El hallazgo de una muela con una piedra preciosa intriga a los científicos: ¿los mayas ya hacían empastes?

La muela con la piedra preciosa en su interior.

Laura Cuesta

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Un diente procedente del Museo Popol Vuh (Ciudad de Guatemala), donde se encuentra una de las mayores colecciones de arte de la civilización maya, está atrayendo la atención de los estudiosos de esta antigua cultura. El ejemplar, un molar inferior izquierdo de época prehispánica maya, destacó por tener una pequeña piedra verde incrustada en el centro de su superficie.

Los investigadores reconocieron que la piedra preciosa era una jadeíta, pero hubo algo más que les generó interés. La piedra se había colocado en una pieza dental oculta a la vista, concretamente en la superficie masticatoria (la parte con la que se mastica), por lo que estos determinaron que la incrustación no tenía una finalidad decorativa.

¿Se trataba de un intento de reparar o proteger el diente, de aliviar algún dolor? ¿O acaso era una práctica simbólica cuyo significado no se ha podido descubrir? Los investigadores, cuyos resultados se han publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports, admiten que el debate sigue abierto.

Una intervención en un diente vivo

Los autores de la investigación utilizaron una técnica conocida como tomografía computarizada de haz cónico para observar el interior del diente sin dañarlo, una práctica que les permitió comprobar que el molar pertenecía a un adulto joven y que este había sufrido una calcificación intensa. En el estudio, explicaron que esa calcificación es una respuesta biológica que solo puede producirse mientras el diente está vivo.

Por lo tanto, concluyeron que la incrustación no fue colocada después de la muerte, sino que la persona que recibió el implante todavía estaba viva. Hasta ahora, las modificaciones dentales realizadas por los mayas conocidas por los arqueólogos tenían sobre todo una finalidad estética y afectaban principalmente a los dientes delanteros, los más visibles.

Dientes humanos con incrustaciones de la cultura maya clásica.

Sin embargo, este caso es completamente diferente, ya que la piedra preciosa fue colocada en una muela, en una zona que no se aprecia siquiera al sonreír. Esto ha planteado tres hipótesis entre los investigadores: que el objetivo fuera tratar una lesión, que se quisiera disminuir el dolor de una zona dañada o que esta incrustación formara parte de un ritual hasta ahora desconocido.

“Aún se desconoce si el procedimiento fue terapéutico, paliativo o motivado por una práctica simbólica inusual. No obstante, este caso amplía las interpretaciones actuales del conocimiento dental maya y resalta la necesidad de una mayor investigación interdisciplinaria sobre intervenciones dentales raras y no convencionales en la antigua Mesoamérica”, concluye el estudio.

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