Los Rascarrabia y Narilargo contemporáneos
Sobre este blog
ANDALUCÍA es, según la constitución, una nacionalidad histórica que vivió momentos de esplendor en el pasado y luego pasó a jugar un papel de cuartel, granero y mano de obra. Esta degradación llega a su punto álgido con el fascismo que deja a los andaluces en el imaginario popular como pobres analfabetos alegres y vagos -valga la contradicción- Ahora, hijas e hijos de Andalucía, intentamos contar nuestra historia con la dignidad, igualdad y justicia que esta se merece. (Columna coordinada por Juan Antonio Pavón Losada y Grecia Mallorca). Más en https://www.instagram.com/unrelatoandaluz/
Tras la conquista de Sevilla por parte de Fernando III, vivió cerca del arco de la Macarena un personaje avaro y enemigo del Dios cristiano que tomó tantas confianzas con Lucifer que le pidió un acompañante para sus ratos de ocio. Fue entonces cuando el mismo diablo le mandó en forma de delegado al diablo Rascarrabia. Tras su muerte, Rascarrabia quedó guardando su cuerpo en la Torre Blanca que forma parte de la muralla almohade durante años y años hasta que se marchó por puro aburrimiento. Durante el tiempo que allí vivió, los habitantes del barrio dejaron de acudir a la zona de noche por puro temor.
Mientras los vecinos celebraban su desaparición, llegó al mismo torreón el duende Narilargo que cada noche a las 00:00 se paseaba con una capucha negra lanzando suspiros y gritos de sufrimiento que atemorizaban a todo el barrio. Protegió y vivió en la misma Torre Blanca, llegando a lanzar una lluvia de piedras a un grupo de frailes del convento de la Trinidad que, viendo la inutilidad de rezos y exorcismos, decidió asaltarlo trepando por la muralla. Una fuerte luz roja y humo se desprendía por las pequeñas ventanas enrejadas del torreón, generando una inseguridad en la población que solo parecía favorecer a los contrabandistas.
Así recogía Manuel Chaves Rey la leyenda del siglo XVI de Rascarrabia y Narilargo en su libro “Páginas sevillanas” publicado en 1894. Ya en el siglo XIX se tiene constancia de que en ese mismo torreón vivió una señora sin hogar llamada Tomasa por lo que parece que la leyenda se explica de la misma forma. El problema del sinhogarismo en Sevilla no es nuevo.
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