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Una urna más en Canarias

Urna sobre las papeletas en un colegio electoral. EFE

La derecha se ha vuelto loca. Como si barruntara una derrota histórica en las elecciones del domingo 26. Tenía yo preparado un texto pero lo deseché algo más de 48 horas antes del comienzo de la jornada electoral a la vista de la que ha armado el triplete derechoso a cuenta de la toma de posesión de los separatistas catalanes de sus escaños en el Congreso. No sólo metieron ruido y gritaron amenazas de denuncias sin cuento a Meritxell Batet, acabadita de sentarse en la Presidencia de la Cámara. La cosa alcanzó el climax durante la toma de posesión de los separatistas electos diputados en las generales de abril. Insisten por Dios y por España los parlamentarios del triplete derechoso en enviarlos, pobrecitos, a las tinieblas exteriores para dejar claro lo que puede ocurrir si consiguen mandar de nuevo y proyectar una imagen de enérgica defensa de las esencias patrias por las que no pasan los siglos.

Pretenden intimidar a los demonios de la izquierda; aunque, para mí, es con ellos con quien está el Maligno. Porque no pudo ser sino el Diablo el que inspiró al cura de Yecla su llamada a los fieles para que salgan en defensa de los “derechos de Dios”. Cuáles sean esos derechos, nadie lo sabe, pues el Hacedor no los ha desvelado; como tampoco ha condenado las barbaridades cometidas en su nombre. La mentalidad de ese cura es la de quienes crean bulos como que haya colegios en que se incita a las criaturas a masturbarse las unas a las otras y se les empuja a la homosexualidad y no sé cuantas barbaridades más.

A este mismo intento de meter miedo a los electores, con la agravante de palmaria estupidez, pertenece la afirmación del presidente en funciones de Canarias, Fernando Clavijo, de que un Gobierno con Podemos nos convertiría en Venezuela”. Como si no tuviéramos ya bastante con estar a la cola de casi, o sin casi, todo en los cuatro lustros de gobiernos ático-nacionaleros. Pero me apresuro a dejar la cosa canaria para no correr el riesgo de malhumorarme, pues dicen los médicos que no es bueno para el cutis.

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Ocurrencias sangrantes

Antonio Alarcó (PP), en un vídeo publicado en Twitter.

“El PSOE quiere quitarnos el futuro de nuestros hijos”, fue el inquietante mensaje que Fernando Clavijo, presidente de Canarias en funciones, transmitió a quienes acudieron a escucharlo en un acto de campaña de antes de la campaña que los entendidos llaman de precampaña. No me ocupé del asunto porque no aclaraban los cronicones a quienes correspondía el “nuestros” cuasi mayestático: si a los guayetes de la varia ascendencia nacionalera general o si se limitaba al ámbito de la estricta militancia ático-coalicionera o de ambos dos, discriminando a inmigrantes, canariones y demás ralea. Los cronicones no suelen entrar en matices y los referidos al acto clavijero tampoco aclaran si el futuro aludido es perfecto, imperfecto o condicional, si está en modo indicativo o subjuntivo o si excluyó el imperativo pues la cuarentena franquista ya nos dio imperio suficiente. Y no menciono para nada lo que pueda haber de pluscuamperfecto porque es todo un pretérito que no viene, creo, al caso.

La referencia andaluza y europea  

El aviso de Clavijo hace juego con la línea tremendista de la derecha española que por todos lados ve a quienes quieren romper España emulando, en la denuncia de tanto destrozón, a la Brigada Político-Social franquista que, por cierto,  no veía tantos aunque detuviera a más. Y dejo esta especie de circunloquio, vulgo prolegómeno, para no enrollarme e ir derecho a por Clavijo y su incorporación a la línea tremendista de la derecha española, la que nos ofreció no hace tanto el espectáculo de Andalucía. Que no lo fue, ojo, porque desalojaran al PSOE del poder, lo que tenía bien merecido, sino porque vivimos en un país de tradición caciquil reciente donde no resulta higiénico que un mismo partido, sea el que sea, permanezca durante casi cuarenta años al frente del Gobierno. Es tan notoria, a mi juicio, la incidencia de la vieja mentalidad caciquil en quienes acceden a cargos políticos que la incorporaría a la etiología de la corrupción del PP, la que, según la Justicia, no fue asunto de algunas manzanas podridas sino a una organización del propio partido extendida por todo el territorio, destinada a recaudar dinero, devenida delictiva y que acabó por hacerse con el conjunto del PP, según dejó claro la Justicia. Por mucho que lo nieguen, la Justicia señaló como delictiva a la organización del PP como tal, responsabilidades individuales aparte.

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¿No querías democracia?

Hubo un tiempo en que conocía a casi todos los políticos por la cosa mía de estar en los periódicos. Pero el tiempo pasa y un buen día descubrí que ya andaban vendiendo el pescado los de la generación siguiente no menos dados a ignorar los méritos de sus antecesores y abundar en sus deméritos. Era divertido observar la cara que ponían los políticos bisoños a poco alabaras la gestión del anterior ocupante de su despacho oficial recién estrenado. No sé si porque en verdad les contrariaban las alusiones o era que le llenaba la buchaca tanta insistencia para que pegara a rajar de su antecesor.

Iba yo pensando en este tiempo pasado cuando recibí una tremenda palmada en la espalda seguida de una voz que reconocí antes de que se me pusiera delante.

-¿No querías democracia? ¡Pues toma democracia!- dijo encarándome antes de que le recordara que a mi edad un saludo como el suyo puede dejarme en el sitio.

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La batalla de lo viejo y lo nuevo

Rivera, Sánchez e Iglesias

Los resultados de las últimas elecciones generales confirmaron, a mi entender, la superación del bipartidismo que no alcanzó nunca el grado de representatividad requerido por la variedad de un país en el que cada cual es hijo de su padre y de su madre. Discurre ahora, por tanto, un tiempo político diferente en el que vuelve a plantearse el conflicto inevitable entre lo nuevo que trata de instalarse y lo viejo resistido a coger puerta. Un proceso de cambio imparable aunque pueda sufrir altibajos y retrocesos. A las generaciones que crecieron bajo el franquismo y vivieron intensamente la Transición no les coge de nuevas esta pugna de lo que hay y lo que va a haber y sus alternativas; aunque no falten tipos temperamentales a los que revientan los aires de “estupendos” que suelen darse quienes “vienen llegando”, como diría un isleño irritado ante el desdén con que suelen referirse no pocos advenedizos al que llaman “Régimen del 78”; precisamente el de la “invención” de la actual democracia en el marco de la Constitución todavía vigente por la que tantos lucharon hasta arruinar sus vidas o ser directamente asesinados.

El primer Pablo Iglesias pecó algo por ese lado al punto de que algunos, no siempre con la mejor intención, lo consideran paradigma de enterado de la caja del agua: llegó dispuesto a alcanzar el cielo y ahora predica la Constitución, la del 78, con fervores de propagandista bíblico, cual Isaías, perdonando el modo de señalar.

Vaya por delante que no me referiré a esa derecha democrática muy alejada de los torpes manejos de Casado y de Rivera. Los dos quisieron calzar por Pedro Sánchez mediante una calumniosa campaña tan torpe que da idea cabal de lo poco que respeta esta gente la inteligencia de los electores. Llegaron al extremo de atribuirse la titularidad de un “constitucionalismo” inventado y tan consecuente que no le repugnó aliarse con Vox, paladín de la Constitución como todo el mundo sabe, para hacerse con el Gobierno andaluz. Una iniciativa que ha resucitado el espíritu de don Pelayo, siempre vivo y dispuesto a impedir la islamización de Europa. Debió rebelarse el espíritu del monarca, o sea, de don Pelayo, harto de esperar a que la pérfida Albión devuelva a España el promontorio llamado de Calpe en la Antigüedad y conocido hoy como Gibraltar en memoria de Tariq Ibn Malluk, que desembarcó por allí al frente del ejército árabe  que invadió la Península hace 1.300 años. 

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La vieja sabiduría

Los candidatos a la Presidencia del Gobierno de España, Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Cs) y Pablo Iglesias (Podemos), en el debate de TVE.

La ordenación de mi cuarto de trabajo es lustral y cumplo, más o menos, ese compromiso quinquenial sin pretender emular la puntualidad la y el esmero con que los palmeros echan a bailar cada cinco años a sus enanos. Tras decidir no dejarlo para el año que viene, inicié la tarea por la caja verde de regular tamaño que lleva ni sé cuánto en lo alto de la estantería dejando siempre para después decidir qué hacer con ella.

Mentiría si dijera que bajé la caja sin dificultades. Uno no está ya para ciertas cosas y momentos hubo en que rocé el gran talegazo. Una vez recuperado el resuello, me fijé en el tarjetón amarillento pegado por fuera a la tapa en el que alguien, vayan ustedes a saber quién, había escrito tres frases, tres: 1) “Cómo me fascina el trabajo: puedo sentarme y contemplarlo horas enteras”; 2) Junto a la frase anterior, unos versillos aconsejan que “nadie diga en este mundo /de esta agua no beberé/ pues por muy turbia que la vea/ le puede apretar la sed”. Un claro antecedente del moderno “Nodigas de esta agua no beberé, ni este cura no es mi padre”; 3) Si de los dichos anteriores no constan su autoría, Daniel Auber, compositor francés de poca fortuna, sí que firmó el suyo relacionado con su larga vida a caballo, de los siglos XVIII y XIX, que le facultó de sobra para afirmar que  “Envejecer es el único modo de vivir mucho tiempo”; frase reversible pues es propio de quienes viven mucho tiempo envejecer.

Aunque me entretuve con la caja verde, pensaba en los debates de los los cuatro candidatos a presidir el Gobierno de España en la próxima legislatura. Un asunto que no me apetecía abordar con la moda que han sacado los políticos de ponerse a parir. Resulta curioso que fueran los dos candidatos de la derecha los faltones cuando son los que pasan por educados besamanos. Casado y Rivera, ya saben, le dijeron a Pedro Sánchez de todo menos bonito. Igual hacían méritos para ganarse la voluntad de Vox. Es curioso ue Casado y Rivera anden con el barrenillo de “los que quieren destruir España”, que repiten una y otra vez, venga o no a  cuento, para subrayar la maldad de Sánchez y que sigan autocalificándose de “constitucionalistas” cuando se arriman a un partido, el dicho Vox, que reniega de la Constitución y quiere cargarse las autonomías; idea esta última  que no anda lejos de la cabeza de Rivera. A mí, qué quieren, no me convence Sánchez y creo que no tiene ni repajolera idea de Canarias, pero resulta excesivo que Casado y Rivera hayan declarado emergencia nacional echarlo de La Moncloa y utilicen contra él recursos tan infames y rechazables, como la mentira y la calumnia que supone la acusación de que trata de romper España para entregarla, cautiva y desarmada no han decidido todavía a quien.

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Canarias, sin perro que le ladre

El ex presidente del Gobierno de Canarias, Manuel Hermoso durante un coloquio en 1994. (Asociación de Periodistas Europeos)

Corre por los endemoniados mentideros insulares la especie de que la facción ática de CC no ceja en el afán de disminuir a sus primos grancanarios y quedarse de únicos gallos del gallinero. Es el rollo de la rivalidad interinsular que ya aburre a las ovejas y hace bostezar a las sillas, pero sigue ahí con su nacionalerismo plano, pues, como dijera tiempo ha el Hermoso Manuel, el canario es el nacionalismo más español de cuantos son, han sido y serán. Una afirmación muy propia de quien presidió la corporación municipal de Santa Cruz que decidió, patrióticamente y por mayoría, que Colón jamás pisó Gran Canaria, la isla odiada de la que el Almirante no tenía ni noticia. Esta anécdota ridícula me recuerda otra, contada por Juan Rodríguez Doreste, de cierta corporación que, en los días de la República, sometió a votación nada menos que la existencia de Dios: -Y resultó que Dios existe por dos votos –remató el que fuera alcalde de Las Palmas.

Hermoso, claro está, no relacionaba el nacionalismo isleño con el independentismo, lo que llevó al dirigente peneuvista Xabier Arzalluz a comentar el buen conformar de los canarios pues dejaban de piar en cuanto les daban cuatro cuartos para carreteras. No captó, Arzalluz, que en el sustrato de ese nacionalismo de mesa camilla late la tenue sospecha de la condición colonial del archipiélago, esa que asoma en tiempo de elecciones ya sea para denunciar el maltrato a las Islas por el Gobierno español, ya para lamentar que nuestros abuelos no cogieran hace 121  años el tren al que se subieron Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Aunque no voy a entrar, ahora, en si las Islas son o no una colonia, es evidente que mal las engarbaron (“engarbiaron”, dicen nuestros clásicos) en el Estado español; y que los canarios debemos a los ingleses, no a la metrópoli hispana, la noción de modernidad y el primer progreso económico, social y urbano que no alcanzó a remediar, todo hay que decirlo, la terrible miseria secular de las clases populares, en especial del campesinado. Una etapa, la inglesa, ya lejana pues hoy es raro encontrar jardineros que señalen las plantas por sus nombres latinos, lo que delata a los pertenecientes a generaciones familiares dedicadas al cuido de los jardines de las ladies que competían por conseguir las flores más hermosas. Tenía yo, por cierto, un amigo que se decía capaz de identificar a los jardineros de casta, o sea, con padres e incluso abuelos que cuidaron aquellos gardens mezclando el inglés de garrafón con los nombres latinos de las plantas. Fue, deberían saber, una notable fuente de canarismos mediante procesos parecidos al que va del “knife” al “naife” o el de las papas “chinegua” y “utodate” que fueron, en sus orígenes, el “King Edward” y el “Up to date” estampados en los sacos de semillas y quizá referido el segundo a que el contenido estaba en fecha, fresco, no caducado.   

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De campaña nos vamos

Pablo Casado.

Pablo Casado apuntó el otro día su intención de recortar el salario mínimo: de los 900 euros en que lo acaba de fijar el Gobierno de Pedro Sánchez a los 850 apalabrados por  Rajoy con las partes interesadas antes de que lo obligaran a coger puerta. Haría Casado el recorte si gana las elecciones y antes de cambiar el colchón de la alcoba presidencial, rito que merece algún comentario porque pocos sabían de esta costumbre y nadie se ha percatado de que va claramente en perjuicio del Patrimonio Nacional porque éste debería tener entre sus colecciones la de colchones y jergones, desde Indíbil y Mandonio, caudillos iberos de los que gustan a Abascal, hasta los de los Reyes Católicos, el cardenal Cisneros, sor Patrocinio, el padre Claret y otros integrantes de la clerecía cortesana y frecuentona de los alrededores reales. En definitiva: el trasiego de colchones monclovitas del que acabamos de enterarnos es, por lo visto, cara tradición dicho sea porque el gasto de dineros públicos no ha originado tradición alguna entrañable y popular que lo justifique. Cosa distinta sería si su gestión pasara al organismo administrativo adecuado que podría organizar incluso subastas porque siempre habría quienes disfrutarían durmiendo en el catre de campaña de Hernán  Cortés cuando lo envíen de allá una vez pedido Felipe VI perdón por no haber impedido aquella expedición. 

Campañas censurables

La amenaza de rebajar el salario mínimo la largó el candidato pepero por Onda Cero y en el programa de Carlos Alsina. Y forma parte, cómo no, de la estrategia de ningunear a Pedro Sánchez puteando al obreraje y asalariados en general. No me queda así más remedio que etiquetar a Casado con el sector torpe de la derecha española. No es la primera vez que la derecha más impuesta en la realidad se lleva las manos a la cabeza ante las cosas de este hombre al que Rivera le reserva el Ministerio de Universidades para que acabe de triturar las licenciaturas que le faltan. De las ocasiones anteriores, las más sonadas fueron sus calificativos a Sánchez de “okupa”, “felón”, “vendepatrias” y otras lindezas de castellano antiguo cabreado. Además de dar por firmados acuerdos para repartir indultos como si fueran manises de tentempié. Es cierto que Albert Rivera estuvo de acuerdo con él hasta que cambió la dirección de los vientos, que ya saben ustedes del comportamiento de las veletas. Ya no parece tan convencido el hombre con la línea ascendente del candidato pepero que acaba de acusar Sánchez de preferir mancharse las manos de sangre antes que pintárselas de blanco. Agüita, oye. Olvidó Casado que su admirado Aznar tuvo sus apaños con ETA cuando mataba casi a diario. Llegó incluso a calificar a la organización terrorista de Movimiento de Liberación del País Vasco y practicó el acercamiento de presos etarras a Euskadi y si mal no recuerdo, puso en la calle a uno que aprovechó para perpetrar un atentado mortal a las pocas horas de salir de la prisión. Todo cuanto escandaliza a Casado lo ha hecho su admirado Aznar y no se le tuerce el gesto para atribuirle a Sánchez acciones semejantes que no se han producido. Sin olvidar, por supuesto, la venganza islamista por el apoyo aznárico a la invasión ilegal de Irak y perdonen si me equivoco al escribir el apellido del ex presidente con zeta cuando debería hacerlo con ese. Más dice quien más tiene que le digan.

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El sahumerio de Pablo Casado

Pablo Casado saludando a unos trabajadores durante su visita a Canarias.

Lo de Casado es de nota, queridísimos míos. Según los periódicos metropolitanos, la campaña del candidato pepero tiene el objetivo único confesado de echar a Pedro Sánchez de La Moncloa para ponerse él a combatir el nacionalismo con los criterios unidimensionales, eso sí, de quienes conocen poco la historia de España. En el contexto de esa batalla suya se propone recurrir ante el Tribunal Constitucional los que llama “decretos abertzales” porque recibieron el apoyo del PNV, Bildu, ERC, PDeCAT y no sé si algún otro demonio. O sea, lo importante no es que sean disposiciones útiles sino quienes las respaldan. Para Casado los tales decretos, que el PSOE califica de “sociales”, son electoralistas sin reparar en que no lo son menos los recursos anunciados. Está visto que sólo los peperos son hijos de Dios

El aspirante de la derecha aspira a ser califa en lugar del califa y largó lo que les llevo dicho y alguna otra cosilla durante su visto y no visto en Canarias, adonde vino a echar un sahumerio, como decían en lo antiguo de los que vienen y se van con la misma sin calentar puesto. Primero estuvo en La Palma y Tenerife y después en las tres islas orientales sin enterarse, con las prisas, de que ahora son cuatro pues La Graciosa acaba de estrenar su condición administrativa de isla. Le bastaron unas pocas horas para predicar la buena nueva. La suya, claro.

Vaya por delante que a mí no me convence Sánchez por mucho que alegue de Casado. No he tenido ocasión, ni ganas, de comprobar si son ciertos sus feos desplantes, el desprecio de los asuntos canarios que le atribuyen; a él y a algunos miembros de su Gobierno, comenzando por José Luis Abalos, ministro de Fomento a pesar de su apariencia y tono de cenizo tristón y desganado. No sé lo que hay de verdad, de media verdad o de mentira porque no me fío de los mandamases canarios, aunque tampoco me sorprendería porque la actitud de Sánchez se corresponde a la forma desastrada con que Clavijo dejó en la calle y sin llavín a los socialistas, sus socios de gobierno hasta que decidió echarse en brazos de Rajoy. Ni pasársele por la cabeza, a él ni a nadie, que la moción de censura, considerada un disparate, acabaría dando el poder a los socialistas. Con lo que comenzó el vía crucis de Clavijo: Sánchez, dicen que vengativo como él solo, no quiso recibirlo ni siquiera cuando el presidente canario, desesperado, le pidió una entrevista de solo diez minutos. Un tiempo insuficiente para abordar la problemática de las islas por lo que no es temerario sospechar que el objetivo de Clavijo no era abogar por las islas sino conseguir una foto con Sánchez de cara a la campaña en la idea de que muchos electores dejarían de votar CC si prosperaba la imagen de su escaso chance en Madrid.

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Casado-Rivera, Borrell, Adolfito, Manso y Garrigues Walke

Está la derecha repartiéndose ya la piel del oso. Lo digo porque a Pablo Casado le dio el pronto de seguro ganador y señaló a Albert Rivera como su ministro de Asuntos Exteriores cuando él sea presidente del Gobierno; pero el aludido, picado en lo vivo, replicó que, llegado el caso a la inversa, daría a su socio la cartera de Universidades<; lo que le permitiría, digo yo, hacer del suculún y rián p’al Puerto, ocho licenciaturas a razón de dos por cada uno de los cuatro años de legislatura. Encima, nadie le obligaría a poner sobre la mesa tesis doctoral alguna. “En política, como en el ruedo, lo importante es cortar orejas”, dijo el torero dibujado por El Roto hace unos días. Imagino, en fin, que ambos dos aspirantes a la presidencia con posibilidades de serlo  ya han elegido la marca y el modelo del nuevo colchón para la alcoba presidencial.

Son mucho demasiado estos peperos. Como saben, Casado fichó a Adolfo Suárez Illana, hijo del que fuera presidente del Gobierno, el que sacó adelante la difícil Transición, esa que trajo esta democracia aguada que los actuales partidos están ahora destruyendo. Puso, Casado a este Suárez menor de número dos de la lista de Madrid, para aprovechar el recuerdo del padre. Pero la genética tiene sus cosas y si Adolfo padre se ganó un lugar destacado en la historia española, el hijo, qué quieren, salió mayormente atoletado. Le faltan unos hervores o se los dieron con el agua que no era y le encharcó a Casado la embestida que había planeado para aplastar a Miquel Iceta, líder de los socialistas catalanes por decir algo tan lógico como que “si el 65% de los catalanes quiere la independencia, la democracia deberá encontrar un mecanismo para encauzar esto”. Esto y las llamadas al diálogo de Pedro Sánchez han soliviantado al PP y creo que si hacemos el análisis de las dos últimas décadas, veremos que el trato duro a los catalanes por parte del PP, su insistencia en hacer campañas contra ellos cargada de mentiras sectarias levó al separatismo catatlán de la irrelevancia con que acabó el siglo XX a ser hoy una fuerza significativa y determinante más allá de las ocurrencias y desafíos de sujetos tan lamentables como Quim Torra.

Insisto en la obviedad de que el trato a Cataluña ha hecho crecer el separatismo y no parece lógico que ante la evidencia sigan PP y Ciudadanos pidiendo más dureza, incluso la suspensión de la autonomía. Lo que lleva a la negra sospecha de que se quiere acabar con el Estado de las Autonomías para volver al feroz centralismo que conviene a los grandes negocios y a intereses de sectores de la burocracia, de profesionales liberales que prosperan en la cercanía del poder centralizado y lo que ustedes quieran. Aprietan Casado y Rivera a los catalanes hasta calificar de traidores a quienes aconsejan diálogo y entendimiento y piden más dureza, llevar el 155 a sus últimas consecuencias, o sea, al uso de los tanques  para imponer sus sinrazones. Las consecuencias de los rencores ya acumulados y por acumular, unidas a la mediocridad de los políticos pueden llevar el conflicto demasiado lejos.

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Del cambio climático, el Brexit, etcétera

La consejera de Política Territorial del Gobierno de Canarias, Nieves Lady Barreto.

Nieves Lady Barreto se llama (o denomina, que con esta gente nunca se sabe) la consejera de Sostenibilidad, palabro éste indicativo en Ecología de “cualidad de sostenible” de aquello que se puede mantener largo tiempo sin agotar recursos ni dañar al medio ambiente con el que hemos de conformarnos, vista la inexistencia de ambientes enteros. También se utiliza en Economía para quienes consiguen malamente llegar a fin de mes.

Reconoce la mentada consejera que Canarias sostiene un retraso de dos lustros, si bien en los últimos cuatro años el Gobierno ha puesto a las Islas a “la cabeza del país en la lucha contra el cambio climático”. Más o menos, lo que espera Pepe Mel para sostener a la UD. Como carezco de información cumplida acerca de semejante ecoliderazgo, callaré, por más que la experiencia sugiera a mi fuero interno que a otro perro con ese hueso. Aunque, al mismo tiempo disculpo a la susodicha que se limitó, pobrecita mía, a cumplir con la vieja máxima de que el buen sostenimiento empieza por uno/a mismo/a y no iba ella a desmentir el “Canarias está mejor” que proclamara Fernando Clavijo, obviando detalles sin importancia como el paro, la precariedad, los malos servicios públicos o las inquietantes consecuencias posibles del Brexit en estas islas, de las que el Gobierno central admitió no tener ni repajolera idea, por desconocimiento del especial régimen canario que, según los dirigentes isleños, estaba ya más que consolidado y con los cuartos a disposición. Es lo que tiene la realidad colonial combinada con la ausencia de políticos y empresarios consecuentes con nuestra realidad.

Cabe sospechar que el Gobierno central le niega a las Islas el pan y la sal porque, por lo visto, la gente de la calle está para purgar las desavenencias y rencores podridos entre partidos. Clavijo creyó en su momento que dándole la patada al PSOE daría una satisfacción al PP, al que abriría las puertas del cielo y resultó que al instalarse Pedro Sánchez en La Moncloa se le vino abajo el quiosco de lechera y quedó, Clavijo, fuera de juego. Como sería la cosa que le imploró a Sánchez que lo recibiera, aunque fuera solo diez minutos y ni eso le concedió. Quería Clavijo, sin duda, una foto con Sánchez, porque bien sabemos que diez minutos no dan para mucho más, ni siquiera para obsequiarle una manta esperancera y no son pocos los graves asuntos pendientes. Sánchez ha demostrado, desde luego, que poco le interesan las Islas y puesto de manifiesto una actitud sectaria porque si bien Clavijo se merece ese maltrato, la ciudadanía isleña no tiene la culpa de que sea un ático consecuente. Aunque le corresponda alguna al personal de tierra por elegir representantes que no saben de qué va esto más allá de sus círculos. Como Asier Antona en el caso del PP: no ha tenido el menor empacho en aclarar, como les tdngo dicho, que a los diputados canarios del PP los nombra Madrid para justificar que hayan puesto en las listas a Mariscal y Ramos que vienen a las Islas de San Juan a Corpus. Sin pasaporte para más INRI.    

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