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Canto para los más despreciados del mundo

Familias migrantes esperan a las puertas del Centro Ecuestre la Hípica de Ceuta, a 3 de septiembre de 2026, a Ceuta (España).
5 de septiembre de 2026 21:46 h

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Se mira José K. antes de salir a la calle en el espejo azogado, tantos años de reflejar su escuálida figura, y considera ajustado a los hechos que nos abruman el atuendo que le ha prestado su vecino Rachid, escayolista, una habitación en los bajos, compartido el cuartico con Ahmed y Said. La chilaba –ganadora en realidad- sobre la camiseta y el pantalón es de algodón, fresquita, y luce rayas ocres de cuello a pies. Completan el look, que dirían los modernos, unas babuchas claritas y por arriba, tapando la calva, el consabido fez o tarbush.

La entrada en el café siembra un cierto pánico entre los clientes, más acostumbrados al mono y la boina, que no vaya a ser que el moro, como todos, venga con malas intenciones, que los de su ralea ya se sabe que sólo vienen a mangarnos la cartera, en el mejor de los casos, o a arrancarnos el mondongo en los sucedidos más extremos. Se quita el tocado José K. y la clientela reconoce al visitante, cafetito habitual. Alivio. Alguna sonrisa y todos sentados, ya resuenan de nuevo las fichas del pito doble sobre el mármol.

El Ojo Izquierdo. Estrepitosa entrada, doctor.

José K. Un pequeño homenaje a Ceuta, a los ceutíes asustados y a los inmigrantes desesperados. Una gota en el océano lo de la plaza española en África, que la emigración de los países más pobres a los más ricos es tan imposible de erradicar como encontrar bondad en Benjamín Netanyahu. No perdamos el tiempo y resumamos con datos de Naciones Unidas, algo anticuados. Estados Unidos: 50,6 a 52,4 millones; Alemania, 15,8 a 16,8 millones; Reino Unido, 9,4 a 11,8 millones, Francia: 8,5 a 9,2 millones. En España, éste sí es un dato actual, se calculan más de diez millones.

El Ojo. Pues sí que viene armado con armas de destrucción masiva.

José K. Ahora, en esa situación deplorable que todos los días vemos en Ceuta, pueden hallarse, así a mogollón, como se calculan los cerdos en las piaras, unos 5.000 inmigrantes, de los 80.000 “invasores” que les dicen, que todavía no hemos sido capaces de contarlos.

El Catavenenos. Ya sabrán ustedes que todo este sindiós es una maniobra artera de Pedro Sánchez para perpetuarse en La Moncloa y acabar con las elecciones. Lo dice Pilar Ferrer en La Razón, pero ya veremos que es moneda común entre nuestros cornetas del Apocalipsis, que alguno hay que unirá lo de Ceuta con el ataque virulento de Pedro Sánchez a Felipe VI. Contemplaremos el doble salto mortal sin manos, ale hop. Por partes. Escribe la susodicha Ferrer: “Cunde el rumor de que a Pedro Sánchez puede interesarle un estallido social con declaración de un estado de excepción que, por mandato constitucional, impide disolver las Cortes y convocar elecciones. Aquí lo dejo”.

José K. La banalización del mal. Ése es el mayor problema al que nos enfrentamos cuando tratamos un problema humano de dimensiones gigantescas como es la emigración, hombres, mujeres y niños sufriendo en carne propia el frío, el hambre, el dolor del desarraigo, de haber dejado atrás a abuelos, padres, esposas, maridos, hijos o nietos. Un drama descomunal que debería arrancarnos el corazón ante tanta desgracia y tanto sufrimiento. Pero qué va, al final la discusión se plantea en miserable politiquería interna de cada país, mirando el voto y cerrando los ojos ante los gritos de desesperación.

El Ojo. Es cierto. Qué espectáculo tan bochornoso ver a los dirigentes del PP intentando arañar ni tan siquiera un voto, sino un impúdico like de cualquier red social, gritando como energúmenos para que se eche al mar como perros sarnosos a esos menores, a esas niñas que huyen del infierno. ¿Quién se acuerda de los cayucos que se hunden en alta mar repletos de desgraciados seres humanos, quién de los más de 140 ahogados con la vista puesta en territorio español? Hablan de ellos como de cabras del aprisco, simples bultos sin nombre, cabeza ni corazón, bichos con dos patas, pero con menos derechos que el micifú de la casa, mira qué chuches tan ricas, rey mío.

José K. El horror es mundial, que como todos sabemos tiene que ver más con la aporofobia que con cuestiones de raza, que bien nos gusta agasajar al emir canalla o al petrolero salvaje –vestido de Prada- que nos compra empresas, chalés de lujo o clubes de fútbol. Esta vergüenza atraviesa el globo de este a oeste, de norte a sur. Trump, los partidos ultras europeos, Meloni como gran ejemplo, pero también Aylan Kurdi, el niño sirio de tres años cuyo cadáver apareció en una playa de Bodrum (Turquía) el 2 de septiembre de 2015, o los cerca de 200.000 africanos de distintos países, Mozambique, Lesoto, Zimbabue, que han tenido que huir de Sudáfrica ante los ataques salvajes de los grupos antiinmigración de aquel país que un día dirigió Nelson Mandela, fallida luz de esperanza.

El Ojo. ¡Qué terrible ver esas caravanas de personas exhaustas cargadas con sus míseros enseres –un colchón viejo y sucio, una olla descascarillada, una silla desvencijada para la abuela- huyendo de un lugar que les expulsa con violencia a otro que odia recibirles. Ultraje en la expulsión, ultraje en la forzada acogida, ahí se pudran en esos suelos enfangados por las terribles lluvias o no hagamos caso de los dolorosos gritos de los niños, heridos por el frío de las noches europeas. Que no hubieran venido.

José K. Es verdad que el caso de Ceuta es menos dramático, pero suficiente para helar la sangre de cualquier demócrata. Ocurre que mientras el PIB en España sea de 34.000 euros por habitante y el de Marruecos no llegue a los 4.000, el drama es insoluble. De por vida. Ocurre igual con Estados Unidos, 90.500 dólares y México, menos de 14.000. Honduras, 3.700. O Alemania, 54.000 euros y Turquía, 16.000. ¿Cómo evitar que jóvenes desesperados, sin futuro alguno, se lancen a la aventura de llegar a la tierra soñada, incluso si tienes que superar mares procelosos -Ceuta- o policías fascistas como en Estados Unidos? Esa aberración de que el 1% más rico acumula entre el 45% y el 47% de la riqueza mundial. Datos de Oxfam Intermón: este minúsculo sector posee más que el 95% de la población mundial. ¿Y quieren ponerles puertas al campo?

El Ojo. Ésa es la discusión que me hubiera gustado ver en el Congreso. Pero esperar semejante altura en el vuelo gallináceo de ese burócrata de la política, mero administrador de las órdenes que le imponen los poderosos, ese inane Feijóo es, simplemente, soñar con unicornios azules. ¿Se imaginan en esa tesitura al fiero Tellado, levantando la vista del papelito preparado para insultar a Sánchez y mostrando preocupación por los desharrapados del mundo? Tampoco, si me apuran, habría mucho que esperar de algunos cuadros socialistas y qué me dicen de Junts, por ejemplo, que a los de Vox les damos por perdidos en su nido de rencor y xenofobia. Para ellos, la selva.

El Cata. La confrontación en el Congreso es abominable, convertido un problema descomunal en medio mundo en el feo deporte de meter el dedo en el ojo del presidente, esa especialidad de la prensa de la caverna. Todo sirve para el mismo fin, impedir que Sánchez vuelva a presentarse, Federico Jiménez Losantos en El Mundo: “Sánchez ya ha entregado Ceuta. Las niñas violadas, los comercios arruinados, la humillación de los ceutíes se han producido y se seguirán produciendo por culpa de Sánchez (…) Es la puñalada argumental de un traidor, presidente del Gobierno de España pero siervo del sultán magrebí, (…) Como chulo de balneario, negocio familiar, recomendó en TikTok tres cancioncitas y tres lecturas -siendo un redomado analfabeto- y se largó un mes de vacaciones”.

José K. Lo que os decía. De ahí, y de su dependencia de Vox, nace esa absoluta falta de colaboración no ya con el gobierno, sino ni siquiera con los ceutíes y su presidente del mismo partido. ¿Menores? Ni uno. ¿Ayuda logística, colaboración en enfriar el suflé de una peligrosa violencia? Ahí os quedéis, que el mundo me resbala, no importa cómo ganemos la partida, que el barro es nuestro entorno predilecto.

El Ojo. Decía antes el Cata algo del rey…

El Cata. Sí, sí. Vean esa fantasmagórica conspiración de los socialistas –comunistas, les dicen- para acabar con la monarquía. Luis Ventoso, en El Debate, esa cosa de los propagandistas católicos: “Algunos creen que lo que está pasando es el preludio de la detonación del último cartucho del sanchismo, que consistiría en abrir el debate sobre la Monarquía. Sánchez lanzaría al PSOE contra la Corona en una osadísima maniobra de distracción, que supondría al tiempo una suerte de revolución de guante blanco contra el orden constitucional del 78. Se buscaría el fin de un modelo que sus socios de la izquierda comunista, Bildu y el separatismo catalán denominan con infinito desprecio ‘el Régimen del 78’”.

José K. ¿Cómo llevar a semejantes cerebros políticos y opinadores, tan obtusos como canallas, hacia territorios de mayor calado, de respeto a los derechos humanos, de empatía con esas víctimas de la pobreza consentida y animada por un capitalismo cada vez más feroz, más depredador?

El Cata. Déjenme poner la guinda, y permítanme esta joyita de Juan Abreu en Vozpópuli: “Se ha hablado del hackeo, por parte de los servicios de inteligencia del país vecino, de los teléfonos de altos cargos del Gobierno español, incluido el teléfono del presidente y su esposa (…) ¿Contendría imágenes comprometedoras el teléfono del presidente? Digamos, Sánchez en pelotas o Sánchez y su querida esposa en pelotas, o enfrascados en refocilamientos sexuales (…) sería muy peligroso para su permanencia en el Poder, si, imaginemos, en estas supuestas imágenes el presidente apareciera atado a una Cruz de San Andrés, listo para ser azotado por una dominatrix”.

José K. se desprende de la chilaba y saluda a los clientes del lugar: As-Salaam-Alaikum o Salam Malekum.

El Ojo y el Cata asienten: Podéis ir en paz.

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