Más de 1.500 restos en una cueva de Burgos ayudan a reconstruir cómo era un campamento neandertal hace 46.000 años

Imagen de la campaña de excavación realizada este verano

Daniel Casanova

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Hace unos 46.000 años, grupos de neandertales encontraron en una cueva del norte de Burgos un lugar en el que instalarse durante buena parte del año. Allí cazaban y despedazaban animales, aprovechaban sus huesos y fabricaban herramientas de piedra. Miles de años después, los restos que dejaron permiten reconstruir parte de aquella vida cotidiana. 

Ese es el objetivo que se persigue en cada campaña de excavación en la cueva de Prado Vargas, donde este año se han recuperado más de 1.500 piezas entre restos de fauna y herramientas. El equipo liderado por el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), y en el que han participado una veintena de arqueólogos de universidades nacionales e internacionales, ha trabajado en 32 nuevos metros cuadrados del nivel 4D, correspondiente a la ocupación neandertal, hasta alcanzar los 140 metros cuadrados. 

Con ese avance, Prado Vargas se sitúa entre los yacimientos neandertales en cueva con una mayor superficie excavada. El yacimiento se encuentra en Cornejo, dentro del complejo de Ojo Guareña, y se excava de forma sistemática desde 2016.

Las huellas de lo que comían

Buena parte de la información procede de los huesos y dientes de animales encontrados. Entre ellos aparecen restos de jabalíes, caballos, bisontes, uros, gamos y ciervos. Algunos conservan marcas de corte y golpes, especialmente en los huesos de las extremidades. Estas señales permiten identificar actividades como el despiece de los animales y la fractura de los huesos largos para extraer el tuétano.

Imagen panorámica de la campaña de excavación realizada este verano

Los investigadores también han recuperado numerosas herramientas. Alrededor del 95 % fueron fabricadas en sílex y el resto, principalmente, en cuarcita y cuarzo. Entre ellas predominan las lascas con filos sin retocar, además de raederas, muescas y denticulados. Y, ¿por qué son importantes estos materiales? Ayudan a conocer no solo qué herramientas utilizaban estos grupos, sino también cómo aprovechaban los recursos que tenían disponibles en el entorno.

En este sentido, uno de los elementos que más información aporta son los llamados retocadores de hueso. Se trata de fragmentos de huesos largos que los neandertales empleaban para modificar los filos de sus herramientas de piedra. Los encontrados este verano elevan alrededor de un centenar los recuperados en Prado Vargas, lo que convierte el yacimiento en un lugar especialmente relevante para estudiar esta técnica. 

Un lugar al que regresaron durante generaciones

El conjunto de evidencias dibuja algo más que una ocupación puntual. Según los responsables de la excavación, los neandertales permanecieron en Prado Vargas principalmente desde la primavera hasta finales del otoño y volvieron al lugar durante varias generaciones. Los resultados de la campaña de 2026 refuerzan así la interpretación del nivel 4D como un gran campamento utilizado de forma prolongada.

Otros descubrimientos realizados durante los últimos años completan esa imagen. En Prado Vargas se han encontrado, además, carbones y cenizas relacionados con el uso del fuego y también fósiles marinos que los neandertales trasladaron deliberadamente hasta la cueva. 

Anteriormente, un estudio publicado en Quaternary analizó 15 de estos fósiles y planteó que su presencia no estaba relacionada con una utilidad práctica evidente, abriendo la posibilidad de que fueran recogidos por curiosidad, motivos estéticos u otros comportamientos simbólicos. La historia de la cueva, además, no terminó con ellos. En niveles más recientes se han encontrado evidencias de grupos de Homo sapiens, entre ellas un hogar descubierto en 2025 y datado de forma preliminar en unos 35.000 años. 

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