De timadores y timados en el camino a la barbarie
Las sociedades no se rompen de golpe. Se deslizan poco a poco, palabra a palabra, insulto a insulto. Primero se tolera, luego se aplaude, después se vota. Y, cuando nos queremos dar cuenta, ya es demasiado tarde.
En el timo de la estampita solo caen los lerdos sin escrúpulos, les contaba yo misma aquí hace diez años. Esos diez años -oh, casualidad- que han tardado en desempolvar en la caja de los bulos, el reservado a Pedro Sánchez en el famoso Comité del PSOE de 2016. Me llamó la atención entonces, ver las portadas de la prensa llegando ya a niveles de patetismo en su insistente defensa de un gobierno del PP. Coincidían sus titulares hasta en las palabras (esos días tocó “portazo”) para atacar y conminar al líder del PSOE, Pedro Sánchez, a facilitar el gobierno a Mariano Rajoy. Es Sánchez quien copaba titulares y primeras páginas cuando en cualquier parte del mundo la noticia hubiera sido que el presidente en funciones había perdido la investidura por mayoría absoluta.
O sea que no era solo la maniobra clara de Felipe González y Susana Díaz y esos acólitos que ahora resurgen también para volver a salir en la foto y ayudar al objetivo. Los medios habituales ya estaban en el ajo. La culpa ya era de Pedro Sánchez, no de ningún pucherazo, pues no se dirimían aún primarias, sino de no dar el gobierno a Rajoy.
Rajoy es ese señor que se ha sentado con Cospedal, la maniobrera, y Sáenz de Santamaría, conocida como “la mano que mecía la cuna”, para asistir a un juicio de trámite que da vergüenza ajena. Y ya, hace diez años, comentaba un hecho curioso: a quienes se ocupan exclusivamente de los intereses del Poder les podía haber tocado apuntalar a una persona medianamente presentable, pero fue a Mariano Rajoy. Y él actuaba y actúa como si quisiera quitar las caretas de esa prensa y esa tibia justicia que le sustentan y se quedan con su mariano al aire.
Buena parte de todo esto ha cambiado para peor. Por alguna razón -lo digo como eufemismo- cuando gobierna otro partido diferente a la derecha, no están cómodos. Se ha extendido también ese sector de la población que no utiliza la razón para el conocimiento; que, en lugar de analizar, siente. Para quienes todo es un partido de fútbol destinado a derrotar al adversario. O una tertulia -que también han crecido mucho- donde elegir lo que deciden creer.
He encontrado este artículo, con sus contenidos que son todo un contexto, buscando “el timo de la estampita”, dado que vivimos en una evolución perniciosa del mismo modelo de estafa. En la España franquista hacía furor aquello. Los timadores eran dos: el supuesto tonto que quería vender las estampitas del sobre que se había encontrado -y que en realidad eran recortes de periódico bajo el primer billete- y el estafador de apoyo que aconsejaba a la víctima “aprovecharse” de esa persona para robarle el dinero. A cambio de una cantidad a convenir, para contentar al supuesto discapacitado, se iba a forrar. Terminaban desplumados.
Había entonces la percepción de un daño merecido, porque en la operación todos los implicados carecían de escrúpulos. Y es lo que está ocurriendo ahora. Quienes deciden “ver” un pucherazo -o cualquier otro señuelo- donde no lo hay, no son inocentes en absoluto. Como los compradores de estampitas, quieren sacar partido de alguien que ven más vulnerable -o de la diana señalada en el bulo político- sin percatarse de que también son usados, y tampoco ven para qué. Para tumbar a Sánchez en este caso ¿y qué más sigue? ¿El alzamiento de los corruptos y corruptores? ¿Qué cabe esperar de su gobierno?
Las manadas de lerdos que se han apuntado a creer patrañas, previamente adoctrinados para odiar, son un activo esencial para gente sin conciencia dedicada a la política. Así, con ese apoyo, ha llegado por dos veces Donald Trump al poder, y ahí sigue diciendo que en 78 años no ha cometido el menor crimen. Lo afirmó -frente a las evidencias- en una entrevista sobre el curioso presunto atentado que ha sufrido. En el mítico programa '60 minutes' de la CBS. Aprovechó, por cierto, la ocasión para volver a insultar a la prensa. A la que funciona. Llamó incluso sinvergüenza a la periodista por hacerle preguntas fundadas.
No sé lo que habremos cambiado desde aquel estudio de la OCDE de 2016, equivalente a un informe PISA para adultos. Aquel señalaba que los españoles (de 16 a 65 años) tenían el peor nivel educativo de los 23 países evaluados. Los últimos en matemáticas y los penúltimos en comprensión lectora, solo superados por Italia. Pero sí, hay alguno más cercano en el tiempo: diciembre de 2024 y dice que “las competencias de los adultos en comprensión lectora y capacidad de cálculo disminuyen o se estancan en la mayoría de los países de la OCDE”. España está en el grupo situado por debajo de la media, de los que menos entienden. Seguramente lo refuerza el desproporcionado auge de los contenidos en redes y el acribillado permanente de promotores de idiocia y manipulación.
Sí, la inversión en ignorancia es una de las más rentables para los corruptos. Se le ha sumado la que genera odio. ¿Se han preguntado seriamente quienes vomitan a diario los peores insultos contra el presidente del gobierno, desde el PP o su prensa adicta -ya tan numerosa- a los espontáneos, ¿qué fondo de realidad tiene? No es cierto que Pedro Sánchez esté hundiendo España como repiten cuando precisamente España brinda las cifras económicas más brillantes en mucho tiempo. Nunca llegan a los usuarios, sin duda, pero tampoco lo hicieron antes con el PP, ni ahora en sus comunidades autónomas. Es mucho más complejo el mecanismo, hay más implicados en las causas y soluciones que son parte importante del problema, y no ayuda este clima de tensión permanente, diario y a todas horas.
Mientras escribo esto, por cierto, leo a un columnista de ABC, Soto Ivars, dedicando al gobierno esta serie de fallos: corrupción, nepotismo, tráfico de influencias, inoperancia, ausencia de presupuestos, invasión del poder judicial, colonización de instituciones, putes, etc... Hasta etcétera. Y se quedan tan anchos. Todos ellos. Muchos.
Es llamativo que no dirigen sus dardos, sus cuchillos, sus vómitos, contra un José María Aznar que nos metió en la Guerra de Irak y mintió como un bellaco sobre los atentados del 11M para que su partido no perdiera el poder, entre tantas otras cosas. Incluso por su actual y exitoso grito golpista “el que pueda hacer que haga”. O contra ese Rajoy que recortó los servicios públicos del Estado del Bienestar, mientras su ministro Montoro hacía lo suyo con una especie de Hacienda privada, o se creaba bajo su gobierno una policía “patriótica” para destruir pruebas de su corrupción y crearlas a sus rivales políticos. O Ayuso que, con todo lo que tiene encima, sigue recibiendo un trato de honor de la justicia, la prensa, o las víctimas del timo de la estampita madrileño. No se entiende en lógica. Invasión el gobierno del poder judicial y las instituciones, dice Soto Ivars. Tremendo.
La ignorancia, la irracionalidad y el odio forman un cóctel maldito. Y desemboca ya en violencia. Cuesta creer que se pueda trabajar con estos ataques sin pausa. Con tanta mentira que se tragan cientos, miles de personas. Desde ese 2016 al que volvemos, dirigidos con clara intención manipuladora, han aumentado los fascismos y no es en absoluto por casualidad. Ni inocuo en modo alguno. Trabajan en otra dimensión, incluso invisibilizando los perfiles progresistas en redes sus capos de las tecnológicas de silicon valley. Nos están quitando hasta Internet, lo han invadido “mierdificándolo”.
El mensaje cala siempre en las mismas cabezas. Muy preocupante la Prioridad nacional, sobradamente explicada. Desde hoy abraza este concepto racista y fascista el gobierno de un Aragón que fue cuna de libertades, pero tanto tiempo atrás que es otro síntoma. O el cuestionamiento que están haciendo, ya en serie, de la limpieza del voto el PP y su corte mediática. No pueden seguir impunes los bulos, los insultos y hasta las agresiones. Y quien lo “compra” es tan culpable como el que lo vende. Y así el timado tima también.
“No hace falta construir cámaras de gas ni disparar cañones para entrar en el territorio peligroso de la barbarie. Basta con aceptar que hay personas a las que se puede insultar como animales, tratar como simples números, o borrar del mapa cuando convenga”, escribe el economista Juan Torres López, uno de los compañeros de fatigas en aquellos años que pensábamos era posible cambiar algo el mundo (la economía, el periodismo, la política), esta España nuestra. “Primero se tolera, luego se aplaude, después se vota. Y, cuando nos queremos dar cuenta, ya es demasiado tarde para decir que no sabíamos hacia dónde nos llevaba todo lo que estábamos oyendo”.
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