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Nuevos pasos en el deterioro de la democracia

La fiscal general del Estado, Teresa Peramato. EFE/Sergio Pérez
5 de mayo de 2026 21:33 h

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Primero, confluyen dos juicios por corrupción: uno gestado durante años y otro, tras un ágil proceso. Suele suceder cuando uno -el largo- afecta al PP y otro -el corto- al PSOE. Podría ser porque el de la Kitchen (del PP) es de gran enjundia: refiere una mafia organizada que afecta a asuntos sustanciales del Estado, y el otro -el de un hombre clave en el PSOE y sus presuntos colaboradores- es, aparentemente, un tosco pillaje inferior incluso a muchos otros detectados en el ámbito del PP. De hecho las mascarillas por las que están siendo juzgados Ábalos, Koldo y Aldama costaron 2,5 euros cada una y las mascarillas que le dieron al hermano de Ayuso una comisión de 234.000 euros salieron a 6 euros por unidad, citaba Ignacio Escolar, director de elDiario.es. El hermano de Ayuso ni fue a juicio, y ella se cargó a Pablo Casado de presidente del PP por denunciar el caso públicamente. Con la connivencia de todo el partido y de Feijóo en particular que se haría con ese cargo.

Pero igual esa confluencia no ha sido tan casual: ha servido al PP y a los medios a su servicio para ponerse ciegos de hablar de Ábalos y el PSOE. Muy útil en campañas electorales. Las terribles confesiones del inspector Morocho sobre las trabas que encontró para investigar la Kitchen apenas han sido citadas por esos mismos medios, y el PP se las ha echado a la espalda como si no existieran.

El deterioro de la democracia española avanza a una velocidad de vértigo. Hay quienes ya no aguantan más sin tener a los suyos sentados a gobernar en La Moncloa. Pero todo esto se vino viendo llegar y no se ha hecho nada por remediarlo. Quizás ahora y hasta casi parece -esto sí- casualidad.

La elección de Teresa Peramato como fiscal general del Estado ha caído en esa derecha judicial, política y mediática como una coz en el hígado. Tan felices que estaban tras haberse deshecho de Álvaro García Ortiz y llega una sustituta peor aún en sus expectativas. Por si faltara poco el defenestrado no se calla. Y a un periodista como Jordi Évole se le ocurre afrontar un programa donde informar ampliamente de lo ocurrido. De lo que todos los que quisimos ver, vimos: un proceso y un juicio escandaloso. Quien no lo recuerde, no tiene más que ver ese programa. Es el mismo que vieron las fuerzas opositoras con mando en plaza para deducir todo lo contrario. O así decirlo. Que está bien condenado alguien sin pruebas, incluso con testimonios en contrario.

Miguel Ángel Rodríguez en el juicio contra el fiscal general

Entre los momentos cumbres de ese juicio -que fueron varios- vimos mentir y confirmar ante el Tribunal Supremo que mentía a Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de Ayuso, autor también de los emails culpando a la fiscalía de forzar el rechazo a un inexistente pacto y que terminaría acusando al fiscal general de publicar datos -conocidos por numerosas personas-. Datos de ese prohombre español que convive maritalmente con la presidenta de Madrid, libre como el viento y con pasaporte pese a los cargos que obran contra él. Más vale que vean el magnífico y muy detallado resumen de Évole y comprueben o recuerden la cantidad de sapos a tragar en cuanto pasó.

Llega Teresa Peramato a la jefatura de la fiscalía general y no le renueva el puesto a la fiscal superior de Madrid, Almudena Lastra. Ha cumplido su tiempo reglamentario de 5 años. Y entonces sí que la arman a lo grande. Hasta han pedido que Lastra denuncie a Peramato por prevaricación. Recordemos de nuevo que, según la Constitución, la justicia emana del pueblo y es administrada por los jueces. Pero, en la práctica, se diría que emana de una especie de Olimpo donde lo de menos es “el pueblo”.  Emana también, según parece, de personas empleadas para escribir, como si fuera periodismo, en medios conservadores que saben mucho de justicia y de lo que haga falta. De todo, lo mismo te sacan una exclusiva manipulada de hace diez años que una cosa que dijo alguien a alguien alguna vez como verdad de fe. Incluso las hay. y en triste memoria de este diario, doctoradas en derecho por osmósis.

Discurre mansamente la Kitchen por los medios, no así las mascarillas de Ábalos, Koldo y Aldama. Este último ha acusado por fin a Pedro Sánchez de ser el nº1 de esa trama corrupta. Sin pruebas, para no variar. Saltan jubilosos los opositores con mando en plaza como niños en una guardería ante un premio. ¡Pues ya está! Pero no, Peramato le dice al fiscal anticorrupción Luzón -es fiscal anticorrupción ¿saben?- que no rebaje más la pena a Aldama y mantenga los 7 años de condena. ¿Cómo habrá osado la jefa de la fiscalía, alta autoridad del Estado, cumplir con su obligación hacia los ciudadanos? Los fiscales están supeditados a sus órdenes e instrucciones, según estipula su cometido, pero de nuevo los “buenos” se alzan en pie de guerra.

El PP es acusación particular en este juicio y actúa de inmediato. Sin el menor disimulo, rebaja la petición de pena para que Aldama no entre en la cárcel. ¿Con quién estaba colaborando este delincuente nos preguntamos todos, con la Justicia o con el PP? Todos no nos lo preguntamos en verdad, pero no hace falta. Es normal que el Partido de la Gürtel y la Kitchen se desviva por cuanto ayude a la justicia a cumplir su misión, ¿verdad? Víctor de Aldama se llevó cinco millones y medio de euros en el caso de las mascarillas. El PP quiere que no pise la cárcel. La razón no es un misterio: ha acusado a Pedro Sánchez. Sin aportar pruebas. Escribe y detalla Ignacio Escolar, de nuevo.

En el mismo juicio le piden 24 años a Ábalos y 19 a Koldo. La rebaja a solo 7 años para Aldama la decidió Luzón aunque la UCO le considera el jefe de la trama, el “real”. Antes Luzón le había liberado de la prisión preventiva por otro caso, tras acusar a medio gobierno de corrupción en este. Es todo tan chirriante. Las fuerzas opositoras con mando en plaza vuelven a protestar, también amparan a este santo varón locuaz para lo que quiere con las manos vacías de contenido. Dice Escolar que queda la decisión de la famosa Sala Segunda del Tribunal Supremo, la de siempre, la que según Ignacio Cosidó del PP -exDirector General de la Policía-,  iba a controlar su partido por detrás. Si ellos deciden que Aldama salga libre, saldrá.

La batalla contra Peramato, apenas llegada al cargo, se libra con virulencia en la justicia conservadora y también en la prensa del clan: La fiscalía del terror, le llaman desde la prensa del terror. Esa que ha hecho un daño tan inmenso al periodismo que ya múltiples adeptos prefieren creer las versiones fraudulentas a saber de la realidad. La que anda revuelta, a palo limpio también, a costa de su historia, por cierto. En el trumpismo estadounidense también anda fina la cosa. Sabemos primero que a la periodista Hannah Natanson, del Washington Post, le ha invadido la casa el FBI para registrarla y confiscar sus equipos electrónicos, ordenadores y móviles por haber publicado un potente reportaje sobre el desmantelamiento del Estado con Trump y Elon Musk. Este martes le han dado el Premio Pulitzer por ese reportaje. No todo el mundo se calla.

Aquí, de nuevo son los dos pilares fundamentales para la sociedad, la justicia y la información, los que muestran señales de tal deterioro que arrastran con ellos a la democracia. A la vista de lo poco que se hace efectivo para pararlo, que siempre estamos en campaña electoral o/y esquivando flechas envenenadas, sugiero que al menos se contemple la necesidad de muchas más Peramato y Morocho en puestos clave. Y más periodistas con las manos libres, la conciencia tranquila y a salvo del miedo trabajando. Esos de los que habla el admirado Manuel Vicent cuando dice: “El éxito de un periodista no está en ser leído, sino en ser creído. La credibilidad es su único patrimonio, y su prestigio viene de ponerse al servicio del derecho del ciudadano a estar bien informado”. De todas las penas que nos acechan, tener la conciencia tranquila es todo un soporte vital.

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