Caso Zapatero y por qué cuesta creer en la justicia española
El avispero patrio, tan poblado de corrupciones varias en sus entrañas, se ha revuelto por completo con la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por varios graves delitos que se derivarían del primero de los que se le atribuyen: tráfico de influencias. El juez instructor lo sitúa nada menos que como líder de una estructura “jerarquizada” de esa práctica delictiva. Nunca ha ocultado Zapatero su trabajo de consultoría, por el que cobra -dijo- a precio de mercado, como tantos otros por cierto, pero ha rechazado, con vehemencia, toda práctica ilegal. De nuevo este martes tras el revuelo de su imputación.
Se mezclan tantos ingredientes -teñidos algunos de sospecha de trama contra el expresidente- que lo sensato sería esperar pruebas pero no es algo que se pueda permitir este país con la permanente y tan explícita intentona golpista contra el gobierno del PSOE. Desde oposiciones varias, bastante pringadas. Y con la evidencia clara de movimientos cuanto menos extraños en todo el proceso de esa lucha permanente por hacerse con el poder. Ahora bien, lo terrible para un Estado de Derecho es ver lo poco que la ciudadanía progresista confía en la justicia española. Estamos muy quemados y con razón.
Una denuncia previa contra Zapatero partió de la organización ultra Manos Limpias,. Se basaba en declaraciones del ya famoso Víctor Aldama en el programa de periodismo ficción del ultra Iker Jiménez, en Cuatro, cadena de Mediaset con Telecinco. Sin embargo, la causa se inicia a instancias de la fiscalía anticorrupción que dirige Francisco Luzón por una búsqueda internacional de fondos ilícitos de Venezuela. El juez José Luis Calama la toma este mes de febrero pasado. Feijóo aludió a lo que iba a ocurrir cuando estaba bajo secreto del sumario. Cuca Gamarra y Ayuso también evidenciaron saber lo que venía. La novia de Rodriguez Amador, ya desde enero, fue diciendo que a Zapatero no le auguraba un gran futuro, y que venian curvas. Ha habido filtraciones y con ellas siempre se busca un impacto político. Todo son datos para intentar cuadrar qué está ocurriendo.
El caso de Manos Limpias, aunque no sea el origen de la causa judicial, es interesante para saber más sobre el funcionamiento de la justicia y, sobre todo, explicar su descrédito en sectores de la sociedad. Manos Limpias se dedicaba a extorsionar y estafar empresas y fue condenada, junto a Ausbanc, en sentencia de la Audiencia Nacional, sus líderes sentenciados a hasta 8 años de prisión que nunca cumplirían. El Tribunal Supremo decidió revocar esa sentencia y absolverlos porque, aunque consideró probados los hechos, estimó que no suponían delito porque no había intimidación o violencia y eran entidades con los recursos suficientes para defenderse de esas prácticas. Fue el 15 de marzo de 2024 y justo un mes después el juez Peinado inició el proceso contra Begoña Gómez a instancias de Manos Limpias. Se ha hablado varias veces de limitar las acusaciones particulares de clara intencionalidad política pero no se ha hecho. Incluso hay quien lo ve como un límite a la libertad de expresión. ¿En esas condiciones puede seguir presentando demandas? Lo que habría de limitarse al máximo es cuanto tiene apariencia de lawfare o de su búsqueda para que no contamine más a toda la justicia.
La Asociación de jueces Francisco de Vitoria, la segunda en número de afiliados, ya ha protestado este martes por los ataques que a su juicio se están dando a la magistratura por la imputación de Zapatero. Y es que hay mucha gente, que, a la vista de lo que ocurre, se queja de los desequilibrios que observa. Lo del fiscal general García Ortiz fue demasiado revelador para pensar que se trata de un caso aislado. Fue un escándalo. Y de todos aquellos polvos, estos lodos.
De confirmarse la culpabilidad de Zapatero sería muy grave, pero habría de producirse con todo tipo de garantías policiales y procesales, de esas que suelen gozar los líderes de la derecha imputados o solo testigos de las causas en las que son protagonistas. De momento las personas fiables que han leído el auto completo hablan de un texto muy contundente, destacan el uso de términos categóricos pendientes de probarse, o muchas conclusiones basadas en lo que otros hablan de Zapatero. Un asunto muy serio en apariencia, sin embargo, no tan grave, quizás, como las actividades del expresidente Aznar que no han merecido ni el más leve reproche judicial. Las Azores, el 11M, las víctimas, nada. Ni las del Yak42 siquiera. Y es que las negligencias -de ser negligencias- con resultados trágicos también deberían tenerse en cuenta. No se ha investigado el origen de la cuantísima fortuna de los Aznar Botella. Y tampoco se han pedido responsabilidades por su soflama golpista: “el que pueda hacer que haga”. Eso que ha venido demostrando la enorme “responsabilidad laboral” de los que vienen haciendo tanto, tanto, porque pueden y les dejan.
Rajoy es un expresidente realmente mimado por la justicia porque sobre él hay pruebas hasta de conversaciones grabadas que le aluden, y en el juicio de la Kitchen, terrible como corrupción de Estado, solo participa como testigo. Su ministro de Hacienda que lograba de su gobierno leyes a la carta para sus clientes, también representa presuntamente una corrupción de muy altos vuelos.
Si dudamos especialmente de que sean ciertas las acusaciones contra Zapatero es porque molesta mucho a la derecha de este país, y es una evidencia absoluta. No solo les ganó las elecciones del 2004, acabó con ETA y dictó leyes progresistas, muy progresistas de hecho, sino que ha seguido defendiendo los valores de la socialdemocracia sin pasarse al bando acomodaticio. De alguna manera, el PP se ha visto afectado por ese presidente. Y encima Zapatero apoya a Sánchez a quien tampoco pueden ver. Nos cuesta creer que no haya malas artes bajo su imputación, pero, hay que insistir que son las pruebas ciertas y los procesos limpios los que lo determinan. ¿Confiamos en ello? No siempre lo parecen. Cerca de un año lleva ya la UCO sin presentar el informe del novio de Ayuso y ya vemos lo suelta de lengua que anda ella. Entre otros muchos casos.
Se desborda la algarabía en la derecha por la imputación de Zapatero. Se piden dimisiones, comparecencias, moción de censura, elecciones, cuando ni siquiera ha declarado el imputado que lo hará en un par de semanas. Otro dato para pensar que nada de esto es una casualidad.
Voces muy solventes y creíbles afirman que el auto del juez está fundamentado y es contundente. Ojalá Zapatero pueda explicar las cuestiones que se le plantean. Y que otros que andan de rositas se enfrenten a sus responsabilidades. Mientras todo eso no suceda nos cuesta creer sin ver. Es la definición de la fe y poco tiene que ver con la justicia.
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