Gigantesca base construida en 1940 en el Atlántico para acoger hasta once submarinos, hoy es un gran centro de arte digital
Hay una imponente base de submarinos situada en la ciudad francesa de Burdeos, a orillas del río Garona, que es considerada una de las mayores estructuras militares erigidas durante la Segunda Guerra Mundial. Construida a partir de 1940 por las fuerzas alemanas en el Atlántico, esta gigantesca mole de hormigón armado y acero de 42.000 metros cuadrados y 20 metros de altura fue concebida para albergar y dar mantenimiento a hasta once submarinos. Organizada precisamente en once inmensos alvéolos blindados conectados por una calle interior, la instalación funcionó durante décadas como un sombrío vestigio bélico en el Port de la Lune.
Tras decenios funcionando como un silencioso testimonio militar del siglo XX, el edificio experimentó una ambiciosa metamorfosis arquitectónica y cultural. La entidad Culturespaces asumió la rehabilitación integral de los primeros cuatro alvéolos del búnker para transformar su oscuridad en un dinámico espacio de creación artística. Tras meses de obras de adecuación, el recinto abrió en junio de 2020 bajo el nombre de Les Bassins des Lumières, convirtiéndose de inmediato en el centro de arte digital inmersivo más grande del planeta y revitalizando el histórico distrito bordelés de Bassins à Flots.
Las dimensiones de este singular equipamiento cultural destacan por su escala colosal y su sofisticado despliegue tecnológico. Los cuatro depósitos rehabilitados abarcan 12.000 metros cuadrados de proyecciones digitales, superando en más de cinco veces la extensión de recintos como el Atelier des Lumières de París. Cada uno de los cuatro inmensos estanques mide 110 metros de largo, 22 metros de ancho y 12 metros de alto. Un avanzado sistema compuesto por 90 videoproyectores de alta definición y equipos de sonido envuelve los muros de hormigón en una atmósfera visual y acústica sobrecogedora.
El elemento diferenciador de Les Bassins des Lumières reside en la mágica interacción entre la luz proyectada y la lámina de agua de sus piscinas. Las imágenes de grandes obras maestras traspasan sus marcos para reflejarse sobre la superficie oscura del agua, creando un caleidoscopio en constante movimiento. Los visitantes recorren las instalaciones mediante pasarelas voladizas y muelles, sintiéndose inmersos en un universo de 360 grados donde las fronteras físicas se diluyen. La sincronización entre la música y las proyecciones gigantescas intensifica la resonancia emocional de cada recorrido cultural.
La oferta cultural del recinto destaca por su variada programación que rinde homenaje tanto a grandes maestros clásicos como a la creación contemporánea. En sus exposiciones han brillado obras de genios como Gustav Klimt, Paul Klee, Claude Monet, Joaquín Sorolla, Salvador Dalí o Antoni Gaudí, esta última superando el récord de 800.000 visitantes. Asimismo, el centro alberga el espacio denominado Le Cube, una sala insonorizada de 220 metros cuadrados y 8 metros de altura dedicada exclusivamente a proyectos inmersivos de artistas contemporáneos y a creaciones sonoras que exploran nuevas fronteras estéticas.
Historia y cultura
Además del espectáculo visual y musical, el centro integra una destacada faceta de divulgación histórica accesible gratuitamente para todo el público. Desarrollada con el apoyo de historiadores del arte, una sección especial documenta mediante imágenes de archivo, maquetas y proyecciones la evolución del recinto desde su construcción militar en 1940 hasta su reconversión artística. Esta propuesta inclusiva logra atraer a audiencias diversas, reuniendo a familias, jóvenes y amantes del arte tradicional que encuentran en este formato interactivo una forma fascinante de aproximarse a la historia cultural.
Integrado en las rutas turísticas, Les Bassins des Lumières se ha consolidado como un polo cultural imprescindible de la Gironda. Su apertura demuestra cómo la tecnología y el diseño inmersivo pueden rescatar el patrimonio industrial, devolviendo la vida a un antiguo vestigio bélico mediante el lenguaje artístico. Al cruzar sus muros blindados, el público descubre un espacio vibrante que renueva periódicamente su cartelera, reafirmando que este histórico coloso de hormigón del Atlántico ha cambiado definitivamente los submarinos por la luz, el sonido y la belleza estética.
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