Sánchez se encomienda al Papa
Pedro Sánchez será recibido por el Papa en el Vaticano el próximo miércoles 27. Pedro Sánchez mantendrá un encuentro con el Papa en la sede de la Nunciatura Apostólica de Madrid la mañana del 8 de junio. Pedro Sánchez estará presente ese mismo día durante el discurso que el pontífice pronunciará en el Congreso de los Diputados en una histórica sesión parlamentaria. Y Pedro Sánchez encabezará también la representación del Gobierno que acompañará a Robert Francis Prevost durante su visita a la Sagrada Familia en Barcelona un día más tarde.
En una semana en la que Sánchez y el PSOE aún no se han recuperado del golpe emocional que ha supuesto la imputación del expresidente Zapatero por liderar presuntamente una trama nacional e internacional de tráfico de influencias, La Moncloa busca consuelo en la visita que el pontífice realizará a España entre el 6 y 12 de junio.
No es que pretendan ser más papistas que el Papa, es que han decidido encomendarse al pontífice en uno de los trances más complicados de la legislatura para que le abra la puerta al 5. La expresión es habitual entre los estudiosos de la demoscopia y significa la búsqueda del centro, que no es un espacio ideológico, sino una actitud que en ocasiones se confunde con la moderación y en la que suele moverse un 30% del cuerpo electoral. Es el punto medio de una escala con la que hace años que los encuestadores emplazan a los encuestados a definirse ideológicamente entre el 1 y el 10, entre la izquierda y la derecha.
En esa nota de la escala hay una masa de electores despolitizada que no se plantea la vida en términos ideológicos, que no sigue habitualmente la política, que no conoce en profundidad a los líderes de los partidos, que suele ir con la corriente y que se deja influir por los inputs que recibe de sus entornos. Se trata, en definitiva, de personas que transitan con facilidad de un partido a otro y que pueden pensar en determinados momentos como la izquierda y en otros, como la derecha.
Los sociólogos entienden que se puede ocupar una posición central y ser progresista, pero también conservador. Sin embargo, no es ese el espacio por el que hoy transita la derecha de Feijóo, y sí el que pretende conquistar ahora Sánchez. Y es que considera que, después de haber asumido con naturalidad la “prioridad nacional”, que no es otra cosa que discriminación y racismo, el PP ha renunciado a ese carril central por el que circulan buena parte de los católicos no practicantes del país que militan en la defensa de la inmigración y los derechos humanos que reclama el Papa y también el gobierno de España.
Por eso Sánchez, que no es católico pero sí dice escuchar a León XIV con interés, busca con la visita sacar rédito del viraje del PP a las posiciones más ultras y del enfrentamiento que Vox mantiene con la Conferencia Episcopal y el Vaticano. El propósito es conquistar ese 5 que la demoscopia también identifica con los valores de paz, concordia y convivencia que defiende el pontífice y que coinciden con la defensa de Sánchez del “No a las guerras” y su oposición a las políticas de Trump.
Cosas veredes en una España que la Constitución consagró como estado aconfesional y en un socialdemócrata que ha encontrado en el vicario de Cristo a un igual. Un jefe de Estado al que se reconoce por sus críticas a la invasión de Venezuela, la guerra en Irán y la defensa de los inmigrantes y el derecho internacional, y que ha llegado a acusar al inquilino de la Casa Blanca de padecer “delirios de omnipotencia” y hasta de tener “las manos llenas de sangre”. Siempre, eso sí, mencionarlo expresamente, pero con una contundencia que algunos creen que puede zarandear conciencias en el voto católico y de derechas tanto en EEUU como en Europa.
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