¿Cerrar las persianas o dejar una rendija abierta? Los trucos de un profesional para sobrevivir al calor
Con los termómetros disparados a cifras récord y la factura de la luz en el punto de mira, todo consejo o alternativa para mantener la casa fresca con un consumo energético sostenible son bienvenidos. La clave, según los expertos, está en saber cuándo y cómo permitir que el aire fluya.
“Ahora, en verano, el calor entra en las viviendas de cuatro formas: a través de la transmisión, que es porque fuera hay más temperatura que dentro; por radiación solar directa, cuando el sol entra a través de los cristales; por la ventilación, cuando el aire está más caliente en la calle y al ventilar entra el calor; y por el calor interior que damos las personas y los aparatos eléctricos que tenemos”, explica Javier García, profesor de la Escuela Técnica de Agremia para profesionales de las instalaciones energéticas en Madrid.
Cuál es el momento de abrir las ventanas
Partiendo de la base de que el calor interior no se va a combatir, a no ser que tengamos bombillas incandescentes, en cuanto a la ventilación García recomienda abrir las ventanas únicamente cuando el aire de la calle sea más fresco que el del interior.
“La ventilación de las viviendas es necesaria y además por el código técnico es obligatoria, pero hay que ventilar de forma eficiente, es decir, cuando la temperatura del aire de fuera sea la más baja posible”, señala.
Por eso, cuando no hay noches tropicales y la temperatura baja el periodo ideal para tener las ventanas abiertas haciendo corriente comprende “desde las once de la noche, aproximadamente, hasta las 8 o 9 de la mañana”, según el experto. “Lo que solía llamarse enfriamiento gratuito”, aclara.
Durante esas horas, el aire fresco no solo renueva el ambiente, sino que “va absorbiendo el calor que acumulan los muros y va bajando la temperatura interior sin coste energético”, indica García, que advierte de que abrir las ventanas en las horas centrales del día es un error común en zonas poco acostumbradas al calor.
Y cuándo hay que cerrar y bajar las persianas
Una vez que el sol comienza a calentar la fachada o los ventanales de la casa, la estrategia cambia y la ventilación se detiene. “Tendríamos que bajar las persianas prácticamente al máximo, a lo mejor de todo para que entre un poco de luz para poder ver, pero que no entre la radiación solar”, explica el experto.
Para quienes no cuentan con persianas de guillotina, García recomienda aprovechar las herramientas que sí están al alcance, “ya sean contraventanas, persianas venecianas, cortinas o toldos”. El objetivo es evitar que el hogar se convierta en un invernadero bloqueando el calor antes de que atraviese la fachada.
Cuando las corrientes naturales no son suficientes, entra en juego el aire acondicionado, pero su uso debe ser siempre racional. El profesor advierte contra la tentación de convertir la casa en un frigorífico: “Una cosa es refrescar o acondicionar y otra es enfriar. La temperatura ideal sería en torno a 25 o 26 grados”. Bajar a los 20 o 21 grados no solo dispara el gasto energético, también puede afectar a la salud.
¿Qué pasa si salimos de casa una o dos horas? Ante esta situación, García subraya la tecnología inverter de los equipos modernos y aconseja dejar el aire acondicionado encendido a una temperatura estable. Así el sistema reducirá sus revoluciones al acercarse a la temperatura establecida y evita los picos de consumo que generan los arranques. “Hay una frontera, es decir, si voy a estar todo el día fuera evidentemente no voy a mantenerlo encendido porque es un coste muy alto”, aclara.
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