Un adiestrador canino explica qué significa que tu perro tire de la correa: “Es una falta de equilibrio en su rutina”

García propone estructurar el día a día del animal sobre cuatro directrices fundamentales.

Paloma Martínez Varela

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Quienes no la hayan vivido en primera persona, habrán presenciado igualmente la escena más de una vez: un perro que tira de la correa y genera una suerte de pulso con la persona que lo pasea, que puede terminar por arrastrarlo. Hay quien ve en este comportamiento un animal desobediente o con un exceso de energía, pero la tensión de esa correa tiene un significado más complejo.

“Habría que valorar individualmente cada caso, pero en general, en base a la experiencia, siempre nos encontramos que es una falta de equilibrio en su rutina”, asegura el adiestrador canino Jorge García, del centro integral canino De Casa Tassio, que explica que no hay que buscar el problema en el paseo, sino en cómo el perro gestiona sus emociones y su energía durante todo el día.

Uno de los errores más comunes de quienes conviven con perros muy activos es creer que la solución a la ansiedad es llevar a cabo un ejercicio físico extenuante. Ante esto, García advierte que lanzar la pelota durante una hora o dejar que el perro corra sin control con otros animales no siempre calma al animal: “Está bastante comprobado que lo que produce es un efecto rebote, ya que luego llega a casa y está todavía más activo”.

“Siempre pongo un ejemplo humanizado: como personas está muy bien que hagamos deporte, pero si solo hacemos deporte y luego no me dejas leer un libro, escuchar la radio o leer un periódico, voy a estar muy fuerte, pero voy a ser una persona inculta y me puede producir ansiedad el no poder informarme o comunicarme... Efectivamente, tienes un perro que hace mucho ejercicio, pero al final lo que manda es el equilibrio emocional”, ilustra el adiestrador.

Por eso, para solucionar el problema de los tirones de correa, García propone estructurar el día a día del animal sobre cuatro directrices fundamentales y estabilizar así su estado emocional:

La obediencia útil

“No es cuestión de obligar, es trabajar una obediencia donde el perro disfrute y quiera cooperar”, aclara el adiestrador, que define este proceso como el primer gran eslabón para continuar en la relación con el perro. “Se trata de aprender a comunicarnos con él, que nos mire y sepa lo que le queremos decir, que se siente a nuestro lado o que se relaje”, define.

El juego compartido

“Una segunda parte que tendríamos que hacer siempre es un juego controlado para establecer un mejor vínculo y que el perro no tenga esa ansiedad o ese estrés o esa sobreenergía de querer salir para encontrarse con un perro, ladrarle o simplemente el propio ansia de llegar a un sitio”, señala García, que destaca la importancia de compartir ese momento lúdico más allá de que juegue con otros perros.

Desarrollo mental

“Para mí la fase primordial y más importante es el desarrollo mental y emocional”, afirma el experto, que valora que “los trabajos de olfato son fundamentales, siempre de manera adaptada, pero en cualquier edad y en cualquier ámbito, el olfato es absolutamente primordial”.

La calma

Por último, tras el juego y el olfateo, también toca relajarse y bajar pulsaciones. “El perro tiene que entender que después de la actividad nos relajamos, puede ser dejando que se tumbe en su sitio clave o en el propio parque, pero tenemos que hacer ese trabajo de calma y relajarnos con ellos”, explica García.

El momento del tirón

El problema de que el perro tense la correa es, por tanto, la punta del iceberg de una falta de equilibrio en su rutina, pero la respuesta del humano en ese momento también es clave: ni dar un tirón, ni reñirle, ni cambiar bruscamente de dirección o intentar calmarlo con caricias. “Ante esa situación tenemos que pensar que nos convertimos en una farola, que no habla ni se mueve”, aconseja el adiestrador a sus alumnos, ya que al no encontrar tensión de respuesta ni avanzar un solo centímetro mediante el tirón, el perro se ve obligado a buscar la conexión visual con su guía. “Una vez que el perro baje pulsaciones, seguimos avanzando”, añade.

“Es un trabajo muy progresivo y, obviamente, esto no va a salir ni un día ni en dos”, apunta García, que insiste en que “no hay trucos ni varitas mágicas”. “A lo mejor los paseos de 25 minutos se convertirán en 3 horas, porque avanzaremos 1 metro por minuto, pero es el camino”, concluye.

Para el adiestrador, la tenencia responsable y la buena convivencia empiezan en la propia decisión de adoptar ,y la solución pasa por la educación previa y la implicación de administraciones públicas y protectoras. “El secreto para evitar los abandonos es anticiparnos, decirle a un propietario: 'Tú quieres un perro, pero a lo mejor no estás capacitado para este tipo de perro”, incide García, en referencia a quienes adoptan perros sin tener la capacidad de cubrir sus necesidades.

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