No es una rectificación, es una pillada
No falla. El victimismo como respuesta se repite con puntualidad de reloj suizo cada vez que el escándalo estalla alrededor de Isabel Díaz Ayuso. Todo es persecución. Todo una operación aviesa. Nunca un mea culpa. Nunca una asunción del error. Jamás una responsabilidad propia. Hablar de sí misma como objetivo de una conspiración para cambiar el tercio se ha convertido en una estrategia de comunicación constante en la inquilina de la Puerta del Sol.
Lo ha vuelto a hacer esta semana con el escándalo del ático y la mega terraza de aproximadamente seis millones de euros que la Comunidad de Madrid compró el pasado abril, de tapadillo, supuestamente para que su presidenta celebrara allí reuniones durante unas obras de reforma integral en Sol que no se habían anunciado, no están tampoco adjudicadas y, posiblemente, se inventaron sobre la marcha para justificar el dispendio y el uso que se pretendía dar a la vivienda. La pillada fue tan obvia y el barullo -pese a la ocultación de su artillería mediática- tan intenso que, 24 horas después, ya no había obras que afrontar, ni destino institucional que darle a la nueva propiedad, sino una operación para destinar el dinero a ayudas para la reconstrucción por los incendios en la Sierra Oeste. No fue una rectificación , sino una pillada porque lo primero suelen llevar consigo un reconocimiento de que algo se hizo mal y no ha sido el caso.
Hay que tener mucho cuajo para intentar convertir una operación diseñada para uso y disfrute de la presidenta en un compromiso político con los municipios afectados por el fuego. Todo para sacudirse la responsabilidad y presentarse como víctima de un acoso, por supuesto, instigado por “medios afines al Gobierno”. De los regados generosamente con dinero de los presupuestos regionales nunca habla porque todos obedecieron la consigna de que la compra del ático de lujo no merecía la categoría de noticia.
No es la primera vez ni será la última. En 2011, cuando la presidenta era todavía una diputada regional desconocida, sus padres le donaron la nuda propiedad de un piso de 90 metros cuadrados también en Chamberí. La donación llegó pocos meses después de que una entidad participada por el propio Gobierno madrileño concediera un préstamo de 400.000 euros —después impagado— a una empresa familiar de material sanitario, MC Infortécnica, que atravesaba serias dificultades. La coincidencia temporal entre el préstamo público y la donación patrimonial nunca fue aclarada satisfactoriamente por la presidenta.
En marzo de 2024, cuado se supo que la Fiscalía investigaba a su pareja, Alberto Quirón González Amador, por dos presuntos delitos fiscales relacionados con la venta de mascarillas en pandemia, la respuesta fue idéntica a las anteriores: todo es un ataque orquestado por el Gobierno de Sánchez y una operación política contra ella.
Cuando se publicó que su hermano, Tomás Díaz Ayuso, había cobrado 1,5 millones de euros en comisiones por la intermediación en la compra pública de mascarillas también en pandemia, evitó dar explicaciones sobre el destino de fondos públicos de emergencia sanitaria y convirtió el caso en un intento de dañar su reputación a través de su familia.
E idem cuando trascendió que había pasado un fin de semana con su familia en un chalé de titularidad pública en la sierra madrileña que la Comunidad había comprado por 4 millones de euros en la sierra de Guadarrama.
Siempre tiene argumentos con los que convertirse en damnificada. La versión más elaborada la construyó cuando habló de una operación de Estado contra ella, que es como elevar su persona a una cuestión de país y reducir el papel del Estado a simplezas.
Y, esta semana, otra vez interpretó el papel de agraviada con el ático de 485 metros cuadrados millones de euros. Primero, para minimizar el asunto y desmarcarse de la decisión (“no es mi casa, no es mi residencia, no es para mí). Luego, para erigirse en afectada de la sincronía entre la crisis de los incendios y la publicación de la noticia. Y, después para matar al mensajero, esto es a los periodistas que se hicieron eco de la noticia. Llegó a decir que se buscaba ”echarme a la gente encima“ y que lamentaba tener que defenderse de una ”campaña de desprestigio“ en medio de una emergencia. Emergencia, cuya gestión pasó al Gobierno de España, por si acaso…
Explicaciones sobre por qué se compró la vivienda en lugar de buscar un alquiler o por qué no se usó alguno de los inmuebles que ya posee la Comunidad para ese supuesto traslado por obras, no ha dado ninguna.
La misma respuesta para diferentes escándalos que, obviamente, a medida que se repiten cuesta mucho más creer. Los datos y los hechos en todos ellos jamás han sido rebatidos y la palabra de Ayuso cada vez tiene menos crédito, incluso entre sus correligionarios.
P. D. En política, a veces, lo que parece es.
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