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Opinión - 'El chaleco, el mamarracho y las lágrimas', por Esther Palomera

El chaleco, el mamarracho y las lágrimas

Ayuso con su chaleco de emergencias y la palabra "presidenta" visita el puesto de mando contra el incendios en Cenicientos, Madrid.
27 de julio de 2026 22:04 h

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Buscan la atención personal por encima del interés personal y la validación pública, exageran los gestos, acaparan titulares, hablan más de uno mismo que de los problemas de la gente y persiguen el aplauso o la polémica fácil. Son políticos con un afán desmedido por el protagonismo. Y si hay uno en el panorama actual que destaca entre todos ellos es Isabel Díaz Ayuso. La muerta en el entierro, la niña en el bautismo y la novia en la boda. Un yoismo exagerado.

Lo ha vuelto a hacer con motivo de los graves incendios en la Comunidad de Madrid, con casi 100.000 personas evacuadas, 170.000 hectáreas arrasadas y decenas de municipios confinados. Y es que la presidenta de la Comunidad más golpeada por el fuego ha convertido la tragedia en un nuevo pulso por la conquista de los titulares. Exabrupto, incluido claro. Nada que no haya hecho antes porque es una experta del espectáculo y la que la gestión le importa mucho menos que el liderazgo y la relevancia. Si no es con el insulto, es con el atuendo y si no, con las lágrimas.

Todo en ella es exceso, es disparate y es bochorno. En medio de un incendio histórico, con miles de familias desalojadas de sus viviendas y los bomberos exhaustos de trabajo sin descanso, el detalle del vestuario con el que se plantó en los incendios no era menor ni era inocente. Todo lo contrario. Fue una decisión pensada por sus creadores para que la imagen que circulara por los medios fuera la de una gestora al mando, y no la de una presidenta que pidió auxilio al Estado porque su propio dispositivo no daba abasto y porque, ante las consecuencias de lo que pudiera ocurrir, el responsable fuera Pedro Sánchez y no ella.

Cuando la comunicación se cuida hasta ese extremo mientras la prevención lleva meses olvidada pese a las advertencias de los bomberos forestales, queda claro cuál era la prioridad de la inquilina de Sol. Una contradicción más del personaje si se tiene en cuenta que sus ideólogos han construido buena parte de su carrera política sobre la autosuficiencia, el nacionalismo madrileño y la desconfianza hacia las supuestas injerencias del Gobierno central.

Pedir la “Situación Operativa 3” —el nivel que traspasa el mando único al ministro del Interior y a la UME— es, en la práctica, admitir que el dispositivo propio ni es suficiente ni está preparado. Y, aunque nada hay de reprochable en pedir ayuda cuando la magnitud de un incendio lo exige, lo difícil de sostener es hacerlo y, en el mismo aliento, insultar a quien tiene que tramitar esa ayuda.

Con tres incendios avanzando sin control y los primeros vecinos ya desalojados en la Comunidad de Madrid, Ayuso pidió al Gobierno de Sánchez la noche del pasado día 24 la activación del nivel más alto de emergencia, a lo que el delegado del Gobierno en Madrid, Fran Martín, respondió pidiendo que explicara y justificara esa petición antes de tramitarla. Una respuesta, sin duda, torpe y evitable en una situación de emergencia, que en lugar de ser contestada serenamente por Ayuso, recibió una réplica de las habituales de la presidenta madrileña: “El primer mamarracho que quiera calentar el ambiente cargará con las consecuencias”. Luego ya vino el cruce de insultos con el ministro Óscar Puente de por medio y varias horas de cobertura mediática sobre quién insultó primero mientras decenas de miles de personas seguían siendo evacuadas.

El patrón de comportamiento lo completó con las lágrimas de cocodrilo que recorrieron sus mejillas durante una comparecencia en la localidad de Villamanta, al hablar del Valle del Tiétar —de donde procede su familia— y de la devastación sufrida por los pueblos afectados. Y, aunque la emoción ante una tragedia no es cuestionable, sí es muy discutible que, comparecencia tras comparecencia, el relato institucional termine centrado en la propia presidenta, en su tono, sus lágrimas o su enfado con el delegado del Gobierno, en lugar de en los datos operativos que la ciudadanía necesita en ese instante.

Vamos que el chaleco con “presidenta”, el exabrupto del “mamarracho” y la emoción ante las cámaras no son hechos aislados, sino elementos de una misma estrategia que convierte cada aparición pública en un episodio protagonizado por ella, cuando lo que la situación exigía era protagonismo para los bomberos, los servicios de emergencia y los vecinos que lo han perdido todo.

Pero hablamos de Ayuso y de sus circunstancias, que al parecer nada tienen que ver ni con que el fuego avance descontrolado, ni con que los bomberos forestales de la región que llevan meses sin ser escuchados sobre la falta de prevención, ni con que los salarios de los agentes forestales y sus plantillas estén precarizados, ni con su relativización permanente de las consecuencias del cambio climático. Eso es siempre un asunto que compete a otros.

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