Abanicos, pulverizadores y hielos en los Sanfermines más calurosos de la historia de Pamplona: “Es una sauna”
“El 6 y el 7 han sido terribles”. Pamplona vivió este martes su 7 de julio, San Fermín, más cálido desde que hay datos estadísticos. Se alcanzaron los 41,4 grados de temperatura máxima. El día 6, el del chupinazo, también hubo subidas récord, con 39,3 grados. El 8 de julio el termómetro llegó igualmente a los 39,1 grados a media tarde y se esperan otra vez 40 grados para el día 9. Los pamploneses, acostumbrados a que “refresque a la noche”, han cambiado la chaqueta por los abanicos y los pulverizadores en lo que consideran una meteorología “insoportable”. Con los datos de los primeros tres días de San Fermín y las previsiones, este año la temperatura media máxima durante las fiestas será de 39,2 grados, cuando la media en Pamplona en el mes de julio según la AEMET es de 27,7 grados.
“Antes el abanico solo se usaba en los toros” y como complemento, explica una pamplonesa de mediana edad que mientras se toma “el aperitivo” con sus amigas. “Ha habido Sanfermines con mucho calor, aunque tanto no”, añade una de ellas, que considera que 30 grados de máxima son “más que suficiente”. “El calor este es horrible, yo quiero libertad”, expresa otra de ellas, que considera que lo peor es que “por la noche no refresca”.
Otro grupo de vecinas de Pamplona, que se consideran “veteranas” y con conocimiento, pues son mujeres de “sesenta para arriba”, sí que recuerdan “algún día” de San Fermín de estas características, pero “todos los días no”. “Siempre ha habido días en concreto con mucho calor, pero luego [el resto de la semana] cambiaba”. “En el 2003 hizo un calor...”, rememora una de ellas mientras se toma un refrigerio ante el asombro de sus amigas por la concreción del dato. Aunque la mujer aclara que lo recuerda bien porque fue “cuando nació su hija” más que por el exceso de temperatura.
“El día 6 salí con la chaqueta en el bolso, pensando que iba a refrescar. Porque siempre por la noche con los fuegos [artificiales] necesitabas chaqueta”, cuenta una de ellas mientras el resto de la mesa se rié por la ingenuidad, y con un suspiro enseña a la 'cuadrilla' su complemento de almacenaje actual, del tamaño de un pequeño joyero (en el que no entraría prenda de ningún tipo). A pesar de todo, creen que “las fiestas piden calor para estar en la calle”. El año pasado, el día 9 de julio los termómetros bajaron hasta los 12,9 grados, un tiempo que consideran como “malísimo” y genera tal disgusto en las pamplonesas que hace que prefieran esta ola de calor a “depender de la chaqueta”. “Mejor esto que lloviendo”, asegura una de ellas mientras sus amigas asienten.
El mayor problema, que la “ciudad y los locales no están adaptados al calor”. “Falta aire acondicionado” en muchos locales y sistemas por la calle “que echen agüilla como en Sevilla”. Una opinión compartida por otro grupo de amigas, esta vez de veinteañeras, a las que el calor les condiciona sus gastos de la noche. “Los bares y algunas peñas son una sauna. En algunos [sitios] hay aire acondicionado, pero, si no, no entras”, asegura una de ellas, que cuenta que otra estrategia es pedir el cubata para huir a la calle. Unas temperaturas que las han pillado por sorpresa, pues tienen más recuerdo de “andar el día 6” y los primeros días de San Fermín “con el chubasquero” más que “agunatando estos calores”, que rechazan completamente.
“Prefiero que haga un frío del copón, que llueva y que truene”, cuenta una mientras resopla. Sus consejos para combatir el calor: “abanicos, 'kalimotxos', marianitos y mucha agua”. Técnica que una de ellas pretende utilizar el día 9 en el tendido de sol de la plaza de toros ante “el miedo a desmayarse” por la “solaza”.
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