Pariente del conejo pero de apenas 20 centímetros, este animal trata de escapar de las águilas... y del calor

Conocidas popularmente como liebres silbadoras, emiten agudos llamados de alerta cuando divisan un peligro inminente en el horizonte

Alberto Gómez

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Aunque a simple vista muchos lo confunden con un pequeño roedor, la pika forma parte del orden de los lagomorfos y de la familia Ochotonidae. Su aspecto diminuto, caracterizado por un cuerpo compacto, orejas cortas y redondeadas y la ausencia de cola visible, esconde una adaptación biológica a entornos rigurosos de la propia naturaleza. Y es que este pariente del conejo pero de apenas 20 centímetros trata de escapar tanto de las águilas como del calor. Estos mamíferos habitan en las laderas rocosas y pedregales de Asia y Norteamérica, fortalezas de piedra donde encuentran grietas no solo para refugiarse de sus perseguidores, ya que se enfrentan hoy a una amenaza devastadora: el aumento constante de las temperaturas globales en sus frágiles hábitats.

La confusión habitual entre la pika y los roedores se aclara al examinar la estructura anatómica de su dentición. A diferencia de las ratas o ardillas, la pika posee un segundo par de incisivos superiores pequeños situados justo detrás de los principales. Esta característica dental la vincula directamente con conejos y liebres, compartiendo con ellos hábitos herbívoros y un sistema digestivo adaptado a la fibra. Con un peso que oscila entre los 100 y 350 gramos, su denso pelaje le otorga un aislamiento térmico idóneo contra los vientos gélidos. Sus patas traseras, dotadas de plantas cubiertas de pelo, le proporcionan agarre firme sobre la roca. Además, los machos carecen de escroto externo, lo cual constituye una adaptación clave para conservar el calor corporal.

En los canchales de alta montaña, la vigilancia constante resulta vital para escapar de los ataques de las águilas y otras aves rapaces. Para protegerse de depredadores como lobos, osos, zorros y comadrejas, las pikas han desarrollado un refinado sistema de comunicación. Conocidas popularmente como liebres silbadoras, emiten agudos llamados de alerta cuando divisan un peligro inminente en el horizonte. Este sonido penetrante resuena en las quebradas, permitiendo que la comunidad busque cobijo de inmediato entre las grietas. Mientras los ejemplares norteamericanos tienden a llevar una vida solitaria, las especies euroasiáticas conviven en grupos sociables. En estas colonias, comparten tareas de centinela para garantizar la seguridad colectiva frente al peligro.

Su denso pelaje y un metabolismo calibrado para conservar el calor le impiden disipar de manera eficiente el exceso térmico del cuerpo

A diferencia de otros mamíferos alpinos como la marmota, la pika no hiberna durante los prolongados e intensos inviernos de montaña. Para mantener su continua actividad bajo la capa de nieve, despliega un asombroso comportamiento recolector durante el verano. El pequeño mamífero realiza incontables viajes seleccionando hierbas, flores, tallos, musgos y líquenes de las praderas. Posteriormente, transporta la vegetación en la boca y la apila cuidadosamente entre las rocas formando almiares o pajares de heno. Este proceso de secado al sol evita la fermentación y asegura una despensa nutritiva para los meses gélidos. 

Pese a su asombrosa resistencia al frío, la pika posee una vulnerabilidad fisiológica extrema frente a las altas temperaturas. Su denso pelaje y un metabolismo calibrado para conservar el calor le impiden disipar de manera eficiente el exceso térmico del cuerpo. La exposición directa a temperaturas moderadamente elevadas durante pocas horas puede resultar letal para estos animales. Por ello, durante las jornadas calurosas de verano se ven obligados a restringir su actividad al amanecer y al atardecer. El aumento constante de los termómetros reduce el tiempo disponible para recolectar el heno invernal. Como consecuencia, las poblaciones están abandonando las cotas más bajas y migrando hacia cumbres de mayor altitud, fragmentando sus comunidades en islas aisladas.

Indicador biológico

Dentro del género Ochotona destaca la pika Ili, una especie emblemática descubierta en 1983 por el científico Li Weidong. Este elusivo mamífero habita en las remotas montañas de Tian Shan, en la región noroccidental china de Sinkiang. Tras permanecer oculta para la ciencia durante más de dos décadas, fue reavistada en el año 2014 entre las grietas rocosas. Con su característico rostro de aspecto afable, esta especie ha sufrido una dramática reducción poblacional cercana al 70%. En la actualidad, se estima que sobreviven menos de mil ejemplares en libertad debido a la presión ganadera y al cambio climático. Catalogada en peligro de extinción por las autoridades chinas, se ha convertido en un símbolo de la fragilidad biológica que amenaza la biodiversidad de montaña.

En definitiva, la pika se ha consolidado como un valioso indicador biológico para medir el impacto directo del calentamiento en los ecosistemas. Su presencia en los canchales fomenta la fertilidad del suelo y sostiene una amplia variedad de flora y fauna asociada. Cuando la pika desaparece de un valle alpino, la vitalidad del paisaje natural sufre una pérdida irreparable de color y riqueza ecológica. De ahí que numerosos investigadores pidan proteger a este pequeño lagomorfo, frenando el deterioro climático y estableciendo áreas de conservación en las cumbres. Así, frente al vuelo sigiloso de las águilas y la amenaza implacable del calor, la pika continuaría luchando por su espacio.

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