Inundar el terreno de mierda
Hace casi tres lustros que la profecía del calendario maya pronosticaba el último amanecer para un 21 de diciembre de 2012. Acababa el quinto ciclo solar y la Tierra, Júpiter, Marte y Saturno iban a formar una conjunción, con el Sol en el centro. Intensos flujos de energía atravesarían la atmósfera terrestre de tal modo que, tras una inversión de los polos magnéticos y una alteración de la órbita, se desplazarían gigantescos volúmenes de agua, causando la muerte de millones de personas. No llegó el fin del mundo. Ni aquel día ni otros tantos augurados, siglo a siglo, por profetas, astrónomos y visionarios.
Empieza a pasar lo mismo con el Gobierno de España. Desde 2023, no ha pasado un mes en el que algún clarividente no anunciase el final de la democracia o escribiese el epitafio de Pedro Sánchez. Tantos augurios, tantos titulares, tantos profetas del Apocalipsis y tanta excitación ante un final que no termina de llegar que uno acaba, aunque no sea aficionado, enganchado al España-Cabo Verde con tal de desconectar un par de horas.
No hay ser humano capaz de digerir tanto escándalo si es que todos lo fueran y no hubiera detrás una concertación de esfuerzos para que lo parezcan. Que si Leire, que si Cerdán, que si Zapatero, que si Ábalos, que si el hermano, que si Begoña Gómez…. Como si todo fuera lo mismo y todo fuera a acabar con el Gobierno.
La vieja táctica de la ultraderecha de saturar a los ciudadanos con múltiples escándalos está más que trillada. No han inventado nada. Inundar el terreno de mierda hasta convertir en irrespirable la atmósfera política y que el ciudadano desconecte es una estrategia mil veces explorada. Se llama “inundar la zona de mierda” y es una vieja treta de comunicación cuyo objetivo es bombardear el ciclo de noticias con múltiples titulares, exageraciones o medias verdades para aburrir al respetable, que rara vez se propone verificar hechos y, mucho menos, desafiar el algoritmo que decide por cada cual lo que es noticia.
El objetivo de la avalancha de noticias, informes policiales, autos judiciales o declaraciones malsonantes determina la agenda política y, de paso, reemplaza el debate racional por un estado de indignación o ansiedad constante. Todo ello se adereza, claro, con ataques directos contra quienes tratan de aportar contexto, buscar verdades o desmontar infundios. Es curioso que las agresiones o insultos lleguen siempre de quienes han conseguido hacer del odio un hábito político o periodístico. Allá cada cual con sus demonios: los del Viejo Testamento del socialismo con sus agravios del pasado; algunos jueces con su afrenta por la ley de amnistía; la UCO con sus cuitas internas y cierto periodismo con sus ajustes de cuentas por el daño causado por los audios de Villarejo.
Cada semana nos encontramos ante lo más grave que ha vivido la democracia española, como si este país no hubiera vivido los GAL, la fuga de un director de la Guardia Civil, las escuchas ilegales del viejo CESID, un monarca que utilizó la jefatura del Estado para enriquecerse de forma obscena, el pago de la boda de la hija de un presidente del Gobierno por parte de la trama criminal de la Gürtel, las mentiras del 11M, la corrupción de Estado de la Kitchen o las libretas de Bárcenas.
Cuando la memoria flojea, la verdad no importa y la infantería mediática martillea con lo que haga falta, el PP puede permitirse el lujo de crear una página web sobre el mapa de la corrupción del PSOE repleta de mentiras. Por ejemplo, que difunda que hay 94 investigados por la justicia del PSOE. O que incluyan en esa web la fotografía de 5 ministros como si estuvieran imputados en alguno de los casos de corrupción que se investigan. O que reproduzcan la imagen del president Salvador Illa. O de la presidenta del Congreso. O que den por probados hechos que ni están en una sentencia ni han sido juzgados. O que el soez Miguel Tellado considere a todo socialista un ser despreciable capaz de las mayores vilezas en una exhibición constante de furia y desprecio.
Respiren, disfruten del mundial si les apasiona el fútbol y saboreen cada día de sus vacaciones si las tienen pronto porque, de momento, ni se acaba el mundo ni el Gobierno caerá pasado mañana. No, al menos, por un auto judicial, por un informe de la UCO, por un titular escandaloso o por la excitación enfermiza de las derechas.
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