Las razones de un dermatólogo para cuidar de nuestra piel en primavera: “La radiación UV relevante ya está ahí”
La primavera es un momento de cambio y de renovación. De la misma manera que aprovechamos para ordenar nuestro hogar y renovar el armario, nuestra rutina de cuidado de la piel también merece la misma atención. Porque los productos que hemos usado durante el invierno quizás ya no nos sirven.
Es importante actualizar el cuidado de la piel porque los cambios de temperatura, humedad y exposición a alérgenos modifican sus necesidades: la primavera recién estrenada trae consigo un clima más cálido, días más largos y, sobre todo, más sol, lo que puede afectar a nuestra piel de diversas maneras.
Por qué la piel necesita unos cuidados especiales en primavera
Nuestra piel necesita una transición suave para adaptarse a los cambios ambientales propios de la primavera. Como advierte la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), esta época del año aumentan los episodios de dermatitis atópica y alergias cutáneas. Porque ahora, y tras el letargo invernal, la piel empieza a exponerse a las condiciones externas de la nueva época del año.
Tras los fríos meses de invierno, en los que el aire seco de la calefacción y las bajas temperaturas resecan la piel, las necesidades cambian con la llegada de la primavera: aumenta la humedad, la piel produce más sebo, ya que las altas temperaturas suelen engrasar la piel, y la mayor exposición al sol requiere una protección especial (el sol de primavera es mucho más intenso de lo que solemos pensar). Ahora es un buen momento para adaptar nuestra rutina de cuidado facial a las nuevas condiciones.
Protección solar, nuestro escudo contra los rayos ultravioleta
Aunque muchas veces no lo tenemos en cuenta, la protección solar es innegociable, sirve para las cuatro estaciones porque es nuestro escudo contra los rayos UV, pero es especialmente relevante al pasar del invierno a la primavera porque esta estación implica una mayor exposición al sol. Como explica Juan García Gavín, dermatólogo, “la radiación UV relevante ya está ahí aunque no haga calor ni el sol ‘pique’. En primavera sube rápido la radiación UVA, que es la que más envejecimiento produce y la que pasa más desapercibida porque no quema”.
Otra particularidad que se da ahora en primavera es que la exposición suele ser “más irregular: primeros paseos largos, más tiempo en las terrazas, realizar ejercicio físico en el exterior… sin adaptación previa, lo que genera más daño acumulado del que la gente percibe”, advierte García Gavín.
La clave para protegernos del sol en primavera y cuidar de la piel a medio plazo está, según el dermatólogo, en “la fotoprotección diaria, priorizando filtros físicos como la ropa, ya que en esta época del año tiene más impacto del que parece”.
Incluso una exposición solar leve puede acelerar el envejecimiento de la piel y provocar manchas de pigmentación. No debemos, por tanto, descuidar el protector solar a diario, incluso en las tardes nubladas de primavera.
Otras medidas para adaptar la piel a la nueva estación
Ya hemos visto que, con la llegada del buen tiempo, las necesidades de la piel cambian. Hemos pasado de la sequedad de invierno, que puede dejar la barrera natural de la piel enrojecida, agrietada o deshidratada, a la primavera, que ofrece la oportunidad de recuperar su vitalidad. “La piel cambia de escenario en primavera: más radiación y exposición, mayor actividad y más sudor. Por tanto, hay que ayudar a adaptarse, no solo protegerla”, matiza García Gavín.
Esto se materializa en tres puntos clave, según el experto. Por un lado, debemos ajustar la limpieza, “retirar bien el sudor, el sebo y usar fotoprotector sin agredir; así como introducir antioxidantes tópicos para manejar el estrés oxidativo que ya empieza a ser relevante; y, por último, revisar la hidratación”, afirma García Gavín.
La primavera exige una hidratación, sí, pero más ligera y transpirable. “La idea de todos estos puntos es mantener la piel funcional: equilibrada, sin inflamación de base, capaz de responder bien al entorno”, explica el especialista.
Cómo adaptar la rutina de cuidado y preparar la piel para el verano
También es fundamental adaptar los productos de cuidado facial. El clima más suave y la mayor humedad ahora son distintos. Y no solo es un buen momento para adaptarla a la primavera, sino también para prepararla para el riguroso verano. De hecho, según García Gavín, “este es el mejor momento para hacerlo”. La primavera es “la fase de ‘entrenamiento’ de la piel, el momento ideal para optimizar la función de barrera, para controlar la inflamación y llegar al verano con una piel más resiliente”, matiza el experto.
Para García Gavín, ahora es un buen momento para aplicar “estrategias progresivas: retinoides bien tolerados, antioxidantes y, en algunos casos, procedimientos médicos si están indicados”. Los retinoides son derivados de la vitamina A, conocidos por su capacidad para atenuar la hiperpigmentación, estimular la producción de colágeno y combatir el acné más persistente y extendido. Al potenciar la síntesis de colágeno y acelerar la renovación celular, exfolian y uniformizan la distribución de la melanina, logrando una piel más suave y un tono más homogéneo.
0