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Opinión - 'Los miserables', por Rosa María Artal

INCENDIO EN LOS GALLARDOS
En la zona cero de la tragedia de Almería: “Aún no hemos localizado a algunos amigos, nos tememos lo peor”

Varios vehículos calcinados en el incendio forestal.

Paula Bolaños

Los Gallardos (Almería) —
10 de julio de 2026 22:05 h

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Louise es una mujer británica que hasta el jueves por la tarde vivía plácidamente bajo el sol del Levante almeriense. En apenas unas horas todo cambió, y su hogar de acogida, uno de tantos cortijos dieseminados de la sierra que ocupan generalmente extranjeros, ingleses o belgas, se vio frente a frente con un incendio que devoraba metros a la velocidad del rayo. Cuando vio cómo se acercaba el peligro, Louise reunió a sus familiares, sus amigos y a sus perros e intentó ponerse a salvo conduciendo en dirección sur hacia Los Gallardos. “Supimos que Serena (pedanía de Bédar) había sido evacuada así que nos pusimos en marcha, pero las llamas estaban en la carretera, no podíamos pasar y dimos la vuelta en dirección contraria, hacia Lubrín. No nos dimos cuenta de que no teníamos gasolina, éramos cinco y dos perros, repartidos en dos coches y ninguno tenía gasolina, fuimos estúpidos”, cuenta.

Los ocupantes del otro coche con el que viajaban, en lugar de dar la vuelta al ver las llamas en la carretera, decidieron atravesarlas para lograr llegar a Los Gallardos. “Nos dijeron que el coche se calentó muchísimo. Por suerte están bien, pero nosotros no nos atrevimos a seguirlos porque otras personas que se habían marchado conduciendo no lo han conseguido. Aún no hemos podido localizar a algunos amigos y nos tememos lo peor”, relata.

Louise logró llegar con su gente hasta la localidad de Antas donde pudieron repostar y continuar hasta Aguamarga, donde contaban con amigos con los que pasaron la noche. A la mañana siguiente el camino hacia Los Gallardos estaba abierto y decidieron asentarse a esperar la evolución del incendio.

Los Gallardos, espectadora del peor incendio

Desde que a media tarde del jueves se comenzó a extender la noticia de que se había originado un incendio en el término municipal de Los Gallardos, en el Levante almeriense, la localidad se erigió en espectadora del que ya se conoce como el peor incendio en lo que va de siglo en todo el país y el más mortífero de la historia de Andalucía, con 12 muertos y 23 personas a las que aún no se ha localizado.

A salvo de las llamas gracias a la barrera que supone la A-7, Autovía del Mediterráneo, que separa Los Gallardos de la Sierra de Bédar, donde durante la jornada del viernes se ha extendido el fuego, los vecinos y vecinas de Los Gallardos han observado en primera persona cómo el fuego ha devorado la sierra así como los hogares de amigos, familiares y vecinos de poblaciones cercanas como Bédar o Alfaix.

Las unidades de emergencia del 061, 112, UME y Bomberos establecieron rápidamente un punto de control para la atención primaria de los evacuados en el Centro Cultural de Los Gallardos en el que desde un primer momento se han instalado seis camillas y un espacio de triaje para atender a los afectados.

La suerte quiso que las camillas permanecieran vacías durante la noche y la jornada del viernes. “Aquí no hemos tenido que tratar a nadie, pero nosotros sí nos hemos movilizado durante toda la noche para atender heridos en otras zonas”, nos cuenta un sanitario.

“Por un lado piensas, menos mal que no ha habido necesidad, pero por otro te sientes impotente porque tienes que mantener tu puesto en caso de que sea necesario mientras sabes que otros compañeros están desbordados” relata Justi de La Cruz, enfermera del 061 que formó parte del turno de noche asentado en el centro cultural.

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En el pueblo el sentimiento general es de preocupación. “Vivo en Vera pero tenemos un cortijo en Bédar y no sabemos si se ha quemado, tenemos animales allí pero no sabemos si están bien. Han cortado el acceso y no nos dejan subir”, cuenta Atika.

La Guardia Civil mantiene cerrado el acceso a Bédar, cuyos vecinos fueron desalojados durante la madrugada del viernes al ser uno de los núcleos más cercanos al incendio. “Mi vecina se negó a marcharse, se ha quedado en su casa en Bédar pero la policía la está obligando a evacuar”, relata Louise, que ha buscado refugio en la localidad vecina.

Fuente: EFFIS (Copernicus)

Bédar, testigo directo del fuego: “No hemos podido dormir”

Bédar se sitúa a tan sólo 8 kilómetros de Los Gallardos por lo que sus vecinos han sido testigos directos de la cercanía del fuego. “No hemos podido dormir, nuestro balcón da directamente a la sierra y hemos visto el fuego toda la noche. Teníamos un susto muy grande porque tenemos tres hijos y venimos de otro país, si nos obligaban a dejar nuestra casa, no tendríamos otro sitio al que ir”, relata Raúl, vecino asentado en el municipio que cuida junto a su mujer, Paola, no solo de sus hijos, sino también de los de una sobrina que se encuentra atendiendo a una señora mayor dependiente. “Me contaba que la señora está sola y que no podía dejarla por si pasaba algo, así que me ha dejado a sus hijos para que tuvieran con quien irse si nos evacuaban”, relata Paola.

Paola, al igual que su sobrina, es trabajadora social y a la preocupación por su familia, amigos y vecinos se suma la atención a sus usuarios. “Tenemos un grupo de WhatsApp en el que nos hemos estado informando de cómo avanza la situación para avisar también a nuestros usuarios”, cuenta.

La solidaridad ha sido clave durante la jornada de este viernes para hacer llegar a los puestos de mando y puntos de recogida de evacuados los suministros necesarios para mantener atendidos tanto a víctimas como a profesionales. En Los Gallardos, esta solidaridad tuvo como origen el supermercado Simon's, que fue a última hora de la noche del jueves centro de una frenética actividad para proveer de bocadillos y suministros a los centros de mando.

“Ya habíamos cerrado cuando recibimos la petición del alcalde para preparar suministros, así que volvimos a abrir el supermercado y nos pusimos a trabajar”, relata Vanesa, empleada del local. El comercio es ya veterano a la hora de prestar ayuda durante un incendio. Hace unos años también tuvieron que echar una mano así que en esta ocasión contaban con experiencia y rápidamente se dividieron el trabajo. “Formamos una cadena humana para trabajar lo más rápidamente posible, uno horneando el pan, otra cortando embutidos, otro preparando los bocadillos y otro empaquetándolos”, cuenta.

Las trabajadoras no fueron las únicas que trabajaron hasta altas horas de la madrugada para preparar todos los suministros, que completaron con bebidas y fruta fresca. Los propios vecinos, que ya habían escuchado las noticias, acudían para ayudar y colaborar con la preparación. “Veían las luces encendidas y entraban para colaborar. Fue una noche larga pero nos sentimos muy satisfechas del trabajo y muy orgullosas de nuestros vecinos”, apunta Gerónima, otra empleada.

Almería continuará durante los próximos días en máxima alerta por la virulencia del fuego. La sequía que es característica de la provincia, los fuertes vientos de levante y la compleja orografía del terreno dificultan en gran medida el trabajo de los servicios de emergencia que trabajan sin descanso sobre un terreno que no ha contado con los trabajos preventivos necesarios para afrontar la temporada estival.

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