El maratón de elecciones de los próximos meses puede resultar en un vuelco ideológico a escala mundial
En unos cuantos meses, en todo caso antes de un año, algunos de los países más influyentes en el panorama internacional pueden sufrir modificaciones sustanciales del reparto de su poder interno con consecuencias globales. Las elecciones previstas en Alemania, Francia, EEUU, Israel y Brasil, entre otros, pueden dejar resultados que cambien la actual orientación internacional y provocar un auténtico vuelco en el reparto de fuerzas de las distintas ideologías y líneas de política a escala mundial.
La cita más próxima, y tal vez la más inquietante, cuando menos a escala europea, es la de las elecciones regionales en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, situado en la antigua Alemania del este, previstas para el próximo domingo. A esos comicios seguirán los de Mecklemburgo-Pomerania Occidental el 20 de septiembre y la serie continuará en meses sucesivos. Lo más relevante es que, con pocas excepciones, en todas ellas, el partido favorito, incluso para hacerse con el poder en alguno de los estados federales, es la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que en lugar de moderarse por la proximidad del éxito se radicaliza cada vez más.
La dirigente de AfD Alice Weidel ha declarado: “Si ganamos las elecciones federales —el paso siguiente para hacerse con el poder— en los primeros 100 días cerraré las fronteras, eliminaré todos los subsidios a los inmigrantes y llevaré a cabo las deportaciones más grandes de Alemania”. Y ese mensaje capta cada vez más a millones de alemanes que han abrazado la demagogia xenófoba como remedio para los problemas del país. “Los inmigrantes son los culpables” es el lema que ha abrazado un colectivo que no deja de crecer y que podría, en no muchos meses, gobernar el país.
Alemania tiene problemas. Su industria lleva años perdiendo fuerza y cosechando fracasos, la guerra de Ucrania ha reventado el modelo energético y los productos chinos le quitan cada vez más espacio. Pero los emigrantes no tienen la culpa
Es cierto que Alemania tiene problemas. Que su industria, sostén de un crecimiento económico formidable durante décadas lleva años perdiendo fuerza y cosechando fracasos. Que la guerra de Ucrania ha reventado el modelo energético y que los productos chinos le quitan cada vez más espacio de mercado. Pero los inmigrantes no tienen la culpa de ello, aunque millones de alemanes quieren hacérselo pagar.
Los ultras, en cabeza en Francia
También en Francia, que celebrará sus elecciones presidenciales en abril y mayo del año que viene, el de la inmigración es el asunto central del debate político. Entre otras cosas, porque el gran protagonista de ese debate es el partido ultraderechista Agrupación Nacional, considerado el favorito por todos los sondeos, aunque por estrecho margen. Pero, aunque es la gran favorita para las presidenciales, no todo es un camino de rosas para la formación. La veterana Marine Le Pen disputa el protagonismo al más joven Jordan Bardella, y la tradicional líder ultraderechista defiende posiciones más radicales, particularmente en el capítulo de la inmigración.
Entretanto, la izquierda está más dividida que nunca y, tras el hundimiento de las posibilidades políticas del presidente Emmanuel Macron, no se atisba ningún líder potencial para este espectro de partidos, cuya suma de votos aún sigue siendo mayoritaria, aunque por poco. La falta de liderazgo es tan angustiosa que en los últimos días ha surgido la hipótesis de que el último presidente socialista, François Hollande, podría volver a la arena política encabezando la candidatura de la izquierda. Y él no la ha desmentido.
Donald Trump podría sufrir un batacazo. Lo que nadie se atreve a pronosticar es en qué sentido cambiaría su política
Otra cita electoral de trascendencia mundial es la de las elecciones legislativas de medio mandato en EEUU. Porque, según los sondeos, en ellas Donald Trump podría sufrir un batacazo. Lo que nadie se atreve a pronosticar es en qué sentido cambiaría su política. Si intensificaría el radicalismo de sus posiciones o todo lo contrario.
Pero la inquietud más sustancial es que la reacción de Trump ante una derrota pudiera estar en línea con la que tuvo cuando perdió las elecciones con Joe Biden y ordenó el asalto al capitolio. Es decir, la de saltarse todas las reglas y propiciar un auténtico golpe de Estado con el fin de que los suyos no perdieran el poder y los privilegios que han adquirido. Parece una fantasía, pero en la prensa norteamericana no pocos creen que no es imposible.
Reto para el incombustible Lula
Brasil —que vota en sus presidenciales el 4 de octubre— e Israel —cuyas legislativas se celebrarán el 27 de octubre— son los otros dos países cuyos resultados electorales pueden tener un impacto global. En el gigante americano, porque una derrota de Lula da Silva a manos del hijo del expresidente Jair Bolsonaro y actual candidato de la derecha, Flávio, daría un impulso muy inquietante a la ola conservadora y muy radical que se expande por el continente. En Israel, porque habría que ver si una eventual derrota de Netanyahu, posible, pero no segura, daría el poder a un candidato más moderado y negociador o a un ultraderechista aún más radical.
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