Mandan los de negro. Y es una aberración
Acabábamos el Ojo de la semana pasada con un aviso a navegantes sobre la bochornosa intromisión de los señores jueces -y juezas- en el ámbito político, nada se les ha perdido en ese terreno, y donde ningún voto han recibido de nadie para autoadjudicarse esa defensa de los ciudadanos españoles para la que ellos, al parecer, han sido ungidos por su dios de las alturas con el sacrosanto fin de ningunear a gobiernos y parlamentos. Sabrán esos desharrapados de los políticos, se dicen ellos desde los estrados, lo que conviene a los españoles, que somos nosotros, señores de horca y puñetas, quienes debemos salvaguardar el orden patrio.
Conste que si hoy han pasado del último tramo del Ojo al primero, no es porque haya mejorado la percepción de su labor por este plumilla. Quiá. Es que ha aumentado, todo es empeorable, dice un amigo gallego del Ojo, la nefasta judicialización de la política. Seamos más precisos: crece, día a día la abominable y odiosa instrumentalización de jueces y fiscales por las fuerzas reaccionarias del PP y Vox, incapaces de acabar con Pedro Sánchez por métodos democráticos, y encargando su eliminación, da igual el método de ejecución, a los siempre fieles togados, acogido el encargo con sumo placer por los interfectos, que cuenta, además, con la ayuda inestimable de una parte de las fuerzas de seguridad, policías y guardias civiles, jamás desapareció la policía patriótica, siempre a las órdenes de Génova, azuzados y groseramente loados por una prensa delirante que ha olvidado cualquier límite a la indignidad.
Quiere Vox activar el artículo 102 de la Constitución para que el Tribunal Supremo juzgue a Sánchez por “alta traición”. ¡Ay, esa Sala Segunda (de lo Penal) del Supremo donde acabaría el proceloso asunto! Les recuerdo su papel en el procés, por ejemplo. Y bastarán algunos de sus nombres para que ustedes evoquen la deleznable sentencia sobre el Fiscal General: Andrés Martínez Arrieta, Manuel Marchena o Ángel Luis Hurtado. Lo mejorcito de la brigada acorazada judicial. La patochada, puro delirio de una calenturienta noche estival no es solo cosa de la ultraderecha. La vía del 102 parte de un artículo publicado en El País -¿por qué se metería este diario en promocionar una propuesta claramente golpista?- por el ex magistrado del Constitucional, época PP, Pedro Cruz Villalón, inmediatamente acogida con grandes alharacas por el Madrid D.F. y aireada hasta la exageración por gurús de la derecha más reaccionaria como José Antonio Zarzalejos en ese inefable digital que se titula El Confidencial o los comentaristas de la COPE, propiedad de los señores obispos, siempre en el límite del golpismo, como ya hicieron en el 36.
El PP, por ahora, prefiere otra vía que una nueva protagonista togada, María Tardón, exconcejal del PP, ha abierto en la Audiencia Nacional sobre los acontecimientos de Ceuta. Esa jueza que no sé si amparada por razones jurídicas –la formación en este ámbito del Ojo es similar a sus conocimientos sobre física cuántica: cero- pero que repelen cualquier razonamiento lógico: ¿por qué prohíbe la jueza que los policías envíen sus investigaciones a sus superiores? ¿Por qué hurtar a los responsables políticos una información tan relevante? ¿Qué disparate es ese? ¿Cómo ese compagina esa desmesurada exigencia de reserva, si con la otra mano, desde la Audiencia o la policía, se filtra el informe al filibustero de guardia esa jornada, que curiosamente es El Español de Pedro J. Ramírez? Claro que todo el estamento judicial de uno a otro confín –faltaría más, atacar a una de los nuestros- ha salido a defender a Juana de Arco Tardón, lanza en ristre y bien cubierto con su rodela atacando a los molinos que creen gigantes. ¿Y por qué le gusta al PP esta vía? Pues porque finalmente la cuestión caería, de nuevo, en la Sala Segunda del Supremo, léase lo ya escrito al respecto en el párrafo anterior.
Bien. Así que tenemos para los próximos meses una apretada agenda de actos y festejos variados, todo ello bajo la atenta mirada de un Consejo del Poder Judicial del que libren al Ojo de calificar y las Audiencias Provinciales, que ven justificadísimo, como la de Madrid, que el juez Peinado acuse a los policías de ayudar a huir a la mujer del presidente de la nación. Raro que no le hayan premiado su brillante actuación con distinciones variadas, impagable su contribución a la jurisprudencia española, qué digo española, mundial, galáctica. Así que sin ánimo de exhaustividad, tenemos delante a Begoña Gómez, caso Leire, causas escondidas en busca de los dineros del PSOE, además de Zapatero y, ahora, Tardón o el 102. También la sentencia contra la cúpula policial de Mariano Rajoy. Veremos. Más recursos sobre la amnistía, el fiscal general o el hermano del presidente, que por ahí vamos a vivir un nuevo enfrentamiento, o así lo parece, entre el Constitucional y el Supremo. ¿Preguntan por la lentitud en los casos del señor novio de la reina del vermú, Isabel Díaz Ayuso, por las muertes atroces -7.291- en las residencias de ancianos del año 2020, que se dice pronto, o por el caso del ex ministro Montoro? Tranquilos, que los jueces estamos a otras cosas más importantes, no se me amontonen, hágannos el favor.
¿Para qué queremos Consejos de ministros, sesiones de control en el Congreso, millones gastados en urnas y papeletas, miles de acuerdos en comunidades autónomas o alcaldías si todo se va a decidir en las salas de los Tribunales, donde se impone el sacrosanto veredicto de los jueces, ya pueden decir misa solemne los políticos? ¿A qué votación de la ciudadanía se han presentado Marchena, Hurtado, Peinado, para que sean ellos quienes rijan el futuro de este país? ¿Acaso no ven el PP o Vox el inmenso peligro que están cebando, que en cualquier momento, cuando no se les atienda como ellos creen que debe tratárseles, esto es, con la veneración de los fanáticos ante sus dioses, van a sufrir como corderitos lechales? Si la Inteligencia Artificial se escapa al control de sus creadores, ¿qué creen que puede pasar cuando los jueces, sin contrapeso alguno, se hagan, ya se han situado en primer puesto de la poole, con los mandos del Estado? El odio ciega sus ojos y esta cacería va a acabar con la democracia.
Un ardite les importa al tándem Feijóo-Abascal esta aberración mientras sirva para abrasar al gobierno de izquierdas y, sobre todo, a su presidente Pedro Sánchez. Vale la cuerda, la zancadilla, la navaja y el kalashnikov. Incluso no está mal vista la bomba atómica, La amenaza de uno y otro es manifiesta y ya ha sido proclamada en público por ambos dirigentes en el Congreso de los Diputados en la sesión del miércoles pasado. El 102 ya fue verbalizado por Santiago Abascal y cierra España, cadenas para la mazmorra. Conviene a los demócratas, no olvidar, grábenla ustedes en mármol, la profecía de Nostradamus Feijóo; “Señor Sánchez, míreme, la va a pagar. Ante la Justicia y ante las urnas”. ¿Terrible, verdad? Pues a sus seguidores les suena a música celestial.
Mientras, el Gobierno sufre en Ceuta –menos que los chavales marroquíes que pasan hambre, cierto- porque lo ha hecho mal, ha reaccionado tarde y ha explicado con torpeza infinita el porqué, tan evidente, de mantener buenas relaciones con Rabat, un auténtico dolor de muelas. ¿Un mes después el mando único, los millones, la atención humanitaria? Errores, claro. Pero nunca, jamás, olviden que la derecha se regodea en boicotear cualquier atisbo de solución. Vivas –el PP- no está por la labor, y va a intentar hacer imposible cualquier solución que se proponga, ya sea arropar a las menores para protegerlas o encontrar lugares donde instalar carpas para paliar el desastre humanitario que significa ver a hombres, mujeres y niños, puros fantasmas, deambulando por los descampados ceutíes, sin control los más agresivos y sin defensa los más vulnerables. Cuanto peor, mejor ha sido siempre la consigna de esta derecha inmoral e hipócrita. Nunca esperen una ayuda suya para salvar de la miseria a los más golpeados por un capitalismo depredador.
Por eso, aunque no solo, es tan importante que la izquierda no baje la guardia y reconozca, en algún momento, que la teoría de la otra mejilla –pegue, pegue, no se quede corto- mejor se deja para el niño san Tarsicio, tan buenecito, pero que es muy mala consejera para adentrarse en la política, máxime cuando la derecha mundial -¿les cito a Trump, a Netanyahu, Bukele, a Milei, a de la Espriella, a Nerendra Modri?- ha decidido que no hay fronteras para el salvajismo y las malas artes y que cualquier acción, cruenta o incruenta, es digna de elogio si sirve para acabar con los zurdos de este mundo o, por extensión, los demócratas que aún creen en la justicia y la razón. Y, por supuesto, con los pobres. JD Vance, el vicepresidente norteamericano ha afirmado, y así lo ha contado este diario, que está “haciendo toda la obra de Dios que puede” y que no le importa “si eso conduce al fin de los tiempos”, que, según él, “se avecina”. Un tipo ridículo, pero símbolo de un poder inmenso. Espera el Ojo que no vayan ustedes a creer –como hace la prensa de la fiel infantería- que esta condena frontal hacia la derecha significa el apoyo a Putin o a Xi Jinping, por no hablar de los norcoreanos y otros especímenes igual de raros.
¿Miedo a las togas? Pánico. O ponemos pies en pared –con la ayuda y la rebelión de los jueces y fiscales decentes- o alguien pondrá nuestra cabeza en ese mismo muro. Como diana. Y si lo dudan, es que ustedes no han visto las caras y las pancartas de esas familias, mamá, papá, adolescentes y tiernos infantes, en las manifestaciones de Vox contra Sánchez.
Adenda. ¿Cómo es posible que 80 años después del nazismo, esa aberración criminal –más de 80 millones de muertos en la II Guerra Mundial, provocada por la locura de Adolf Hitler- haya ganado en un rincón de Alemania el partido que mantiene viva la llama asesina del fascismo? Dicen los bienpensantes que Afd, la formación que ha ganado en Sajonia-Anhalt, no es “exactamente” una copia de los nazis. No, claro, que casi un siglo después ya nada es igual. Pero ni lo duden: si parpan como patos, si andan como patos y si nadan como patos, es que son patos. Podrán gobernar si un partido minoritario que se autodenomina de izquierdas –unas risas alemanas ante un chiste de Don Otto y Fritz- les da su apoyo. Y todo hace pensar que se lo dará. Ya leerán ustedes análisis más concienzudos. Pero así, a vuela pluma, unos rápidos apuntes. El cordón sanitario, o es firme y sin fisuras, o no sirve para nada; contraproducentes las concesiones a las políticas de extrema derecha, incluidas salvajes medidas contra la inmigración, que para ese viaje mejor votar al original; la derecha clásica alemana está hecha unos zorros y como un añadido más, ¿alguien puede explicar qué carajo hacen los socialdemócratas alemanes en ese gobierno de chichinabo, desastre tras desastre? ¿Sube la ola ultra? Solo los más ciegos, los más fanáticos o los más tontos podrán negarlo. Las gentes de su barrio e incluso de su edificio, les vota. El escritor Douglas Stuart lo tiene claro: “Más que Trump, me dan miedo sus votantes”. Y más que Afd, o más que Abascal, asustan quienes depositan ese voto en las urnas, a ellos o a quien va a gobernar con ellos, cómplices de sus dañinas políticas.
¿Se les puede combatir? Ni lo duden. Y en España, una vez más, podemos poner freno al fascismo. A ello, pues.
Sobre este blog
El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.
Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.
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