Cuatro ideas de una psicóloga para que toda la familia se adapte mejor con la vuelta al cole: “Es importante no cambiar todo a la vez”
La prisa, cada mañana, desde que se sube la persiana, se apura el desayuno y se llega al colegio con la mochila entreabierta puede ser vista como un mero desajuste logístico, pero se trata de un hábito crucial para el desarrollo evolutivo de los niños, además de para la salud de las relaciones familiares. La vuelta a las aulas tras las vacaciones de verano puede ser el momento idóneo para restablecer buenas rutinas que también fomenten la independencia infantil.
“Es una transición de manera natural en la que se pasa del ritmo tranquilo, relajado y sin estructura del verano, a la reorganización de los horarios, de la estructura familiar, de las rutinas, de lo que era lo habitual; y este cambio puede ser un momento muy bueno para reajustar ciertas costumbres”, asegura Amaya Prado, psicóloga especialista en infancia y adolescencia. “En el desarrollo neurológico cerebral del niño es importante tener esa anticipación, le viene muy bien que algo sea previsible para procesar estos cambios con una cierta seguridad y calma”, argumenta.
La anticipación
Ajustar los horarios de descanso desde unos días antes de volver a las aulas ayuda a condicionar el organismo y a reducir el estrés previo al reencuentro con la rutina, señala la psicóloga, que destaca la importancia de un sueño adecuado desde el comienzo de las clases para que el menor sea capaz de regular sus emociones, prestar atención y afrontar la jornada escolar con tranquilidad.
De igual manera, la planificación nocturna es de gran ayuda a la hora de mejorar el desarrollo de la mañana siguiente. “Es muy importante porque, desde el punto de vista del desarrollo evolutivo, estamos trabajando esa anticipación, esa planificación. Si falta algo, tenemos ese margen de maniobra para poderlo conseguir y, además, reduce mucho las tensiones a nivel familiar y permite al niño asumir responsabilidades que son tan importantes”, explica la especialista.
Andamiaje para la independencia
Uno de los mayores errores de las familias al inicio del curso es querer solucionar todas las carencias de golpe, ante lo que Prado advierte: “Es importante no intentar cambiarlo todo a la vez porque muchas veces queremos que al empezar el cole se vistan solos, que preparen su mochila, que desayunen solos, que lo hagan todo en un tiempo concreto... y es cierto que los hábitos se construyen mediante la repetición de esas rutinas, de esa previsibilidad y de la práctica”. Por eso, ella recomienda empezar por dos o tres conductas concretas que se quieran mejorar, alguna más compleja y otra más sencilla, para no abrumar al niño y “darle seguridad de que va consiguiendo hacer cosas fácilmente con esa conducta”.
“Las rutinas de la mañana estructuradas y previsibles son un andamiaje que permite esa transición progresiva desde una regulación externa, guiada por los adultos, hasta esa autorregulación interna y autónoma”, subraya la psicóloga. Este proceso de “andamiaje” supone una retirada progresiva del apoyo adulto en las tareas hasta que el menor las pueda llevar a cabo de forma autónoma. Pasar de la implicación total a exigir independencia o dar por sentado que debe saber organizar su mochila puede derivar en frustración mutua.
El problema de repetir las órdenes
“Cuando el niño tarda, el adulto al final termina haciendo todo aquello que el niño debería hacer: vestirlo, preparar la mochila o recoger sus cosas”, reconoce Prado. “Es comprensible porque en ese momento necesitamos salir de casa, necesitamos que se haga todo ya, el problema aparece cuando esta solución puntual se convierte en el funcionamiento habitual”, explica, ya que consolida una dependencia no deseada.
Del mismo modo, repetir una misma orden diez veces también es contraproducente porque, según la psicóloga, “puede terminar convirtiéndose en una forma de regulación externa: el niño lo que aprende es que no necesita iniciar la conducta hasta que mamá o papá se lo recuerden o hasta que papá y mamá alcen la voz”.
Para romper este círculo vicioso, la especialista propone sustituir las órdenes verbales repetitivas por apoyos visuales, como listas con pictogramas o relojes visuales ajustados a su edad. “La pregunta que nos tenemos que hacer como padres no es cómo consigo que me haga caso, sino qué necesita aprender mi hijo para poder hacer esto sin que yo tenga que decírselo”, resume. Con este tipo de recursos, en lugar de dar órdenes existe la posibilidad de preguntar “¿qué toca hacer ahora según el cuadro?”
Refuerzo del esfuerzo
Por último, Prado recalca la importancia de reforzar y celebrar la autonomía conseguida “porque si no, desde el punto de vista psicológico, es una conducta que se va a terminar extinguiendo, que se va a terminar eliminando de su patrón de comportamiento”.
“Si un niño que normalmente necesita que le repitan cinco veces que se lave los dientes consigue hacer esa tarea por sí mismo hay que decirle ‘qué bien, te has acordado tú solo, qué mayor, choca los cinco’ y con esto estamos señalando exactamente la conducta que queremos reforzar”, aclara.
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