Mardin o la joya turca oculta de la Ruta de la Seda
Desde lejos, Mardin se asemeja a una masa achaparrada de casas de piedra caliza de color pardo. Uno podría pensar a primera vista que no es nada del otro mundo. Pero no. Esta vieja ciudad es un fósil viviente de la Antigüedad y los primeros siglos de aquella Edad Media que en estas tierras fue una particular edad de oro que nada tiene que ver con los tiempos más oscuros de la vieja Europa. Mardin, desde siempre, fue una de las postas más importantes de las rutas comerciales que unían los puertos de la Anatolia y la lejana Estambul con el oriente más lejano. A medio camino entre los cauces del Tigris y el Eufrates, esta ciudad se encuentra en la ‘periferia’ de ese ‘creciente fértil’ que vio nacer a las primeras grandes civilizaciones de la humanidad. Y eso se deja sentir en su geografía endiablada.
Cuando uno ve un mapa de la ciudad piensa en un laberinto endiablado. Callejones que van y vienen, subidas, bajadas, escaleras, pasos subterráneos… Una locura que pone de manifiesto la antigüedad de estas piedras que han visto pasar a los primeros grandes imperios (asirios, sumerios, hititas, babilonios…), a los persas, a los romanos, a los bizantinos, a los turcos… Mardin significa ‘fortaleza’. Y desde abajo eso es lo que parece. Una fortaleza que, sin embargo, fue una y otra vez conquistada. Y con cada conquista se fue creando una identidad multicultural de entre las que destaca su herencia cristiana forjada por las comunidades sirias entre los siglos III y VI. Y todos dejaron su huella.
Esa potencia que dan los milenos se deja sentir en el Castillo del ‘Nido del Águila’ (Şar, Çağatay, 25). Los que saben de estas cosas aseguran que las piedras más antiguas de esta fortaleza tienen más de 3.000 años de historia encima y que su origen se vincula con los ritos zoroástricos de la antigua Persia. La mayor parte de lo que puedes ver acá arriba es de los siglos XII y XIII aunque el lugar tenga un aire de zigurat que evoca los orígenes más remotos de la plaza. Esa historia que acumula civilizaciones puede rastrearse de manera más precisa en el Museo Arqueológico y Etnográfico de Miran (Cumhuriyet Meydanı üstü), donde se custodian colecciones que se remontan 4.000 años atrás con piezas que van desde las culturas mesopotámicas a la ocupación romana de la zona.
Iglesias, mezquitas, palacios. Qué ver en Mardin.- Viajar a esta parte de Turquía es meterte de lleno en un país totalmente diferente al turístico (Estambul, Esmirna, la Capadocia o la misma Ankara). Aquí pervive un sustrato más antiguo que se deja ver en cada uno de los grandes monumentos. Hasta la propia herencia islámico-turca es anterior a la otomana. El gran edificio que define esta medina de trazado imposible es la Mezquita Grande -Ulu Camii- (Ulucami) que se construyó trescientos años antes de la caída de Constantinopla. Y eso hace a la ciudad (y a otras joyas de la zona como la cercana Kızıltepe) algo especial. La mezquita es del periodo artúquida, una de las muchas dinastías islámicas que conformaron el germen del Imperio Otomano. La mezquita es sencilla, pero luce una enorme cúpula de diseño partido (como si fueran gajos de una naranja) y un precioso minarete que se eleva más de 50 metros. Por dentro es de una sencillez preciosa.
Esta dinastía se distinguió por su política de construcción de grandes obras públicas y la protección de las rutas comerciales con oriente. Y Mardin es un buen ejemplo de ello. Los mercados, los caravasares, las calles porticadas donde se compraba y se vendía casi de todo. El Revaklı Çarşı -Bazar porticado- ocupa la práctica totalidad de la calle Cumhuriyet a dos pasos de la Mezquita Grande. Aquí podemos ver un precioso laberinto de soportales que siguen funcionando como mercado desde el siglo XVII aunque hoy ha perdido buena parte de su autenticidad por ‘culpa’ del turismo.
Como suele ser habitual en las ciudades islámicas, en torno a la Gran Mezquita y el bazar se arremolinan buena parte de los grandes edificios de la ciudad. Te recomendamos especialmente dos. Hay que visitar la Madrasa Zinciriye (Hisarcık Sok, 20) por dos razones. La primera es que es un precioso edificio del siglo XIV muy interesante desde el punto de vista arquitectónico y artístico (destacan su puerta de entrada, el patio central y la mezquita). Y la segunda es que puedes subir a la terraza (junto a dos impresionantes cúpulas partidas desde donde se pueden ver las mejores vistas de la ciudad: un torrente de techos planos de los que sobresalen las cúpulas y los minaretes y que mira hacia la feraz llanura mesopotámica (repleta de huertas verdísimas). Y el segundo de los edificios de la zona es la Residencia Sahtana Ailesi (Şehidiye, Cumhuriyet, 131), una casona del siglo XIX que ejemplifica a la perfección el estilo de vida de la élite comercial de la ciudad durante el Imperio Otomano.
Desde la iglesia de los 40 mártires al Hamman del Emir Necmeddin.- La historia de Mardin está íntimamente a la expansión del cristianismo en sus primeros siglos de existencia. Y la Iglesia de los 40 mártires (Çabuk, 1) tiene que ver con ese proceso. Esta iglesia hunde sus raíces en el siglo V aunque la fábrica actual del edificio data del XV. Otro dato curioso del edificio es que es uno de los templos de la comunidad armenia más antiguos fuera de la propia Armenia y sus áreas de influencia. Según la tradición, aquí reposan los cuerpos de 40 legionarios romanos que fueron ejecutados por ser cristianos. El interior de este templo es precioso (tres bóvedas de piedra sostenidas por columnas y arcos de piedra).
Siguiendo el laberinto de callejuelas y pasajes (en esta parte de la medina los nombres de las calles son números) que se desploma hacia la vega nos encontramos con otros edificios de interés. El más importante es la Mezquita Latifiye (Ulucami), una construcción que emparenta a Mardin con la mismísima El Cairo. En el siglo XIV, la máxima expansión del Imperio Mameluco alcanzó el límite sur de Anatolia y Mardin quedó bajo la órbita de El Cairo. Y la Mezquita Latifiye es el reflejo de aquella fugaz influencia. Frente a la sencillez de la arquitectura sacra de la ciudad, esta mezquita brilla. La portada es una auténtica filigrana hecha piedra. El templo fue enriquecido durante la época otomana y hoy es la mezquita más bonita de la ciudad.
Y justo en la zona más baja de esta parte de la medina nos encontramos con uno de los edificios islámicos más antiguos de la ciudad. Los Baños del Emir Necmeddin (Diyarbakır Kapı, 1) son los más antiguos de su clase en toda la Península de la Anatolia. No se sabe si aquí había unas termas romanas anteriores, pero lo que sí se sabe es que el edificio que se puede ver hoy es de finales del siglo XI -año 1096- y que se construyeron como parte de un complejo dedicado a la higiene y la salud pública por orden del Sultan Necmettin Ilgazi. El complejo incluía el propio hamman, una fuente pública -Emineddin Külliyesi- y un hospital y una madrasa que han desaparecido. En el entorno del baño hay otra fuente pública (Necmeddin) que merece la pena ir a ver.
El barrio de los comerciantes.- La trama urbana es endiabladamente intrincada y a cada rato aparecen sorpresas a modo de puerta, de fachada, de detalles en piedra… En la ladera de Mardin Evleri, situada en el extremo oriental de la medina, se concentran una buena cantidad de grandes casonas de piedra que en su mayoría pertenecían a las familias que controlaban el comercio de la ciudad. Hoy, muchos de esos palacetes que abarcan un periodo de la historia entre los siglos XVII y XIX son alojamientos y pequeños hoteles. Caminar por Elveri también te da la oportunidad de ver otros grandes monumentos de la ciudad. La Madrasa de Sıti Radviyye-hatuniye (Şahinler Sk, 1) es una maravilla del siglo XII con una decoración interior de una sencillez exquisita y un valor histórico importante ya que sirvió de mausoleo a buena parte de la dinastía artúquida. Este lugar es un polo de peregrinación muy importante en la región ya que, según la tradición, aquí se conserva una huella del profeta Mahoma en una piedra. El otro gran hito de este barrio tradicional es la Mezquita Hamza-i Kebir (Savurkapı), un antiguo santuario sufí del siglo XV que ya va señalando las líneas de la arquitectura otomana posterior (el edificio es contemporáneo al sitio y toma de Constantinopla).
Ir hasta el Monasterio de Deyrulzafaran.- Se le conoce como el Monasterio del Azafrán por su color rojizo este complejo es un resumen perfecto de la historia de la ciudad de Mardin. Durante la etapa persa, aquí se situaba un templo dedicado al sol y a los cultos zoroástricos. Con la llegada de los romanos, este lugar sagrado se convirtió en una ciudadela militar y en torno al siglo V, en plena época bizantina, se convirtió en monasterio de la Iglesia Ortodoxa. El lugar es muy importante para la iglesia ortodoxa siria (aquí se han hecho enterrar buena parte de sus patriarcas) y más allá de la belleza arquitectónica de sus claustros y su iglesia, tiene varios tesoros como un evangelio del siglo XIII y púlpitos de madera y marfil con más de mil años de historia. Los mosaicos son sublimes.
Fotos bajo Licencia CC: Maarten; Yıldırım Aktugan; marmaduk; Clara; Montgomery Lion; Dani Logar; Mete Dönmez
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