que la tinta quede alojada de forma permanente”.
Las agujas cargadas de tinta empujan el color hacia la piel, lo que permite al tatuador crear diseños, imágenes y pequeñas obras maestras permanentes. Según D’Alessandro, “la profundidad varía en función de la técnica: la micropigmentación se realiza en la dermis superficial (es menos agresiva), mientras que el tatuaje permanente alcanza la dermis media (más profundo y duradero), y se activan los mecanismos de inflamación y reparación cutánea”.
Por tanto, el artista no está “dibujando” en la superficie, aunque lo parezca, sino que deposita pigmento en la dermis, la capa que no se desprende, compuesta por fibras de colágeno, nervios, glándulas y vasos sanguíneos que puede sufrir traumatismos al inyectarse la tinta.
En el momento en el que la aguja empieza a hacer efecto, el cuerpo la trata como una lesión controlada: aumenta el flujo sanguíneo, llegan los glóbulos blancos, comienza la inflamación y la zona se calienta y puede hincharse un poco. “La piel cicatriza formando una costra que no debe manipularse, sino que debe caerse de manera natural”, afirma D’Alessandro. Esta reacción es normal porque nuestro cuerpo inicia el proceso de curación y, en la mayoría de los casos, “es relativamente rápido, con una duración de entre siete y diez días”, explica la dermatóloga.
Sí es importante tener en cuenta que, durante este tiempo, la zona está “más vulnerable a infecciones, por lo que se deben seguir cuidados específicos –higiene, cremas regeneradoras y evitar la exposición solar o el contacto con agua contaminada –. La reparación completa de la piel –en la dermis media – puede llegar a durar hasta dos meses”, advierte D’Alessandro.
La tinta, de calidad y con garantías sanitarias
La tinta atraviesa la epidermis y se asienta en la dermis, es una mezcla de pigmentos, generalmente derivados de metales pesados y, en ocasiones, “puede provocar reacciones en la piel”, advierte D’Alessandro, ya que algunas tintas “contienen tóxicos o con alta capacidad alergénica”.
¿Es distinta la tinta negra que la de colores? Según explica la dermatóloga, “los pigmentos rojos, azules o verdes tienen una mayor tendencia a causar alergias que los de otros tatuajes, así como enrojecimiento, hinchazón o picor crónico en la zona, pero también pueden provocar reacciones granulomatosas, con síntomas como nódulos pequeños, duros, dolorosos o erimatosos en la zona pigmentada, que están provocados por una respuesta exagerada del sistema inmunitario al reconocer la tinta como un cuerpo extraño”.
Para evitar problemas de este tipo, la especialista aconseja “siempre realizar una prueba de alergia previa y usar pigmentos hipoalergénicos, y siempre acudir a profesionales que usen tintas de calidad y con garantías sanitarias”.
Cómo debemos cuidar una piel tatuada
Ya hemos visto que una piel tatuada es una piel herida y, como tal, requiere cuidados para sanar de forma correcta. Sobre todo durante los primeros meses, porque es probable que la piel pique, se inflame y se enrojezca. Como explica D’Alessandro, “es recomendable aplicar cremas hidratantes y nutritivas durante todo el año para mantener la piel elástica y sana”.
Otra medida es proteger, proteger y proteger. Siempre es recomendable proteger la piel de los dañinos rayos UV, pero es absolutamente fundamental hacerlo después de hacerse un tatuaje. En los días posteriores al tatuaje, la piel no debe someterse al sol porque está muy frágil en esta etapa y cualquier daño solar podría causar complicaciones mayores.
Pero cuando el tatuaje está completamente curado, también es importante protegerla, “en verano, es imprescindible usar fotoprotector alto (SPF 30-50, preferiblemente filtros físicos) y reaplicarlo cada dos horas, evitando las horas centrales del día para evitar quemaduras, fotoenvejecimiento prematuro y, por supuesto, cáncer de piel”, advierte D’Alessandro.
Un tatuaje reciente debe siempre “cubrirse y evitar playas o piscinas para evitar infecciones: el sol no solo afecta la salud de la piel sino que acelera la degradación del color del tatuaje, especialmente los rojos. Una vez cicatrizado, se aplican las mismas medidas de fotoprotección que en el resto del cuerpo, pero siempre con mayor atención”, explica D’Alessandro.
¿Pueden los tatuajes ser un problema a largo plazo?
Los tatuajes rara vez causan daños permanentes en la piel: cicatrizan con normalidad y permanecen como una marca sana, siempre que se apliquen los cuidados adecuados para su mantenimiento. Como reconoce D’Alessandro, “si los tatuajes los realizan profesionales acreditados y con tintas de calidad, los problemas se minimizan muchísimo. Pero el riesgo cero no existe, por lo que pueden aparecer reacciones alérgicas a medio-largo plazo”.
Algunas investigaciones sugieren que algunas partículas de los pigmentos migran a través del sistema linfático y “se acumulan en los ganglios linfáticos, donde pueden permanecer durante años y desencadenar respuestas biológicas significativas”, concluye D’Alessandro.
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