La portada de mañana
Acceder
Sánchez se enfrenta al Congreso más hostil de su presidencia
Un calor extremo que no se va: por qué este verano es “un aviso para el futuro”
OPINIÓN | 'Ábalos-Koldo-Aldama, otra caja negra de la corrupción', por Neus Tomàs

“Estarás irreconocible para julio”: llega el verano y las redes vuelven a convertir tu cuerpo en un problema

Estos mensajes continuados de culto a la delgadez pueden causar malestar psicológico o físico en quien los recibe.

Carmen López

23 de junio de 2026 22:35 h

2

Cualquier usuaria de redes sociales como Instagram o TikTok tiene todas las papeletas para encontrarse con contenidos que proponen planes para adelgazar o esculpir su cuerpo. Vienen de cuentas que no siguen y, en muchas ocasiones, se trata de anuncios o colaboraciones pagadas de la influencer de turno con alguna marca de productos relacionados con el tema. El 'bombardeo' no es nuevo pero sí más invasivo en estas plataformas: los medios tradicionales tienen un alcance más limitado o más fácil (relativamente) de esquivar, pero el algoritmo es poderoso y sabe por dónde colarse. Estos mensajes continuados de culto a la delgadez pueden causar malestar psicológico o físico en quien los recibe. Y, por supuesto, suponen un retroceso claro en la lucha por la diversidad corporal.

“Me salen esos anuncios constantemente”, dice María. Ella no ha hecho nada de lo que le proponen, pero sí le resulta “agobiante” ver esas publicaciones. “Me hace gracia eso de ‘tendrás un cuerpo que nadie reconocerá’”, confiesa y se pregunta si alguien seguirá ese tipo de retos de pérdida de kilos o tonificación muscular. En el timeline de Rosa son incesantes esas promesas que hacen reír a María y también a ella, que dice que la más repetida es: “amiga, empieza este 1 de julio y tu marido no te reconocerá. Prueba pilates o calistenia”. Pero aunque le resulten cómicas, sí le hacen “sentir culpable” por no hacer más ejercicio: “te comen la cabeza con que tienes que comer sano y hacer ejercicio. Ya ni siquiera por salud, sino por tener un cuerpazo para impresionar a los demás. O al menos ese parece que es el mensaje que te venden”. 

“Sí, me aparecen esas publicaciones sin parar. ¿Y he pinchado en todas? Pues también”, reconoce Laura. No se siente identificada con las supuestas problemáticas que presentan los emisores (exceso de kilos, flacidez, etcétera) pero, de alguna manera, le interesan. “Doy clic, pero en muchos, del tipo cursos de yoga o de pilates que prometen ponerte en forma en tres pasos, hay que rellenar formularios y paso”, afirma. En ocasiones, busca en ChatGPT precios de centros especializados en esas prácticas o descuentos de Groupon, aunque “nunca se convierten en compra, pero pierdo mucho tiempo”. Además, también le muestran anuncios de clínicas, pero en esos no entra.

Va por épocas, pero pobre de mí como pinche en cualquier mierda. El fascismo incluye controlar nuestros cuerpos

A Julia el algoritmo le dispara este tipo de contenidos sin piedad porque, según afirma: “sabe que soy gorda”. “Va por épocas, pero pobre de mí como pinche en cualquier mierda. El fascismo incluye controlar nuestros cuerpos”, declara. A ella este asunto le parece muy problemático y le da “bajón ver cómo todo lo que se había ganado en la batalla de la representación y la aceptación social se va por el desagüe”. Considera que ella tiene “los deberes hechos” para que este tipo de contenidos no le afecten en su autoestima o la agobien aunque nadie se libra del todo. “Siempre hay una pequeña parte de ti que se conecta con lo que la sociedad quiere, pero en mi caso la sé domar y se queda en un pensamiento intrusivo”, manifiesta.

La opinión profesional

La psicóloga Natalia Seijo, directora del NS Centro de Psicoterapia y Trauma en Ferrol-A Coruña y codirectora del máster de Trastornos Alimentarios de la Universidad Complutense de Madrid, expone que este tipo de contenidos pueden contribuir “al desarrollo o al agravamiento de un trastorno alimentario, especialmente en personas vulnerables”. No cree que una publicidad de una crema o un vídeo de ejercicios “cause” un Trastorno de Conducta Alimentaria (TCA) por sí solo, ya que se trata de una enfermedad en la que intervienen diferentes factores, pero sí puede ser “un factor de riesgo o un disparador”. 

Este tipo de contenidos pueden contribuir al desarrollo o al agravamiento de un trastorno alimentario, especialmente en personas vulnerables

Natalia Seijo Psicóloga

Sara Bujalance, presidenta de l'Associació Contra l'Anorèxia i la Bulimia de Catalunya, coincide con la opinión de Seijo. Sostiene que esas personas más vulnerables son las mujeres menores de 25 años. “La presión estética por estar delgada es un factor de riesgo muy claro y lo que hacen las redes sociales y los medios de comunicación en general es amplificarla”, mantiene. Además, la sociedad aún arrastra la idea de que la delgadez es símbolo de éxito y el sobrepeso de fracaso, porque la persona no ha sido lo suficientemente disciplinada. “Acaba por ser muy discriminatorio y perjudicial”, explica la especialista.

Aunque la población femenina con más edad tienen muchas menos probabilidades de desarrollar un TCA, eso no implica que no puedan sufrir por su figura. “Hay que entender que tenemos derecho a tener una relación amable con nuestro cuerpo, lo cual no significa que tenga que gustarnos todo de él”, comenta Bujalance y añade que “la mujer por el hecho de serlo recibe más presión. Eso en sí ya es discriminatorio y además, a partir de los 35, se le añade la obligación a luchar contra la propia biología, la propia naturaleza”. 

Por un lado, se presenta el envejecimiento como algo necesariamente negativo, decadente e inevitable y, al mismo tiempo, el mercado da soluciones. “¿Qué es lo que tienes que hacer? Pues gastarte dinero y estar excesivamente pendiente. Entonces, una mujer de mediana edad que no lo ha tenido antes no va a desarrollar un TCA. Pero sí puede sufrir un malestar emocional que sería evitable si presentáramos un entorno social más respetuoso en ese aspecto”, plantea la especialista. 

La aceleración de la IA

Si los filtros de las apps que ‘mejoran’ la imagen ya suponen desde hace tiempo un problema para usuarios o usuarias que no aceptan su aspecto real, la llegada de la IA ha sido como un torbellino. “Permite construir un cuerpo ideal inexistente, muy convincente visual y aparentemente alcanzable. Eso puede aumentar la distancia entre el cuerpo real y el cuerpo deseado. La IA no solo retoca, sino que fabrica ideales”, manifiesta Seijo. 

Por su parte, Bujalance destaca que en la comunidad de profesionales ya se ha tratado el tema y existe preocupación. “La manipulación de la imagen ha existido siempre, pero ahora yo misma puedo crear una imagen y difundirla sin tener conocimientos de diseño o edición”, expone.

La manipulación de la imagen ha existido siempre, pero ahora yo misma puedo crear una imagen y difundirla sin tener conocimientos de diseño o edición

Sara Bujalance Presidenta de l'Associació Contra l'Anorèxia i la Bulimia de Catalunya

Ambas consideran que es necesaria una regulación más estricta en cuanto a la publicidad que se difunde por redes sociales. Tanto la evidente como la de los influencers o creadores de contenidos hacen de productos que, aunque tengan que señalar que se trata de un anuncio, en ocasiones es difícil ver la etiqueta. Existe consenso dentro de su gremio acerca de que ciertas publicidades deberían estar filtradas o prohibidas directamente, explica Bujalance: “en función del perfil a quién va dirigido”. 

Seijo concreta que se debería exigir transparencia “cuando una imagen está retocada o generada con IA, limitar anuncios de adelgazamiento hacia personas vulnerables, y controlar mejor los algoritmos que empiezan mostrando contenido ‘fitness’ o ‘wellness’ y terminan empujando a la persona hacia contenido cada vez más restrictivo o centrado en la pérdida de peso”.

La moda del lipedema

Vanessa declara que estas publicaciones en Instagram le proponen probar la calistenia militar con imágenes de “mujeres a todas luces creadas por IA con más bíceps y abdominales que Topuria”, define. Pero ahora, además, le aparecen anuncios de fundas para piernas para drenaje linfático “que antes costaban 1.400 euros y ahora solo 800 euros. Hacen todo el trabajo por ti mientras las disfrutas desde el sofá con la tablet”. Una vez buscó información sobre el lipedema porque una compañera de trabajo le señaló que, por el tamaño de sus tobillos, tenía toda la pinta de sufrir dicha patología. Desde entonces, el algoritmo le muestra “mujeres que se operan de ello y tienen unos hematomas horribles y vendas y unos maridos que las quieren mucho, eso sí”, señala.

Cada cierto tiempo, las redes sociales se llenan de contenidos relacionados con alguna enfermedad de la que no se sabe demasiado. Bien porque es difícil de diagnosticar, porque afecta a un porcentaje pequeño de la población o porque la comunidad médica considera que no hay evidencias suficientes como para considerarla enfermedad. Pero, de alguna manera, los vídeos de usuarias y usuarios (aunque abundan las mujeres) que se han autodiagnosticado, se viralizan. Suelen tener en común que los síntomas son tan poco específicos que cualquiera podría tenerlos y que afectan al aspecto físico. Si hace ya algún tiempo la estrella era el SIBO —que es el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado y puede causar gases excesivos, cólicos, fatiga y, sobre todo, hinchazón abdominal— ahora en el top están la distensión abdominal funcional (barriga hinchada) y el mencionado lipedema.

En la página web de la Federación española de asociaciones de linfedema y lipedema (FEDEAL), explican que se trata de una enfermedad crónica que se caracteriza por una “acumulación simétrica de tejido adiposo (graso) en la cadera, glúteos y piernas o, con menos frecuencia, en los brazos”. Afecta en la mayor parte de los casos a mujeres y los expertos estiman que entre un 4% y un 11% de la población femenina mundial la sufre en diferentes grados. Y hay una diferencia bastante grande entre el nivel I, que presenta una superficie de la piel irregular y blanda parecida a la celulitis y el III, donde las zonas afectadas se ven claramente debido a su tamaño.

No es la primera vez que la industria usa la salud y el bienestar emocional, sea lo que sea eso, para venderte cosas y para hacerte sentir que no estás a la altura o que hay algo mal en ti

Alexandra Lores Periodista

La periodista y editora Paloma Abad publicó un texto en su perfil de Substack Pretty in, pretty out al respecto de este asunto. En él afirma que encontrar a un profesional que lo diagnostique especialmente en la sanidad pública puede ser muy complicado (la OMS no lo reconoció como enfermedad hasta 2018), así que las mujeres preocupadas acaban por acudir a clínicas privadas. De hecho, ya existe una ‘súperespecializada’, cuyo director, el doctor Enrique Burgos de la Obra, es “a la cirugía del lipedema (fue pionero en importar la técnica WAL) lo que Rafa Nadal al tenis mundial. El número uno”, define la escritora. El pasado mes de mayo, la comunicadora Tania Llasera publicó en su Instagram un vídeo en el que dicho médico enseña cómo es el diagnóstico.

Alexandra Lores, periodista que escribe habitualmente sobre moda y belleza, declara que hay una conversación muy potente en torno al lipedema. “No es la primera vez que la industria usa la salud y el bienestar emocional, sea lo que sea eso, para venderte cosas y para hacerte sentir que no estás a la altura o que hay algo mal en ti”, sostiene. A ella le parece que, en el caso de esta patología, es muy fácil que alguien se autodiagnostique como paciente. “Habla de una serie de síntomas que todas podemos tener y ser perfectamente celulitis o que hayas engordado un poco. O que te salen moratones y a mí, por ejemplo, me salen. Pero de repente no lo puede tener todo el mundo”, señala. Recibir esa información, sea veraz o no, constante puede hacer que aunque quien la recibe tenga claro que no padece dicha enfermedad puede llegar a dudar. “Eso es para mí lo problemático del asunto, porque es una maquinaria muy grande”, concluye.

Etiquetas
stats