El litoral de Huelva con cinco kilómetros de arena dorada que conserva los restos de una torre del siglo XVI en su orilla
En el municipio de Almonte, frente al océano Atlántico y junto al Parque Nacional de Doñana, Matalascañas ocupa uno de los principales tramos turísticos de la costa de Huelva. Su playa se extiende a lo largo de unos cinco kilómetros y combina zonas urbanizadas con otros sectores donde el sistema dunar y los espacios protegidos tienen una presencia mucho más cercana. La arena fina y dorada define un litoral que concentra buena parte de la actividad turística del municipio.
Uno de los elementos más reconocibles de la playa lleva varios siglos junto al mar. A pocos metros de la orilla permanecen los restos de la Torre de la Higuera, una torre almenara construida a finales del siglo XVI dentro del sistema defensivo levantado para vigilar este tramo del litoral andaluz. Su función era detectar posibles incursiones desde el mar y transmitir el aviso a otros puntos de vigilancia. Con el tiempo, la estructura perdió su posición original y hoy aparece volcada y parcialmente rodeada por el agua.
Este vestigio, conocido popularmente como La Peña, El Tapón o la Piedra de Matalascañas, se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de la localidad. Su presencia recuerda una etapa anterior en la que este tramo de costa necesitaba reforzar su vigilancia frente a posibles amenazas procedentes del mar. Al mismo tiempo, la cercanía de Doñana hace que Matalascañas no se limite únicamente al frente urbano, ya que en sus extremos el paisaje cambia y da paso a playas, dunas y zonas protegidas. Esta proximidad permite pasar de la parte urbanizada a espacios naturales protegidos sin salir del municipio de Almonte.
Cinco kilómetros frente al Atlántico
La playa de Matalascañas pertenece al municipio de Almonte y ocupa aproximadamente cinco kilómetros de su litoral. A lo largo de este tramo se alternan zonas con servicios, alojamientos y accesos urbanos con otras donde disminuye claramente la presencia de edificaciones. Su ubicación junto al océano Atlántico y al límite de Doñana explica esta transición, que se aprecia al dejar atrás el núcleo más desarrollado y avanzar hacia sectores donde el sistema dunar gana protagonismo.
El crecimiento turístico ha convertido Matalascañas en uno de los principales destinos de playa de la provincia de Huelva. El arenal concentra instalaciones y servicios relacionados con el baño, el alojamiento y las estancias vacacionales. Su situación permite pasar en pocos kilómetros de un frente muy urbanizado a un entorno con muchas menos construcciones, una diferencia que se hace más evidente al acercarse a las zonas conectadas con Doñana.
La proximidad también se aprecia en su relación con el Parque Nacional de Doñana, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Desde los límites de la urbanización, el paisaje continúa hacia zonas de playa y dunas integradas dentro del espacio protegido. De este modo, el núcleo funciona como uno de los puntos de acceso al entorno de Doñana, aunque cualquier recorrido por áreas protegidas debe respetar las normas y los accesos establecidos.
La ubicación de Matalascañas permite observar dos realidades distintas de la costa onubense. Por un lado, aparece un destino consolidado de turismo de sol y playa, con un frente marítimo ocupado en buena medida por viviendas, alojamientos y servicios. Por otro, a poca distancia surgen tramos donde el carácter natural resulta mucho más visible. Entre ambos espacios queda una línea de costa expuesta a la acción del Atlántico, algo que también ha influido en la conservación de la antigua torre situada frente a la playa.
La torre que vigilaba la costa
La Torre de la Higuera formó parte de una red de construcciones defensivas levantadas a finales del siglo XVI para reforzar la vigilancia de la costa de Huelva. Estas torres funcionaban como puntos de observación ante posibles ataques de corsarios y piratas que podían acercarse desde el mar. La de Matalascañas se integraba en ese sistema de avisos repartido por distintos sectores del litoral, pensado para facilitar una respuesta más rápida ante la presencia de embarcaciones consideradas una amenaza.
Su aspecto actual tiene poco que ver con el que presentaba cuando estaba en funcionamiento. La torre terminó desplomada y quedó en posición invertida, por lo que la parte que hoy sobresale junto al agua corresponde a los restos de aquella construcción defensiva. El paso del tiempo, el oleaje y la erosión marina han ido modificando su superficie. Esta posición explica su forma actual, que a simple vista puede parecer un bloque aislado de piedra más que una antigua estructura destinada a vigilar la costa.
La ubicación de los restos también ha cambiado respecto a la línea de costa. En la actualidad aparecen a pocos metros de la orilla y quedan parcialmente rodeados por el agua dependiendo del estado del mar y de las mareas. Esa cercanía hace que la antigua construcción forme parte del paisaje habitual de la playa. Su relevancia histórica ha motivado su protección como Bien de Interés Cultural dentro del patrimonio relacionado con las antiguas defensas costeras de Andalucía.
La Torre de la Higuera tiene hoy una función completamente distinta a la que motivó su construcción hace más de cuatro siglos. Ya no forma parte de una red de vigilancia, pero sigue marcando todavía hoy uno de los puntos más reconocibles de Matalascañas. Junto a un arenal de aproximadamente cinco kilómetros, el vestigio recuerda el pasado defensivo de este tramo de Huelva mientras el entorno combina actividad turística, costa atlántica y la cercanía de Doñana.
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