Brasil se prepara para una dura campaña electoral de injerencias liderada por Trump y la extrema derecha global
El presidente Lula da Silva inauguró la campaña electoral el pasado domingo en São Bernardo do Campo, la ciudad industrial donde forjó su leyenda de sindicalista, envuelto en la bandera brasileña y apelando a la soberanía nacional. Simone Tebet, ministra de Planeamiento y Presupuesto durante el actual mandato de Lula, fue un poco más allá: “Mientras hablan de patria, quien defiende los colores verde y amarillo somos nosotros, porque ellos desfilan con bandera extranjera. Son traidores de la patria”. Casi simultáneamente, Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL), presumía en la playa de Copacabana de Río de Janeiro de ser el único que puede negociar con Estados Unidos“.
Brasil, que el próximo 4 de octubre elige presidente, gobernadores, diputados y senadores, vive su campaña electoral más atípica. En las últimas semanas, la injerencia de Donald Trump y Estados Unidos en la política brasileña ha hecho saltar todas las alertas en Brasilia. En mayo, tras su visita a la Casa Blanca, el presidente brasileño, Lula da Silva, declaró de forma tajante que Trump “no va a tener ninguna influencia en las elecciones brasileñas porque quien vota es el pueblo brasileño”. Sin embargo, la reconciliación de ambos mandatarios se desmoronó en pocas semanas. Y la sombra de la intervención trumpista en las elecciones fue cerniéndose sobre Brasilia a pasos agigantados. El desencuentro político ha provocado una situación inaudita a nivel diplomático: Estados Unidos no tiene embajador en Brasil desde enero de 2025 y el Gobierno Trump acaba de revocar el visado a Maria Luiza Ribeiro Viotti, embajadora brasileña en Washington.
La primera alerta llegó a Brasilia tras el viaje de Flávio Bolsonaro a Washington a finales de mayo. Su reunión con el jefe del departamento de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente, JD Vance, forzó que Estados Unidos declarase a los grupos de traficantes brasileños como organizaciones terroristas. Desde entonces, el intervencionismo estadounidense en el clima político brasileño fue in crescendo, con acciones inéditas: el instituto estadounidense McLaughlin & Associates vinculado a Trump ha realizado encuestas sobre las elecciones de Brasil, Washington impuso un nuevo tarifazo del 25% al país sudamericano, incrementó la presión contra PIX (sistema público de pagos electrónico), organizó un encuentro con influencers bolsonaristas en el consulado estadounidense en São Paulo, renovó por un año la emergencia nacional de Estados Unidos contra Brasil por considerar al país una “amenaza extraordinaria”... Por si fuera poco, The Wall Street Journal reveló que Trump envió a Brasil a dos altos asesores del Departamento de Estado, Riley M. Barnes y Samuel Samson, para cuestionar el sistema de urnas electrónicas del país sudamericano. Brasil evitó la situación negándoles el visado.
El caso más rocambolesco de intento de injerencia tiene que ver con el nombramiento de Daniel Perez, un diputado de Florida del ala más radical del trumpismo sin carrera diplomática, como embajador de Estados Unidos en Brasil. El Senado de Estados Unidos ratificó su designación sin contar con el agrément (aprobación diplomática) del Gobierno de Brasil, algo que incumple el artículo 4 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961. El Gobierno Trump, por su parte, vinculó la revocación del visado de la embajadora brasileña en Estados Unidos a la no aceptación de Daniel Perez. “Lo bizarro de este caso es que Estados Unidos no siguió de ninguna manera las convenciones internacionales. Es un comportamiento totalmente contrario a las reglas internacionales”, afirmó Celso Amorim, asesor especial de la presidencia para asuntos internacionales, en una audiencia en el Congreso de los diputados. Para la periodista Natalia Vianna, directora ejecutiva de Agência Pública, la involucración directa del Departamento de Estado estadounidense en las elecciones brasileñas no está provocando apenas “tensiones diplomáticas”, sino que configura ya “injerencia inaceptable y sin precedentes” desde el Golpe Militar de 1964.
¿Nuevo tipo de golpe?
Filipe Reis, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Estadual de Pernambuco (UEPB), alerta en videollamada con elDiario.es de la imprevisibilidad de las injerencias estadounidenses en el proceso electoral brasileño: “Creo que las autoridades brasileñas no están lo suficientemente atentas para defender la soberanía nacional. No están preparándose para un tipo de postura de Estados Unidos más agresiva contra Brasil y contra el propio gobierno Lula”. Felipe Reis alerta incluso sobre posibles ataques de guerra híbrida, que envuelvan cuestiones políticas, intervenciones en la economía y contenido en plataformas digitales, dado “la confluencia de intereses corporativos de las Big Techs y el Gobierno de Estados Unidos”. Fuentes diplomáticas de Brasil consultadas por este medio piden cautela y defienden respuestas proporcionales para cada situación que se presente, como la reciente aplicación de la ley de reciprocidad contra Estados Unidos, que tasará los productos estadounidenses con el mismo porcentaje del “tarifazo” a Brasil.
Las autoridades brasileñas no están lo suficientemente atentas para defender la soberanía nacional. No están preparándose para un tipo de postura de Estados Unidos más agresiva contra Brasil y contra el propio gobierno Lula
No obstante, la injerencia internacional no está llegando apenas de Estados Unidos, sino de varios actores de la internacional ultraderechista. Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, tras reunirse con Flávio Bolsonaro mandó un vídeo de apoyo a su campaña, incitando a los “evangélicos” a iniciar una guerra de civilizaciones. Por otro lado, la entrada en escena del presidente argentino, Javier Milei, que acudió al acto de lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro y llamó a Lula presidiario, ha provocado un encontronazo diplomático inédito en la historia. Brasil ha rebajado su relación diplomática con Argentina, expulsando a su embajador en Brasilia y retirando al suyo de Buenos Aires. Mauro Vieira, ministro de Relaciones Exteriores, en un reciente artículo critica con dureza la connivencia del bolsonarismo con la internacional ultra: “Agredir, amenazar, proferir insultos al anfitrión, sea en la casa, sea en el país de quien acoge la visita, o conspirar contra la propia patria en el exterior, son actitudes equivocadas ycondenables. (Brasil) no será gobernado por control remoto a partir de una capital extranjera”.
Tras las intervenciones de Trump y Milei a favor de Flávio Bolsonaro, fuentes del Gobierno brasileño reconocieron a Folha de São Paulo el miedo a una intervención coordinada con la ayuda de las grandes tecnológicas. El mayor temor tiene que ver con avalancha de desinformacióncon y uso de inteligencia artificial a pocos días de las elecciones. Las últimas encuestas revelan que las elecciones, en las que Lula tiene una ligera ventaja, no están decididas. Lula ganaría a Flávio Bolsonaro en el segundo turno por 43% a 40%, estando dentro del margen de error, según la encuesta de Quaest del 14 de agosto.
En medio de la incertidumbre y los temores a una injerencia mayor de Donald Trump en campaña, la Policía Civil del Distrito Federal desmanteló un grupo neonazi de 600 personas que planeaba explotar el palacio presidencial, con el presidente Lula dentro, antes de la celebración de la segunda vuelta de las elecciones.
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