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INVESTIGACIÓN

Militares rocían con gas pimienta a menores migrantes en Ceuta mientras caminan o vuelven de comprar comida

Reda (nombre ficticio), menor, cuenta que los militares le atacaron con gas pimienta

Gabriela Sánchez

Ceuta —
23 de septiembre de 2026 22:22 h

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La presencia militar se sentía más intensa de lo habitual en las naves del Tarajal cuando dos vehículos de las Fuerzas Armadas emprendían su salida del polígono ceutí. Al verlos, un joven marroquí, atemorizado, baja la cabeza y trata de alejarse lo más posible de los uniformados. Los furgones se acercan despacio al llamado “mirador de la frontera”, una curva con vistas al perímetro donde a menudo se acumulan grupos de personas, muchos migrantes, a observar la actividad de la aduana. Uno de los militares mira fijamente al exterior con la ventanilla bajada. Dos chicos se apartan de golpe y giran la cabeza. Uno de ellos se tapa los ojos y corre a pedir ayuda: “Nos acaban de tirar gas los militares por la ventanilla. Me pica mucho la boca y la cara”, alerta el chaval en ese mismo instante alDiario.es.

El joven que toca su cara angustiado tiene 17 años. Se llama Nawfaly. Nervioso, se retira las gafas, que han evitado el contacto directo del producto químico con sus ojos y señala sus cristales. En ellas pueden verse pequeñas gotas del aerosol esparcidas por los vidrios. Su boca y mejillas empiezan a enrojecerse como reacción al gas que acaban de rociarle mientras caminaba por la calle con un amigo en dirección al asentamiento donde duermen. “Veníamos de comprar algo de comida en el Mercadona, solo estaba andando, miraba el móvil, me han lanzado el spray desde el coche. ¿Por qué nos hacen esto?”.

Nawfaly, de 17 años, muestra su rostro irritado tras sufrir un ataque con gas pimienta.

elDiario.es ha comprobado en el momento la presencia de gas pimienta o gas lacrimógeno en ese punto. Segundos antes del encuentro con el menor, la reportera que firma esta información había sentido picor en la garganta, tos seca intensa y repentina, los efectos habituales tras la inhalación de este producto. La zona donde se produjo la agresión estaba tranquila, no había ningún altercado de seguridad, había algunos migrantes desperdigados observando la frontera y un par de chavales caminando hacia las naves, al tratarse de un punto habitual de paso.

Mientras el Gobierno ha anunciado la apertura de una investigación interna sobre las denuncias de agresiones, vejaciones y robos cometidas por parte de patrullas de militares tras la información publicada por elDiario.es, los migrantes siguen denunciando actuaciones violentas o el uso de material antidisturbios contra ellos cuando realizan actividades rutinarias como dormir, caminar por la calle, recoger agua o comprar comida. El Ministerio de Defensa no ha querido responder a las preguntas de este medio sobre las agresiones con gas.

Si bien cerca de una decena de jóvenes marroquíes cuentan que los niveles de violencia han “descendido” tras la publicación de sus denuncias en este medio y el posterior anuncio de la investigación interna por parte del Gobierno, muchos siguen señalando prácticas agresivas contra los migrantes, incluidos menores. Las Fuerzas Armadas no poseen las funciones policiales, de seguridad ciudadana ni de orden público que corresponden a los cuerpos civiles como la Policía o la Guardia Civil.

En la última semana, elDiario.es ha comprobado tres episodios —dos de ellos contra menores— en los que militares rocían con gas pimienta o lacrimógeno a migrantes durante sus actividades cotidianas, a los que se suman más testimonios de jóvenes marroquíes que este medio aún no ha podido verificar de manera independiente. Un día después de que una patrulla de militares lanzase gas hacia Nawfal mientras volvía de hacer la compra, Reda (nombre ficticio) regresaba este martes al campamento de la playa del Trampolín después de haber sido entrevistado por elDiario.es en los alrededores de la Jefatura Superior de Policía, donde intentaba registrarse como menor de edad. Cuando paseaba por las inmediaciones del Puerto de Ceuta, explica, un soldado le echó gas pimienta hacia los ojos.

Minutos después, el menor, de 17 años, escribió un mensaje a este medio: “Mientras caminaba hacia las tiendas de campaña donde duermo, unos soldados con boinas rojas me abordaron y me rociaron con gas lacrimógeno. Ahora estoy en las tiendas y siento un ardor intenso en los ojos”, alertó. Las “boinas rojas” que Reda describe coinciden con el tarbut utilizado por el Grupo de Regulares de Ceuta, una prenda de fieltro rojo de forma cilíndrica acompañada de una borla negra. En ese mismo momento, el chaval envió varias imágenes que muestran sus ojos enrojecidos, especialmente el derecho. “Eran cuatro. Cuando nos encontramos de frente con uno de ellos, me roció”, añadió. “Necesito ayuda. Me estoy muriendo por las quemaduras”.  

Reda, menor de edad, muestra la irritación del ojo tras ser agredido con gas pimienta.

Media hora después, el enrojecimiento había bajado, pero a Reda aún le costaba abrir su ojo derecho, cuyo párpado se le había inflamado ligeramente, como comprobó elDiario.es. El menor había pedido ayuda a un agente de la Policía Local de Ceuta que le proporcionó una solución que alivió el ardor, explica. Ya bajo su tienda y rodeado de sus compañeros, el adolescente mostró el estado de su ojo a este medio. La congestión ocular se mantenía, pero la irritación había disminuido.

“No había pasado nada. Solo andaba con un amigo, también menor. De repente vinieron, empezaron a gritar en español cosas que no entendía y me rociaron. Salí corriendo para llegar a la tienda”, dice el adolescente, ya más tranquilo y protegido junto a otros migrantes que suelen estar pendientes de él en el asentamiento. Como otros cientos de menores en Ceuta, Reda malvive en las calles de la ciudad pese a que su tarjeta marroquí de identidad demuestra que tiene 17 años. Pese a que la Ley del Menor y la de Extranjería obliga al Estado —bajo la responsabilidad específica de los Gobiernos autonómicos— a filiar y proteger en un centro de acogida a los menores sin acompañamiento de un adulto en el momento en que se tenga conocimiento.

En un tercer caso ocurrido el pasado viernes 18 de septiembre, pasadas las 6.00 de la madrugada, un furgón militar se introdujo en una zona privada del polígono del Tarajal —a pesar de que la verja se encontraba cerrada en un primer momento—. La patrulla aparcó junto a un coche rojo donde dormían algunos migrantes. Siete militares rodearon el vehículo y alguno de ellos lo golpea, según un vídeo al que ha accedido elDiario.es. Posteriormente, rociaron con gas lacrimógeno a quienes se encontraban en su interior. “Los soldados le rociaron gas lacrimógeno y ahora no puede ver bien”, relata una fuente en el asentamiento sobre una de las víctimas. Tras ser atendido por varios activistas, sus síntomas se aliviaron, según el testimonio de uno de los chavales.

Marco Antonio Gómez, portavoz de la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME), señala a elDiario.es: “No tenemos conocimiento [de estos hechos]. No quiere decir que no se produzcan, pero no hay ninguna evidencia legal ni jurídica que nos haya llegado. Tampoco vídeos ni fotografías. Sin embargo, sí que hay vídeos, fotografías, testigos y denuncias de migrantes pegando a militares. Si hay algún militar que se exceda en el cumplimiento de su trabajo, se tiene que aplicar la ley”.

Cada día Reda, y tantos otros chavales, preguntan a quien se encuentran por las calles si hay algún sitio que acoja a menores como él. Aún no ha obtenido respuesta alguna. Lejos de protegerle como la norma exige, la actitud de algunos militares empuja a huir a muchos menores cuando se topan con alguna patrulla cerca de ellos. “Lo que más miedo me da de estar en la calle es que me peguen los militares”, dice el chaval, quien menciona también las peleas que suelen estallar en la zona del Trampolín entre los propios migrantes como la segunda razón.

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