Cuándo usar protector solar al aire libre en primavera, según una dermatóloga: “La idea de que el sol no quema es falsa”
La crema solar del verano pasado seguramente está caducada y hay que remplazarla, y para muchas personas, esa compra tendrá lugar en los días antes de hacer las maletas para las vacaciones de sol y playa en verano. Sin embargo, la piel se expone al sol mucho antes del descanso en verano, en plena primavera. Aunque no asociamos los meses de marzo y abril con el bronceado, es ahora, en esta estación de transición, cuando nuestra piel está más desprotegida y la radiación solar puede hacer que se acumule un daño silencioso e irreversible.
“Vemos quemaduras solares en primavera, y no son raras, especialmente en los primeros días de sol intenso”, relata la doctora Monserrat Fernández Guarino, fundadora de Madriderma y Directora del Grupo de Investigación de Dermatología, Fotobiología y Cáncer de piel de la UAX. “Hay además un aspecto importante que el paciente suele desconocer: la piel aún no está adaptada tras el invierno, sin bronceado previo ni engrosamiento del estrato córneo, lo que la hace más vulnerable al daño ultravioleta”, añade la especialista.
El sol de primavera también quema
Para entender qué está pasando, debemos comprender lo que ocurre en nuestra dermis cuando nos exponemos al sol sin protección. La radiación solar es mucho más que la luz que vemos. Su espectro incluye los rayos ultravioleta (UVA y UVB), de mayor energía que la luz visible, y que cuando inciden sobre la piel pueden producir graves daños. La radiación UV produce radicales libres, unas moléculas inestables que provocan estrés oxidativo. Este daño a su vez dispara las citoquinas, mensajeros químicos de la inflamación, y metaloproteinasas, unas enzimas que degradan el colágeno y la elastina, las sustancias que mantienen nuestra piel firme y elástica.
Esto quiere decir que la radiación solar no solo quema y aumenta el riesgo de cáncer de piel, sino que, literalmente, desmantela la estructura de sostén de la piel, acelerando la aparición de arrugas, flacidez y manchas. De hecho, se estima que entre el 80% y el 90% del envejecimiento prematuro de la piel es atribuible a la exposición solar.
Por eso, proteger la piel no es algo que se pueda reducir a los días de playa. “La idea de que el sol no quema en primavera es sencillamente falsa”, afirma con rotundidad la doctora Fernández. “La radiación ultravioleta, especialmente la UVB, ya es suficientemente intensa en esta época como para producir daño cutáneo. Además, hay dos factores que aumentan el riesgo: por un lado, se incrementan las horas de exposición progresiva, con actividades al aire libre como paseos, deporte o terrazas; por otro, existe una menor percepción de riesgo porque la temperatura es más agradable”, añade.
Las recomendaciones clínicas internacionales insisten en que la protección solar debe acompañarnos todos los días del año, con un factor de protección solar (FPS) de 50 o superior y protección de amplio espectro para combatir el fotoenvejecimiento. Esta constancia tiene su razón de ser, porque los daños son acumulativos. Cada hora que pasamos al sol sin protección se suma a la de los días y años anteriores, y está contribuyendo a la oxidación celular.
Por qué aumenta el riesgo en primavera y cómo protegerse
La falta de calor es el principal enemigo de la prevención. El termómetro nos engaña. Asociamos el riesgo solar a las altas temperaturas y al sudor, por lo que un día primaveral de 20 grados con una brisa agradable no nos invita a pensar en protección. Sin embargo, la radiación ultravioleta es independiente de la temperatura. Mientras nosotros disfrutamos del fresco, nuestra piel está recibiendo una dosis de rayos UVA y UVB comparable a la de un día de agosto.
Asimismo, el aumento de las horas de luz nos invita a pasar más tiempo al aire libre. Las primeras comidas al aire libre o simplemente la vuelta a las rutas de running después del invierno alargan nuestros periodos de exposición. A este aumento de la intensidad se suman las actividades propias de esta época. La práctica de deportes de montaña o las excursiones a zonas donde aún quedan restos de nieve hacen que aumente en un 80% la radiación ultravioleta, sumando la que viene del cielo con la que rebota en el suelo. Un día de senderismo en primavera puede terminar con serias quemaduras.
“La fotoprotección no consiste solo en ponerse crema, sino en combinar varias medidas”, aclara la doctora Fernández. “En primer lugar, es recomendable utilizar a diario un fotoprotector de amplio espectro frente a radiación UVA y UVB, con un factor de protección de al menos 30, preferiblemente 50 en la cara y zonas más expuestas. Debe aplicarse de forma adecuada y reaplicarse si la exposición se prolonga”.
Sin embargo, no basta con el uso de protector solar. “Es fundamental limitar la exposición, evitando especialmente las horas centrales del día, buscando la sombra de forma activa y siendo consciente de que muchas actividades cotidianas suponen una exposición acumulada”, advierte la doctora Fernández.
Además de la protección y la sombra, no conviene descuidar las medidas físicas, que pueden marcar la diferencia entre una ruta agradable por la montaña y una mala noche de quemaduras solares. Cuando la exposición es más prolongada, el uso de gafas de sol, sombrero o ropa adecuada con filtro UV se convierten en una necesidad.
Puede que seamos conscientes de la necesidad de cuidarnos del sol cuando salimos a la naturaleza, pero incluso en la ciudad el riesgo acecha donde menos lo esperamos. “No es lo mismo un paseo puntual que pasar varias horas en una terraza o realizar deporte al aire libre. A mayor exposición, más importante es limitar el tiempo al sol, no solo aumentar el factor de protección”, explica la doctora Fernández.
Las personas con fototipos de piel claros (Fitzpatrick I y II), aquellos que siempre se queman con facilidad y nunca se broncean, son víctimas propiciatorias del ocio en esta época del año, pero las quemaduras y el envejecimiento afectan a todo el mundo. La primavera es un preludio del descanso veraniego, una época para disfrutar y salir al exterior, pero también podemos evitar que ponga en riesgo nuestra piel.
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