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“Menos pastillas y más zapatillas”: cómo la delgadez “sin esfuerzos” de Ozempic se ha convertido en otra forma de juicio

El cuerpo trabajado, delgado pero a base de esfuerzo, es el nuevo símbolo de estatus.

Carmen López

9 de julio de 2026 22:53 h

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Cuando Nathy Peluso mostró en sus redes sociales su nueva figura, varias tallas menos de lo habitual, entre los emoticonos de fueguitos, las declaraciones de amor y los “divina”, “guapa”, “reina” se colaron las críticas por haber utilizado Ozempic para adelgazar. Es decir, le echaron en cara haber tomado la vía fácil, a lo que ella respondió con un vídeo en el que aseguraba, con su particular estilo comunicativo, que ese cuerpo era fruto del esfuerzo. “Gimnasio, cardio, piso, pilates, escaleras, 10.000 pasos al día o más, pollo, pescado, espárragos, boniato, papa (...) Yo soy una perra laburadora”, enumera la artista de origen argentino como los ingredientes de la receta que ha seguido. O ‘la verdad de la milanesa’, expresión que utilizan en su país natal para indicar que esos son los hechos reales y que ella ha incluido en el texto de su publicación.

Este es solo uno de los múltiples ejemplos del juicio público al que se someten las celebrities cada vez que realizan un cambio radical en su aspecto. A la cirugía estética para rejuvenecer o librarse de grasa incómoda para el canon de belleza, se han unido estos fármacos agonistas del GLP-1 como el mencionado Ozempic, Mounjaro o Wegovy, entre otros, que anulan la sensación de hambre y facilitan la pérdida de peso de forma rápida. En un principio estaban orientados al tratamiento de personas con diabetes de tipo II, pero cuando se comprobó que también podrían ser de ayuda para pacientes con obesidad o sobrepeso su fama se extendió. Primero entre los personajes públicos; ahora entre la población anónima que los puede conseguir con una receta (en Estados Unidos ni siquiera es necesaria) o comprarlos en el mercado negro a un precio que ronda los 230 euros.

Su utilización es tan frecuente que ya se ha reflejado en series de ficción como And Just Like That, la secuela de Sexo en Nueva York, donde el personaje de Lisa le dice a su marido que use Ozempic “como todo el mundo” y deje de llorar por sus kilos. Y, en la pasada Super Bowl, el evento deportivo estadounidense que funciona como una jugosa plataforma publicitaria, abundaron los anuncios de este tipo de medicamentos. Entre ellos estaba el de la marca Ro, protagonizado por la tenista Serena Williams, que asegura haber perdido 14 kilos con su ayuda y sentirse mucho mejor. La campaña coincide en el tiempo con su vuelta al tenis profesional tras casi cuatro años de retiro.

Pero pese a su popularización, el estigma por su uso continúa. Según la compañía Ro (de la que el marido de Williams, Alexis Ohanian, es socio inversor), para la deportista el uso de su producto no ha sido nunca una mera cuestión de adelgazamiento sino un proceso que “tiene que ver con su mente, su cuerpo y su autoestima”. Mindy Kaling, una de las primeras en aparecer ‘menguada’ en público, se defendió de las críticas que recibió en su momento alegando que no se había quitado kilos por vanidad sino para vivir más tiempo y poder cuidar a sus hijos. Ariana Grande, cuya delgadez actual es extrema, declaró que su pérdida de peso se debe a que ha dejado el alcohol y los antidepresivos. La lista de famosos que han perdido volumen es tan larga como las críticas negativas que han generado con su nueva imagen.

Sin esfuerzo no vale

“Voy a confesar que en momentos de enajenación total he pensado ‘pues yo también me pincho y a cascarla’”, dice Paula a elDiario.es al respecto de la influencia que las celebridades pueden tener en el público con su imagen. Ella considera que “nos están generando una necesidad” y que todo el trabajo que había hecho para aceptar su físico “se va a la mierda porque ahora todo el mundo está esquelético. Empiezas a encontrarte todos los defectos y acabas pensando que, si todo el mundo lo hace, tú también podrías y te quitas de encima los complejos’”. Además, le parecen mal las famosas que “te cuentan milongas, tipo Mindy Kaling” acerca de cómo ha perdido peso cuando “claramente se están pinchando. Pero como no lo puedo demostrar, me callo”.

Diana coincide con ella en que es imposible que consigan esos resultados a base de entrenamiento y dieta sana. “Fíjate tú que cuando lo hacían antes del Ozempic, por lo que sea, no se ponían así de flacas”, sostiene. Con esto se refiere a “Nathy Peluso o Mindy Kaling” pero también a las que antes de perder peso ya se consideraba que estaban delgadas como Ariana Grande o Emma Stone. “Ahora parecen mood boards de Tumblrs pro-ANA [siglas que identifican lugares online con contenido que incita a la anorexia o la bulimia, que se popularizaron especialmente en la década pasada]”, manifiesta. Ella no ha pensado en utilizar estos medicamentos “de momento”, pero tiene un amigo que “toma Mounjaro”.

Lograr un cuerpo delgado tiene que requerir esfuerzo, sufrimiento, renuncias y dolor. Uno de los comentarios que analizamos lo resumía de forma muy gráfica: ‘menos pastillas y más zapatillas'

Maria Castellví-Lloveras profesora de la Facultad de Comunicación de la Universitat Pompeu Fabra

Aunque mayoritariamente el foco se pone en las mujeres, el Ozempic y derivados han llegado a todos los géneros. Actores como Andrew Garfield y Pedro Pascal han mostrado sus nuevos cuerpos reducidos con los consiguientes rumores de uso de agonistas del GLP-1, aunque ninguno de los dos lo ha reconocido y han hecho declaraciones sobre vida saludable por ‘exigencias de guion’. La polémica también ha afectado al streamer Ibai Llanos, que ha perdido alrededor de 70 kilos (según dice) y ha generado mucho contenido relacionado con sus sufrimientos en el gimnasio para lograr su objetivo. Mucha gente le ha acusado de utilizar medicación, algo que siempre ha negado y hasta se sometió a una prueba de polígrafo para demostrar que no mentía (más contenido para sus canales, por otro lado).

De hecho, pese a su empeño en demostrar que no ha ‘hecho trampa’, el rumor aún circula: “Solían salirme vídeos del Ibai ese entrenando y diciendo lo mal que lo estaba pasando pero que el esfuerzo le iba a valer la pena y que si el entrenador y todo eso”, declara John, “pero el otro día me enteré de que tomó Ozempic para el proceso de adelgazamiento y pensé ‘qué decepción, ya me extrañaba’”.

Llanos alegó en algunas de sus intervenciones que utilizar alguno de esos productos farmacéuticos le daba temor por los posibles efectos secundarios y que hubiese sido su última opción. Verónica también considera que puede haber peligro porque se trata de “medicamentos para la diabetes con efectos secundarios muy graves. Y se sabe”. Además, se pregunta quién querría no poder disfrutar de la comida y quitarse el hambre por estar delgada con una pastilla. “Yo sé que la anorexia es una enfermedad muy seria. Y se parece mucho esto. Da miedo”, afirma.

La cantante Lola Índigo se cuestionó lo mismo en un episodio reciente del podcast La pija y la quinqui aunque aclaró que se refería a personas con un cuerpo normativo, no con problemas de obesidad. Una acotación que consideró necesaria después de que el pasado mes de abril revolucionase la opinión pública con unas declaraciones en contra de la utilización de este medicamento. “Entre comer y ser feliz y tener mi cuerpo normal a no comer y ser una desgraciada para ponerme flaca, prefiero comer”, manifestó en aquel momento.

España, un país gordofóbico

El pasado mes de febrero, Lara Martin-Vicario, profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC,) y Maria Castellví-Lloveras, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) publicaron un estudio titulado Fármacos GLP-1 y la rearticulación del estigma de la gordura en España: respuestas públicas a la farmaceuticalización de la grasa. Para su elaboración analizaron 648 comentarios de lectores de diversos periódicos, incluidos este, publicados entre 2022 y 2024. Su intención era comprobar cómo el mensaje acrítico o positivo difundido por las farmacéuticas, de manera más o menos encubierta, ha permeado en el debate público sobre el adelgazamiento y la vigilancia sobre los cuerpos gordos.

“Creíamos importante centrar el estudio en el contexto español, teniendo en cuenta que la gran mayoría de investigación sobre los GLP-1s se ha realizado desde una perspectiva anglosajona o americana. En España hay un marco de pensamiento profundamente gordofóbico, instaurado como una forma de sentido común en la que el cuerpo gordo es un cuerpo enfermo, pero, además, irresponsable, y que tiene que aprender a autorregularse y corregirse”, explica Lara Martin-Vicario. Lo que observaron en su investigación es que al proceso que se lleva a cabo para lograr esa corrección se le aplica un juicio moral. “Lograr un cuerpo delgado tiene que requerir esfuerzo, sufrimiento, renuncias y dolor. Uno de los comentarios que analizamos lo resumía de forma muy gráfica: ‘menos pastillas y más zapatillas’”, señala Maria Castellví-Lloveras.

Así, la sociedad somete a un doble juicio a las personas cuyo peso no encaja en los cánones normativos. Ellas lo relacionan con la moral de tradición cristiana. “En la gran mayoría de comentarios que hemos analizado los usuarios exigen un proceso de redención en el que las personas gordas tienen que ganarse el premio que representa tener un cuerpo delgado”, desarrolla Martin-Vicario y añade que “Es una forma de juicio que ya había aparecido anteriormente, por ejemplo con la cirugía bariátrica”.

Aunque esa vigilancia de los famosos afecte también a las celebridades masculinas, quienes están sometidas a un escrutinio más estricto son las femeninas y las personas con identidades de género no normativas. “A ellas se les pide responder a un doble estándar muy contradictorio: por una parte, la industria del entretenimiento y mediática les pide ajustarse a unos cánones de belleza muy limitantes y, al mismo tiempo, que todo el trabajo estético que conlleva esto no se note o que no sea visible”, formula Castellví-Lloveras.

En la gran mayoría de comentarios que hemos analizado los usuarios exigen un proceso de redención en el que las personas gordas tienen que ganarse el premio que representa tener un cuerpo delgado

Lara Martin-Vicario profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UIC

En el caso de las famosas con cuerpos no normativos que hicieron de su figura una forma de resistencia, como la cantante Lizzo, la crítica ha sido mucho más despiadada cuando han adelgazado drásticamente. “A aquellas que no encajan en estos patrones hegemónicos se les exige que sean coherentes y que no traicionen sus ideales. Todo esto bajo una mirada profundamente individualista y neoliberal, que tiende a obviar las presiones estructurales que afectan a estas mujeres, y enmarca este trabajo estético como ‘decisiones personales’, completa la profesora de la UPF.

Para Lara Martin-Vicario, estas figuras públicas que tienen tanta exposición mediática tienen responsabilidad a la hora de contribuir al estereotipo de un cuerpo deseable, correcto y aspiracional. “Son figuras con muchos privilegios y recursos económicos, que tienen agencia para incidir positivamente en diversificar las representaciones que vemos en las pantallas”, comenta. Pero en lugar de ayudar a la aceptación de que todos los físicos son válidos, se ha terminado por establecer un canon de belleza basado en la delgadez extrema. Todos los logros del movimiento body positive se han esfumado en cuestión de meses.

Pero las académicas también creen que es importante ir más allá y analizar el fenómeno de manera más estructural. No son solo las famosas –como construcciones sociales, no como personas individuales– las que fomentan este modelo de belleza sino que es la suma de muchos más factores que van desde las tallas de la ropa del fast fashion a la convención social que considera un piropo comentar la bajada de peso de alguien. “En España queda muchísimo trabajo por hacer para desmontar un imaginario social gordofóbico que representa una grave amenaza para la salud de todas”, concluye Castellví-Lloveras.

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