500 kilómetros por el sur de la Baja Sajonia: Las brujas de El Harz y Wernigerode

Bosques de el Harz. En este parque nacional se refugia la masa de bosque nativo más grande del norte de Alemania.

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El monte Brocken se eleva hasta los 1.100 metros en un entorno marcado por los bosques y las nieblas. El Harz es un lugar extraño. Algo así como una isla de picos y alturas en un entorno marcado por las extensas llanuras de aluvión que forman la inmensa mayor parte de las tierras de Centroeuropa. El Harz es una sierra baja. Chata casi. Pero en un mar de llanuras que a duras penas superan los 50 metros sobre el nivel del mar, esta mole de piedras muy antiguas es un gigante. Y por eso es un lugar vinculado con la magia desde los tiempos más remotos. Hasta el punto de ser el escenario de una de las cumbres de la literatura universal. Estos parajes repletos de leyendas inspiraron el Fausto de Goethe. Casi nada. El Harz es el epicentro de un legendarium de cuentos, leyendas y tradiciones que tienen su origen en las religiones precristianas (iconos azul marino en el mapa).

Cada 30 de abril se juntan miles de personas en la meseta de Hexentanzplatz, un escalón gigantesco a pocos kilómetros de la población de Thale, para celebrar la noche del Walpurgis. Esta fiesta de exaltación de la primavera se celebra en buena parte del centro y norte de Europa en honor a Santa Walpurga, una santa sajona del siglo VIII. Pero en la Hexentanzplatz (literalmente, Plaza de la danza de las brujas) los ritos de primavera se remontan mucho más atrás en el tiempo.

Los bosques que dan acceso a la Meseta de Hexentanzplatz son la fuente de viejas historias de brujas que conectan el presente con las religiones precristianas del norte de Europa.

El Sachsenwall -muro sajón- es un curioso yacimiento arqueológico que muchos expertos han vinculado a un templo dedicado a las deidades del bosque. Estos ritos de muerte y renacimiento perduraron más allá de la cristianización y se convirtieron en el folclore vinculado a las brujas (con el toque naif incluido) que hoy pervive. Aquí, en la Hexentanzplatz se sigue haciendo el rito y con el se creó toda una panoplia de cuentos, tiendas de souvenirs y restaurantes tematizados entre los que boquea a duras penas un poco de autenticidad en un centro de interpretación (Walpurgis Hall) sobre las ‘brujas’ del Harz, su origen y su impacto en la cultura. Sólo por ver su arquitectura de madera inspirado en las culturas precristianas ya merece la pena ir a verlo.

Una de las señas de identidad de los pueblos del Harz es su bonita arquitectura tradicional de madera. Iglesia de la Trinidad de Braunlage.

Los paisajes del Harz dan pie a esta vinculación con lo sobrenatural. En un país donde la naturaleza se ha domesticado hasta el extremo, estos bosques y montañas nos conectan con nuestro yo más salvaje. Los bosques del Harz (principalmente coníferas y hayas -en las zonas más bajas-) cubren más del 90% del parque nacional siendo uno de los escasos espacios naturales intactos al norte de Los Alpes. Una buena manera de internarse en esta geografía mágica es el Tren Histórico del Harz (Estaciones inferiores en Wernigerode y Drei Annen Hohne), un camino férreo de vía estrecha que te permite subir hasta la cima del Brocken en un tren histórico con una de las colecciones de locomotoras de vapor más grande de toda Europa.

Tren histórico del Harz.

Braunlage y las minas de Samson.- Braunlage es uno de los pueblos de madera del Harz. Madera. Lo primero que tienes que hacer para comprender este lugar es ir hasta la Trinitatiskirche -Iglesia de la Trinidad- (Herzog-Wilhelm-Straße) y ver lo que se puede hacer con este material noble que aquí se ha convertido en toda una seña de identidad. Todo lo que se puede hacer con la piedra, aquí se ha hecho con madera. Y el resultado es brutal. El pueblo es muy bonito. En el centro (en torno a la iglesia y el precioso Parque de Gondelteich) abundan las casonas con un deje medieval, aunque con la madera como protagonista absoluta, mientras que a las afueras abundan los chalets a la alpina. El pueblo está rodeado de bosques y da acceso al Wurmberg, la segunda altura del parque y, en invierno, una animada estación de esquí.

Otra de las señas de identidad del Harz es su enorme tradición minera. A pocos kilómetros de Braunlage se encuentra la Mina Samson, una de las galerías mineras históricas más importantes de Europa por su importancia patrimonial. Durante siglos, esta fue la mina más profunda del mundo, con pozos que se hunden casi mil metros en el interior del Harz. Hoy es uno de los museos mineros mejor dotados del mundo; y la única mina que aún conserva las ruedas hidráulicas medievales que servían para subir y bajar a los mineros y renovar el aire. El museo está muy bien montado y la visita al interior es de las mejores de los centros de interpretación de su especie.

Castillo de Wernigerode.

Una pequeña guía de Wernigerode.- Lo más difícil de programar un viaje por esta comarca del Harz y la frontera entre la Baja y la Alta Sajonia es elegir que pueblo o ciudad se queda fuera de la ruta. Y esto pasa de manera especial con pequeñas ciudades como Wernigerode. En sentido estricto, este pueblo monumental queda fuera por motivos geográficos, ya que la población se encuentra ya en el territorio de la Alta Sajonia. Pero tener tan cerca el fantástico castillo que se encuentra aquí y no ir a visitarlo es una lástima. Si sólo tienes un rato para pasar aquí no lo dudes y céntrate en el Castillo de Wernigerode (Am Schloß, 1). La fortaleza se construyó en el siglo XII como parte de esa fiebre de control sobre la zona que trajo la formación del Sacro Imperio. Y fue un castillo defensivo hasta el XV, cuando se convirtió en el palacio que, tras siglos de reformas y añadidos. El palacio que podemos ver hoy es uno de los mejores ejemplos del historicismo alemán del siglo XIX, cuando se convirtió en la residencia del conde Otto zu Stolberg-Wernigerode, uno de los hombres fuertes de Bismark.

Casas de trama de madera en el centro histórico de Wernigerode.

En la ciudad hay varias cosas por ver. Lo primero es caminar por la Breite Straße (Calle Ancha) con hitos como la Krummelsches Haus (una preciosa casa barroca del siglo XVIII) o la Plaza del Mercado con el impresionante Rathaus histórico (ayuntamiento). Aquí no puedes dejar de ver otros lugares como la Iglesia de San Silvestre (Oberpfarrkirchhof), donde puedes ver parte de la traza original del edificio del siglo XII, o el entorno del Westerntorturm (Westernstraße), el último de los vestigios de las murallas de la ciudad que preside un pequeño barrio de casas de trama de madera de los siglos XIV y XV. Un museo de aviación sorprendente (Gießerweg, 1).- Para amantes de la ingeniería y la aviación. El Luftfahrtmuseum -Museo de la Aviación- es una sorpresa con una de las colecciones de aviones históricos más interesante del país. Una gozada.

Claustro de la Abadía de Michaelstein.

Aún más fuera de ruta: la Abadía de Michaelstein (Michaelstein, 3 -Blankenburg-).- La actual academia de música de la Alta Sajonia es otro de esos edificios históricos que nos conectan a la construcción del Sacro Imperio en la Edad Media. Este antiguo cenobio se construyó en el siglo XII en plena transición del románico al gótico, creando un monumento soberbio que merece la pena verse. Lo más impactante del complejo es el claustro y el refectorio, donde se puede ver con todo su esplendor esa piedra medieval que tanto nos gusta. Pero lo mejor de esta antigua abadía es que ha conservado otras dependencias destinadas al trabajo como la herrería, los establos, el granero o los antiguos huertos reconvertidos en jardines. Una pasada.

Fotos bajo Licencia CC: Christ0pheri; Carola Ballat; Sören; Hugh Llewelyn; Patrick Müller; Wiebke Heuser; Sergei Gussev

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