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Opinión - 'Los miserables', por Rosa María Artal

Los miserables

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y parte de su dirección durante una reunión de la 'ejecutiva' este mismo mes de julio.
10 de julio de 2026 22:06 h

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Son una categoría especial entre las personas con diferentes grados de poder, que cada día parece engrosarse. Los miserables. Una de las palabras rotundamente polisémicas de nuestro idioma. Siempre alude a la escasez extrema y quizás la peor es la de valores morales, de escrúpulos, porque esos miserables precisamente suelen causar la desgracia de muchos otros en las acepciones de pobreza y daño. Sin piedad, con maldad deliberada incluso. Una exhibición completa, para lograr sus objetivos. Y crecen ahora, vaya si crecen. Es una definición, no un insulto aunque este sea un tiempo en el que se prodigan. Si lo prefieren pueden sustituirla por otra más “suave”, como el villano de las películas.

Suelen venir de lejos. Así, Mark Rutte, el actual secretario general de la OTAN -que podría acceder perfectamente al título de miserable de la semana-, no es un desconocido en las lides desplegadas en Ankara durante la Cumbre de la OTAN. Fue primer ministro de Países Bajos desde 2010 a 2024. Paradigma del Estado del Bienestar en la práctica -hasta dentista y gafas proporcionaban a los ciudadanos-, con Rutte cambió todo. Bajo el eufemismo de convertirse en “una sociedad participativa” pasó a ser un “compóntelas como puedas”. Paraíso fiscal en Europa, tanto él como su colega Jeroen Dijsselbloem -de imborrable recuerdo en la UE por su feroz castigo a Grecia- hicieron a su país líder de los autollamados “frugales” para desdeñar a los “vagos” del sur que se gastaban su dinero -el de ellos, parecía- “en alcohol y mujeres” dijo Dijsselbloem -ay, “en mujeres”-.

Tras situarse como el felpudo más servicial de Donald Trump, esta semana en Ankara no solo se tragó los insultos del presidente estadounidense a otros países miembros -como suele hacer en público-, sino que protagonizó una imagen que, mucho más que una anécdota, es todo un símbolo de miseria humana. Hay quien quiere ver en la actitud de Rutte con Trump una estrategia para que EEUU permanezca en la OTAN. Burlarse de las zapatillas del primer ministro albanés para que Trump ría desmonta por completo esa teoría. A veces, sí, una imagen dice más que cien palabras.

Trump sería el miserable mundial de todos los días. Tiene competencia por países diversos pero el destrozo de cuanto toca le coloca en la cúspide. Si lo pensamos bien, es un gran perdedor en sus empeños, salvo en el de forrarse con el dinero de los estadounidenses. El Nobel Paul Krugman resumió en pocas palabras la situación del nuevo enfrentamiento con el presidente español Pedro Sánchez, que, en la siguiente venada que le dio en horas, cambiaría por halagos. “El dolor en España reside fundamentalmente en el cerebro de Trump”, titulaba su artículo. “A estas alturas, ya no se trata de economía. Ni siquiera tiene sentido hablar de las políticas de la administración Trump, y mucho menos de ideología. Es una completa locura”, decía y lo que es peor: “Algo fundamental falla en Estados Unidos, en un país y en un sistema que permite que este individuo se mantenga en el poder”.

Ya estaban los haters con altavoz mediático en España echando leña al fuego para abrasar a Sánchez por esto, cuando les surgió un desastre de grandes proporciones: Alberto Núñez Feijóo, en su afán de ser presidenciable… para los empresarios, se dio un tiro cósmico en el pie. Ya lo comentamos y ha seguido sacudiendo mugre por todas partes: Feijóo no solo se ratifica en su desbarre de las bajas médicas, sino que asume las peticiones de la patronal y anticipa recortes en esas prestaciones por enfermedad y en ayudas sociales. Volver al tiempo de los capataces tiranos que las democracias arrinconaron. Esta vez no ha engañado, solo se habrá quedado corto, hay más detrás con seguridad. Es tendencia. Alemania, la gripada “exlocomotora de Europa”, recorta prestaciones; en España, que lidera ahora el crecimiento del continente, lo que interesa a la derecha es arramplar con todo.

Núñez Feijóo ha demostrado ser también un miserable de todos los días. La bajeza de sus acusaciones a Sánchez y el resto del entorno de sus enemigos -que así trata a sus rivales- está fuera de lo que es un debate político civilizado. Hiere solo oír tal odio y desproporción y pensar que este individuo puede llegar a presidir el gobierno de España. Su coro de cómplices en los altos cargos del PP se asemeja a una bandada de enfurecidas avispas hambrientas. En las redes es todos los días, a todas las horas. Hay crispadores permanentes, como Tellado o Bendodo o Muñoz o Gamarra pero cualquiera puede intervenir a soltar su veneno. Barra libre.

Si ser miserable en sentido moral es carecer de escrúpulos, algunos (presuntos) colegas mediáticos suelen entrar a menudo en ese terreno pantanoso. Han trabajado mucho por llevar al PP a la Moncloa y la última salida de Feijóo les ha dejado a cuadros. Uno de ellos decía: Es imposible ser tan malo en el contexto más favorable que ha tenido jamás un partido de la oposición en España. Es imposible abrir tantos debates sobre asuntos tan polémicos sin conocer bien los datos, sin usar las palabras correctas para explicarlo, sin una estrategia para comunicarlo y sin una propuesta alternativa que resulte comprensible (no digo ya ilusionante).

Y cuesta creerlo, pero ABC, el del corresponsal en la Casa Blanca arrebolado por su titular, lanzaba un editorial titulado “Trump ya cansa”. “Un buen líder, por definición, no causa confusión, ni muta de la mañana a la tarde sus opiniones sobre aspectos esenciales para el orden mundial”, argumentaba. Lástima que a su lado una columna de opinión de Salvador Sostres diera una bofetada a la decencia al afirmar sobre #Ayuso7291 “Ayuso compra las vidas que la izquierda mata”. “A la presidenta no la odian por ser de derechas, sino porque piensa que la vida es un deber”. Hiere solo leer titular y sumario. Su total falta de empatía por las víctimas de sus daños, entre otras cosas, la sitúan por encima de cualquier descripción al uso de la maldad. Y por cierto la rodean, aplauden y sirven un coro de villanos de la peor especie.

Aznar dirige a Ayuso. Y no hay definición que se ajuste al daño que ha hecho este personaje. Y en ello persiste como instigador de su famoso “el que pueda hacer que haga”, de tan evidentes resultados en campos fundamentales para el logro del proyecto. En el ejercicio de la justicia, seguimos asistiendo cada día a escandalosas decisiones, sin que nadie les ponga freno.

Añadamos las actitudes miserables, en este caso como adjetivo. Sobrecogidos por las terribles consecuencias del incendio de Almería, ya se han escuchado desde el primer momento la búsqueda de culpas con las que quitarse responsabilidades. Pero si por responsabilidades es, no ayuda nada suscribir la erradicación del “terrorismo climático” que propuso Vox precisamente en Andalucía, porque con ello se suprimen precisamente medidas de protección. Se va sabiendo lo ocurrido. Tremenda desgracia. Y Moreno Bonilla, que pide responsabilidades por el mantenimiento del tendido eléctrico si se confirma que el origen es la caída de un poste,. Y nos enteramos de que no se mandó el ES-Alerta “porque alcanzaba una zona demasiado amplia”, según el nuevo consejero de emergencias, pero “algunos alcaldes fueron avisando casa por casa”. Seguro que la mayoría de los responsables hacen lo mejor que saben en casos así. Más cuestionable, los miserables pata negra. Nadie como Miguel Tellado con esa actitud mezquina que, como los animales carroñeros, busca el provecho propio en cada desgracia. Hace falta mucho cuajo para decir, tras la gestión de su partido en la Dana o haber cambiado en sus comunidades a los bomberos por toreros que “España necesita un Gobierno centrado en la gestión. Hoy no lo tenemos. Y Feijóo priorizará medios para prevenir y combatir tragedias”. La desfachatez de Tellado, se multiplica al saber que el PP gobierna en la Junta de Andalucía, en la Diputación de Almería y en el Ayuntamiento de Los Gallardos donde ha ocurrido la tragedia. De cualquier modo, verán que el PP siempre logra desviar la atención de lo realmente importante cuando teme problemas por su gestión. Ya apenas se habla de otra cosa, ni del incendio en sí, tanto como de los insidias de los voceros del PP. Aquí lo que cuenta es si el PP consigue lo que quiere o no.

La cuota de ruines miserables es inabarcable. En este país, por sus estrategias para llegar al poder con las peores artes, como vemos. Fuera, en el concierto mundial, asusta la degradación que se está consintiendo. En el podio máximo, el Israel de Netanyahu, con sus cómplices, por supuesto. Enlazo, pero no expongo, la foto de un prisionero palestino que revuelve el estómago de indignación. La publicó elDiario.es

Los cómplices de tanto daño son tan culpables como los autores. En cada pedazo de villanía, hasta en el silencio que asiente y apoya. Se fijan mucho más que antes en España esta temporada. Desde Canadá nos decían, ante el ataque de Trump en Ankara con vuelta atrás, igual -con un poco de sesgo- que “España sobrevivió a los romanos, a los árabes, a Napoleón y a Franco. Y seguro que encontrará la fuerza para sobrevivir a Trump”. Eso, con total seguridad, pero ¿y a este permanente ataque ultra y sucio de tanto miserable? ¿La buena gente que vive en España no lo va a conseguir?

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