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Steve Bannon impulsa en Brasil una película para glorificar a Bolsonaro, pero el resultado ha sido justo lo contrario

Imagen de la película 'Dark Horse' sobre Jair Bolsonaro, expresidente ultra de Brasil.

Bernardo Gutiérrez

Rio de Janeiro —
27 de mayo de 2026 22:39 h

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Steve Bannon, uno de los principales ideólogos del trumpismo, tenía un as bajo la manga para derrotar a Lula da Silva en las elecciones del próximo mes de octubre: una película al más puro estilo Hollywood sobre la biografía del presidente Jair Bolsonaro, preso por intento de golpe de Estado.

La receta trumpista parecía infalible. El actor Jim Caviezel, protagonista de La pasión de Cristo (2004, dirigida por Mel Gibson, todo un éxito en el público cristiano) provocaría, en palabras de Bannon, que la figura de Jair Bolsonaro fuera equivalente a la de Cristo y que la película sea percibida incluso como la secuela del film de Mel Gibson.

El plan era estrenarla a nivel internacional en septiembre, a las puertas de la primera vuelta electoral de Brasil, lo que impulsaría la candidatura de Flávio Bolsonaro. DarkHorse, cuyo tráiler acaba de publicarse, refuerza la imagen de Jair Bolsonaro como un outsider contra un sistema corrupto al que intentan asesinar en la campaña de 2018 (en la película con una pistola, y no con un cuchillo, como en la realidad) y que renace con vigor mesiánico para salvar el alma de Brasil.

El podcast político Foro de Teresina, que ha tenido acceso al guion de Dark Horse, reveló que al final de la película, los créditos informan que Lula ganó unas elecciones con “numerosas denuncias de fraude” y que Jair Bolsonaro fue preso tras las manifestaciones “mayoritariamente pacíficas” del 8 de enero de 2023 que, en realidad, destrozaron la sede de los tres poderes y formaban parte de un intento más amplio de golpe de Estado. A ojos de Steve Bannon, el éxito internacional de Dark Horse sería “estruendoso” y movilizaría a la base del bolsonarismo en las elecciones. “La historia de Bolsonaro habla por sí misma y Flávio [Bolsonaro] va a continuar ese legado”, argumentó Bannon, según recoge la Folha de São Paulo.

Los estrategas trumpistas no contaban con el roteiro Brasil (roteiro significa guion), una broma que los brasileños hacen para destacar que el guion de la política brasileña supera con creces a la ficción. Un audio divulgado por The Intercept Brasil reveló que Flávio Bolsonaro pidió 134 millones de reales (unos 23 millones de euros) a Daniel Vorcaro, el banquero preso por el escándalo del Banco Máster que repartió millones entre políticos, en su mayoría bolsonaristas. La conversación de WhatsApp ocurrió el 15 de noviembre, un día antes de que Vorcaro fuera detenido al intentar huir del país, acusado de dejar un agujero millonario en el Fondo de Garantía de Créditos (FGC), que protege a los inversores extranjeros en el país. Flávio no desmintió la conversación y se deshizo en excusas poco consistentes.

Las sospechas apuntan a que el dinero de Vorcaro no iría destinado a las cotas privadas anticipadas por los inversores privados de la película, como defiende Flávio, sino para la caja B de la campaña de Bolsonaro. Las investigaciones apuntan a que Vorcaro estaba operando debajo de la alfombra como principal financiador del bolsonarismo. Existen sospechas, como sugiere la periodista Ana Clara Costa del Foro de Teresina, que el dinero de Vorcaro esté financiando la estancia de Eduardo Bolsonaro, el otro hijo de Jair Bolsonaro, que ejerce de lobbista contra los intereses brasileños desde Estados Unidos.

Antes del escándalo de Dark Horse, la estrategia electoral de Flávio Bolsonaro estaba funcionando. El candidato Flávio estaba en empate técnico con Lula en casi todas las encuestas. Movilizaba a la base bolsonarista por inercia y seducía al centro ocultando su apellido Bolsonaro. El efecto Dark Horse, sin embargo, ha sido un meteorito demoledor para su candidatura.

El senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente de Brasil Jair Bolsonaro. EFE / Andre Borges

La encuesta Atlas/Intel, primera tras el escándalo, revela que Lula abre una brecha de siete puntos en una hipotética segunda vuelta contra Flávio Bolsonaro. El actual presidente conseguiría el 48,9% de los votos, frente al 41,8% de su adversario. Diversas encuestas revelan que el escándalo de Dark Horse impacta en la mismísima línea de flotación del bolsonarismo.

La prestigiosa Datafolha refleja una caída menor de Flávio (47 de Lula frente a 43 en segunda vuelta), pero apunta un detalle crucial: Lula ya atrae al 29% de los votantes de centro, frente al 20% de su oponente. La sangría en las propias filas bolsonaristas empieza a acusarse. Nombres de peso están pidiendo otro candidato de extrema derecha. Y crecen las presiones para que Michele Bolsonaro, ex primera dama, sea candidata, algo que incomoda a Jair y sus hijos, que quieren evitar entregar el legado del bolsonarismo a una extraña a la familia. Por su parte, Romeu Zema y Ronaldo Caiado, los dos candidatos fuertes de la derecha, han declarado públicamente que Flávio Bolsonaro no tiene condiciones de seguir siendo candidato por su presunta corrupción.

Esta semana, el Financial Times calificó el episodio Dark Horse como una “comedia de errores” que amenaza con hundir la candidatura del hijo de Jair Bolsonaro. De hecho, la película biográfica al que se encomendaba el trumpismo para derrotar a Lula está visibilizando múltiples desdoblamientos de corrupción del bolsonarismo. La Folha de São Paulo reveló el lunes que las productoras de bolsonaristas vinculadas a la película abrieron una empresa en un paraíso fiscal. Además, el Instituto Conhecer Brasil, próximo a la familia Bolsonaro, que gestiona el rodaje en Brasil de la película, está involucrada en un escándalo de falsas facturas y explotación laboral, como denunció la Revista Fórum. El hecho de que los 134 millones de reales solicitados por Flávio superen el presupuesto de la película ganadora del Óscar en 2025 Todavía estoy aquí (7,6 millones de euros) y El agente secreto (4,7 millones de euros) ayuda a visibilizar el tamaño del favor que Flávio pidió a Vorcaro. La cantidad excede también el techo electoral legal de la campaña de 2022.

La idea original de la película Dark Horse no partió del trumpismo, sino de Mário Frias, exsecretario de Cultura del Gobierno de Jair Bolsonaro y actual diputado del Partido Liberla (PL). La BBC reveló cómo Frias, uno de los principales gurús de la guerra cultural del bolsonarismo, consiguió seducir al guionista y director Cyru Nowrasteh, con un amplio historial de producciones con fuerte apelo cristiano como El apedreamiento de Soraya M (2009) o El joven Mesías (2016). En entrevista con la BBC News Brasil, Nowrasteh afirmó que “sintió que había muchas preguntas sin respuesta” alrededor de la cuchillada contra Bolsonaro de las elecciones de 2018 y que la película “ayudará a iluminar lo que está ocurriendo hoy en Brasil y el mundo”.

La incorporación del actor Jim Caviezel a Dark Horse rizó el rizo con el núcleo duro del trumpismo. Caviziel, defensor público de Donald Trump, es uno de los actores más populares dentro del universo Make America Great Again (MAGA) y un habitual del podcast de Steve Bannon. Caviziel abraza la teoría conspiratoria QAnon, que prega la existencia de una secta satánica y pedófila global operada por elites progresistas. En octubre de 2021, Caviziel fue la gran estrella de la conferencia For God and Country: Patriot Double Down, organizada en Las Vegas por influencers de la órbita QAnon.

Marco Dias, profesor de la Universidad Federal de Sergipe (UFS), especialista en guerras culturales, aseguró a la BBC que el sello de Hollywood en la película sobre Bolsonaro tiende a ser “interpretado como una gran victoria” por la derecha brasileña: “Es un proyecto que va a tener visibilidad, con la construcción de Bolsonaro como alguien perseguido y que tal vez tenga un mercado bien grande dentro de esos grupos de la nueva derecha global”.

Flávio Bolsonaro viajó esta semana a Washington a la desesperada, donde se reunió el martes con Donald Trump para alejar el fantasma de Dark Horse de su campaña. Para aumentar el efecto de una reunión discreta, poco comunicada en Estados Unidos, el bolsonarismo intenta recomponer el pulso de su guerra cultural.

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