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Las 100 horas que desencadenaron el mayor desastre forestal de España
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Opinión - 'El chaleco, el mamarracho y las lágrimas', por Esther Palomera
Sobre este blog

El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

Las llamas terribles y ese magma irresponsable de la derecha

El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco (c), el presidente de la Diputación de Ávila, Carlos García (d) y el delegado territorial de la Junta, José Francisco Hernández (i) a su llegada al Puesto de Mando Avanzado instalado en Navaluenga (Ávila), este domingo.
27 de julio de 2026 22:04 h

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¡Qué horror los incendios! ¿Cómo es posible que ante la evidencia de esta catástrofe, las llamadas fuerzas políticas no sepan ponerse de acuerdo para elaborar un pacto de Estado que una voluntades y medios contra este desastre? Les doy la respuesta. Porque al PP y Vox, esas siamesas, no les da la real gana. Sólo les guía hacer daño al Gobierno, cuando el sentido común nos grita que tal actitud, miserable, repugnante, se les vuelve en contra. ¿No me creen? Esto dijeron los representantes del PP cuando se les propuso el pacto tras los pavorosos incendios de Castilla y León, una vez constatada aquella terrible demostración de desidia e incompetencia que había dado el gobierno de Alfonso Fernández Mañueco: no era posible fiarse de un gobierno rodeado de “corrupción” y al que le quedaba “poco tiempo de vida”. Razones, como se ve, de gran altura científica. Y moral.

Claro que las llamas son política. Por supuesto. Y lo son desde el momento en el que las comunidades regidas por el PP y Vox, en tenebroso anuncio de lo que pasará si desgraciadamente alcanzan el poder nacional, nos demuestran acuerdo de gobierno, uno tras otro, que por motivos puramente ideológicos, en el fondo un puro subterfugio para defender al capitalismo más rampante que durante siglos ha esquilmado a países y asesinado a personas, nunca, jamás, van a representar los intereses y atender las necesidades de los ciudadanos de a pie. Esa negación del cambio climático, acorde con el trumpismo más ignorante, más depredador y más canalla es un atentado a la vida de las personas, un peligro mortal para nosotros, pero aún más para nuestros hijos o nietos. No son meras impresiones de un rojo enfermizo. Veamos los datos tras las humillaciones a las que ha sometido el partido de Santiago Abascal y cierra España a las huestes de Núñez Feijóo, poquita fe en sus capacidades, en la conformación de los últimos gobiernos regionales.

En Extremadura, en Aragón, en Castilla y León, por ejemplo, los consejeros de Agricultura, que en algún caso reúne también Medio Ambiente, son cosa de Vox, claves para la gestión de montes, caza y prevención de incendios. Bien. ¿Y qué dicen los papeles y los dirigentes de Vox sobre el cambio climático? Rechazo del consenso científico sobre la intervención del hombre en el cambio del clima, que califica de “estafa” o “fanatismo climático” y se opone frontalmente a las políticas verdes de la Unión Europea y reclama la salida de España de todos esos acuerdos firmados con Bruselas. Y allá donde pueden, actúan. En la Comunidad Valenciana, eliminaron la Agencia del Cambio Climático creada por el Gobierno socialista de Ximo Puig. Y así lo explicó el portavoz de Vox en las Corts, José María Llanos: “Se elimina la Agencia del Cambio Climático, porque defender la naturaleza y un uso sostenible de los recursos no es someter a las personas al fanatismo del verde lechuga de las políticas de izquierda, que nos ha traído, entre otras cosas, la tragedia de la riada”. De lo que piensa, es una manera de hablar, la polímata Díaz Ayuso sobre el cambio climático ya nos ha informado aquí mismo Íñigo Sáenz de Ugarte. Recordatorio: “Una ‘ola internacional’ que impone unas costumbres que ‘están favoreciendo también pobreza a manos llenas’”. Y todo ello, ya saben, para llegar al “comunismo”. La brocha gorda, que dice nuestra heroína. Desvergüenza y bajeza moral.

En Andalucía, obviando hablar de cambio climático, Vox ha conseguido más margen de maniobra que en ningún otro en contra de las políticas medioambientales, envuelto en una defensa heroica de los intereses patrios y una oposición feroz a las directrices de Bruselas pactadas por el Gobierno español, todo ello para “recuperar el sentido común y dejar a un lado el fanatismo ideológico”, se supone que el de las izquierdas, que el de las derechas sólo es cumplimiento de la ley divina. Pero como Juan Manuel Moreno es un tipo desahogado y de criterios ralos, tuvo el valor de mostrarse muy preocupado por el cambio climático, ese que niegan sus acuerdos con Vox, cuando compareció con Pedro Sánchez tras el terrible incendio de Los Gallardos, en Almería.

Pero el problema con la derecha/ultraderecha no es sólo el negacionismo del cambio climático, que ya tiene suficiente tela, sino las políticas del feroz liberalismo que imprime a sus gobiernos, resumidos en dos conceptos, unidos de manera indisoluble como Indívil y Mandonio o Nico Williams y Ferrán Torres: bajadas de impuestos y desprecio de los servicios públicos. Favorecen a los ricos, perdonándoles dineros tan necesarios para atender las necesidades básicas de otros ciudadanos más desfavorecidos y ahorrando, como ratas, en las necesidades imperiosas que salvarían vidas y patrimonio: el monte, su cuidado, el mantenimiento de un servicio de bomberos forestales suficientes y bien dotados con los equipos pertinentes. Los bomberos forestales madrileños han estado meses en huelga por el maltrato y la falta de inversión del equipo de Díaz Ayuso. Mejor, como en Castilla y León, desmantelar el servicio público, ahorrarse el dinero y dárselo a empresas pequeñas y sin medios. La todopoderosa -y salvaje- privatización. Los incendios, que se apaguen solos.

Estamos ante la muestra palpable, evidente, casi pornográfica, de las consecuencias a las que nos llevará la política ultraliberal del dúo Núñez-Abascal. “Los liberales piensan más en la libertad del zorro libre en el gallinero libre, según la ocurrencia con la que Jean Jaurès define el liberalismo económico ”, citado por Johann Chapoutot en Irresponsables: ¿Quién llevó a Hitler al poder? Lo estamos viendo en todo el mundo. Como empezamos a notar y sentir, casi en la piel, el rechazo a esa barbaridad inhumana y la gestación de un movimiento de vuelta a la necesidad de recuperar gestiones públicas que apuesten por el paraguas de la justicia social, despreciada, literalmente y en declaraciones públicas por Trump, Milei o la mamarracha –Puente dixit- Isabel Díaz Ayuso. ¿Problema con los incendios? Que se haga cargo el infame Pedro Sánchez, que yo prefiero el circuito de Fórmula 1 a los bomberos forestales, unos tipos rudos que seguro que no han pagado entradas para ver la Malinche de Nacho Cano. La verdad es que nos alegramos por los madrileños, que la última vez que la reina del vermú tuvo que ocuparse de algo serio, la gestión de las residencias de ancianos durante el Covid, ya sabemos el resultado. ¿Recuerdan el número 7.291? Muchos ciudadanos sin padre, madre o abuelos la tienen grabada a fuego en la frente.

Otro tema: Zapatero. O dos temas, Zapatero y el juez José Luis Calama. O tres, si sumamos a la UDEF. No quiere el Ojo mostrar sus dudas sobre uno sin mencionar las que tiene sobre los otros dos. La instrucción le parece bochornosa al Ojo, ya saben, siempre tan cariñoso con los jueces, y la actuación de la UDEF, deplorable, saltándose todos ellos el mínimo rigor en la defensa de la intimidad de un acusado. Una vergüenza. Y aún tenemos que averiguar qué pasa con la intervención en este asunto de Estados Unidos. ¿La entrevista a Zapatero? Seis-siete. Es curioso que el PP y sus terminales mediáticas, el 99% de los medios, que al Ojo le gusta exagerar, insistieran todos ellos, ¡ay, esos argumentarios!, en que Zapatero no dijo nada. Claro que lo hizo. Y negó toda implicación en el caso Plus Ultra con total y absoluta claridad. Que prefieran creer a los delatores, marca Aldama, Alí Babá y los 40 ladrones, allá ellos. Pero decirlo, lo dijo.

Pasa que todos queríamos –deseábamos- una explicación cristalina de las facturas de sus hijas, de todos sus contactos empresariales y políticos, así como que enseñara a los televidentes el certificado de cada una de las joyas, mejor si podía demostrar que un marciano verde, del que desconoce el nombre, se las dejó como recuerdo de su paso por la tierra. Y la revelación no se produjo. Es perfectamente entendible que su posición es de un equilibrio de precisión relojera, combinando la dependencia de la jurisdicción penal, su táctica de defensa, y la necesidad, para él, para el partido y para quienes siempre han creído en su honestidad, de defenderse políticamente y dejar absolutamente claro que no es un corrupto.

Pero convendría que la próxima vez que aparezca en una entrevista, dudo que la haya, lo haga mejor pertrechado y con las ideas, y las pruebas de su inocencia mejor articuladas. Claro que tiene todo el derecho a la presunción de inocencia, estaría bueno, y aquí nos rendimos a ella, y es evidente que son las acusaciones quienes tienen que probar los hechos presuntamente delictivos, pero no parece una política acertada enfrentarse a los leones del circo con las manos vacías y mirada candorosa.

Porque te comen y echan los huesitos a la arena de uno en uno.

Adenda. El Ojo aterriza en paracaídas en un mundo fantástico, ríanse de Alicia, arrastrado por su nieto. Digamos Tik-Tok, Instagram, Youtube. Generación Z y Alfa. La cosa es que el sábado se celebró en Sevilla una velada de boxeo entre youtubers, tras una acerada cadena de pullas entre ellos, organizada por la empresa de un crack de ese mundo, Ibai Llanos, según me informó el susodicho preadolescente. La velada reunió a 80.000 personas en La Cartuja y tuvo, hasta el domingo por la mañana, número que seguirá creciendo, más de ocho millones de visualizaciones. Un gran partido de Champions en el Santiago Bernabéu, el estadio del Real Madrid, reúne aproximadamente, miren por dónde, a unos 80.000 espectadores. A la vista de la cosa, el Ojo decide encadenar algunas cifras. En España hay más de 150.000 creadores de contenidos activos y relevantes, de los cuales más de 15.000 superan los 100.000 seguidores y cerca de 1.100 rebasan el millón de seguidores. Y están en ese mundo remoto para tanta gente de bien que hemos citado. Instagram cuenta actualmente entre 2.000 y 3.000 millones de usuarios activos mensuales en todo el mundo. Un poco menos, sigamos 2.000, TikTok. Y el tercero –o primero- del trío, Youtube, suma más de 2.700 millones de usuarios activos mensuales en todo el mundo. En España, unos 40,7 millones de usuarios.

Bien. El 49% de los jóvenes españoles entre 16 y 30 años utilizan las redes sociales para informarse de cuestiones políticas y sociales, según la Encuesta de Juventud realizada por el Eurobarómetro en 2024. En el caso de los jóvenes de la Unión Europea, ese porcentaje se sitúa en el 42%. Las redes sociales superan así los porcentajes de jóvenes que se informan en televisión (44% y 39% en la UE) y en las plataformas de noticias en línea (20% y 26% en la UE). Es en esa selva profunda, donde campan toda clase de personas bienintencionadas, cierto, pero también bestias feroces, azuzadas para llegar al paroxismo de la mayor salvajada para obtener más beneficios que el contrario, donde se alojan personajes despreciables como el llamado Xokas. ¿Qué no saben de quién hablo? Busquen los artículos de Antonio Maestre.

Dicho lo dicho, ¿son conscientes los partidos de izquierda de que más de cuatro millones de jóvenes entre los 18 y los 30 años emitirán su voto, cuando los arcanos decidan la fecha, bajo la feroz influencia de esa jungla prodigiosa, pero llena de sanguinarios depredadores, vilmente manejados muchos de ellos por esa ultraderecha mundial regada con miles de millones?

El Ojo, a la vista de lo cual, agotado, exhausto y marchito, se coge vacaciones en agosto.

Echen a correr si ven humo, por favor. En sentido contrario, no se olviden.

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El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

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