La izquierda entra en la fase de “esto es una mierda” con el caso Zapatero
Lo primero que dijo Pedro Sánchez en la sesión de control del miércoles fue reafirmar su respeto por la presunción de inocencia y su apoyo a José Luis Rodríguez Zapatero. Gabriel Rufián prefirió ser más introspectivo: “Yo estoy jodido”. Es probable que el estado de ánimo de los votantes de izquierda, y en especial del PSOE, esté más cerca del sentimiento expresado por el portavoz de Esquerra que por la actitud del presidente del Gobierno. Los que encajaron como pudieron las investigaciones a José Luis Ábalos y Santos Cerdán se preguntarán ahora si les quedan fuerzas para hacer lo mismo con el expresidente y el auto del juez Calama de la Audiencia Nacional.
Rufián llevaba en la mano algunas de las páginas de ese auto. Las blandió no para sacudir a Sánchez, sino para darle un baño de realidad. “Si esto es verdad, es una mierda. Si esto es mentira, es una mierda aún mayor”, dijo. La segunda opción tendría que ver con un abuso de poder por parte del magistrado, un ataque bajo la sombra del llamado 'lawfare'. Si ese fuera el caso, el discurso de Rufián habría sido diferente. Mostró su “enorme afecto” por la figura de Zapatero, pero vino a decir que defenderlo a pecho descubierto es muy difícil después de leer las 85 páginas del auto.
Para enfrentarse a Alberto Núñez Feijóo, Sánchez optó por el manual de costumbre en la política adaptado a la situación actual. Es decir, y tus expresidentes, más. “Zapatero no nos metió en una guerra ilegal”, defendió y luego dio algunos ejemplos más. No se puede decir que sea un argumento de peso. La investigación sobre un presunto caso de tráfico de influencias en el rescate de la aerolínea Plus Ultra no tiene nada que ver con Irak ni con Estados Unidos ni con los derechos humanos.
Tiene todo que ver con las cifras de los ingresos que supuestamente percibieron Zapatero y sus hijas por favorecer a los otros miembros de la trama, según el auto de Calama. A saber, 730.535 euros procedentes de Análisis Relevante. 524.707 euros de Gate Center. 693.615 euros de sociedades del grupo Thinking Heads. En total, 1.948.857 euros. Todo ese dinero, si ha sido conseguido de forma ilegal, pesa más que una guerra de hace veinte años.
Nunca lo tuvo tan fácil Feijóo en una sesión de control. No es que lo aprovechara a tope. En parte, repitió conceptos ya utilizados antes. Con una excepción que es especialmente dañina para el Gobierno: “Solo hay que leer el auto para ver que sin el Consejo de Ministros Zapatero no hubiera podido delinquir”. No llegas muy lejos en la vida si atiendes a la interpretación que haga el líder del PP de un auto judicial.
Lo que dijo es una deducción que no aparece como tal en el auto. Pero no se puede desdeñar como una especulación sin fundamento. Evidentemente, todos los hilos de la trama pueden abarcar mucho más que la decisión judicial con la que se justifica la imputación de Zapatero. Por otro lado, se supone que aquí está lo más relevante que tiene que ver con él a nivel indiciario.
Quienes cambiaron de discurso en su mayor parte con respecto al día anterior fueron los socios del Gobierno. No de forma dramática, pero sí reveladora. Ya no defendían a muerte a Zapatero ni denunciaban 'lawfare'. Lo que ocurrió fue que habían leído el auto del juez. Por eso, algunos prefirieron no hablar en público sobre esa investigación. Otros no ocultaron sus dudas. “Si se han cobrado cantidades por gestiones políticas, eso es un delito”, advirtió Enrique Santiago, de Sumar. “No pinta bien el auto”, afirmó Ione Belarra, de Podemos. “Parece que no está tan claro que haya 'lawfare'”, dijo Àgueda Micó, de Compromís.
El martes, algunos se dejaron llevar por comentarios en redes sociales y el programa 'Mañaneros' de TVE que denunciaban que todos los problemas judiciales de Zapatero provenían de una querella del grupo ultra Manos Limpias Era falso. La denuncia original es de la Fiscalía Anticorrupción, la investigación policial es de la UDEF y la decisión de imputarle es del juez. Con los datos recabados en la instrucción, al expresidente solo le podían llamar a declarar como imputado.
El auto de Calama solo sirve para justificar la imputación de Zapatero, lo que no es poco. Incluye toda una serie de indicios sospechosos, no un relato de hechos totalmente confirmados. Supone el inicio de una investigación que sigue estando declarada secreta, una condición que no se puede prolongar ya durante mucho tiempo.
Sobre la participación expresa de Zapatero en posibles delitos, Joaquín Urías, profesor de Derecho Constitucional, tiene dudas: “Concertar una reunión o recordarle a alguien que debe tomar una decisión sobre algo no es tráfico de influencias, ni siquiera aunque se cobre por ello. Así pues, el juez debe demostrar, para sostener la eventual acusación, que efectivamente presionó a alguna institución para que se concedieran las ayudas a la aerolínea”.
No es un procesamiento ni una sentencia, aunque así apareció el miércoles en los titulares de portada de ABC y El Mundo. “Zapatero lideró una trama criminal”, tituló ABC. “Cazado el comisionista internacional Zapatero”, fue la opción de El Mundo. Miguel Tellado enseñó esas portadas y otras en el hemiciclo. Para algunos, el caso ya está cerrado y toca llamar a los carpinteros para que levanten el patíbulo.
El PP llevaba muchos meses señalando a Zapatero como responsable de una red corrupta con más insinuaciones que pruebas. En el Senado, lo hicieron en marzo con tanta alegría que el presidente de la comisión de investigación le recordó que se tomaban esas libertades, porque “las acusaciones no son lo mismo que en un tribunal”. Sin duda, el auto del juez colma sus expectativas.
En la izquierda, se respira un clima distinto. Partiendo de las etapas del duelo de Kübler-Ross (negación, ira, negociación, depresión y aceptación), se podría decir que sus votantes han llegado a la fase de depresión y temen que en cualquier momento deban asumir la de aceptación. O podrían estar en un punto intermedio entre las dos últimas en la etapa que podríamos llamar la fase de “esto es una mierda”, según la ha etiquetado Rufián.
A los socialistas les toca contener la respiración hasta el 2 de junio cuando Zapatero preste declaración por primera vez ante el juez. Estos diez días se les van a hacer muy largos. Otra noticia como esta y tendrán que olvidarse del duelo y pedir cita para que les atiendan por el síndrome de estrés postraumático.
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