Pensamientos para una estación de penitencia
Sobre este blog
ANDALUCÍA es, según la constitución, una nacionalidad histórica que vivió momentos de esplendor en el pasado y luego pasó a jugar un papel de cuartel, granero y mano de obra. Esta degradación llega a su punto álgido con el fascismo que deja a los andaluces en el imaginario popular como pobres analfabetos alegres y vagos -valga la contradicción- Ahora, hijas e hijos de Andalucía, intentamos contar nuestra historia con la dignidad, igualdad y justicia que esta se merece. (Columna coordinada por Juan Antonio Pavón Losada y Grecia Mallorca). Más en https://www.instagram.com/unrelatoandaluz/
Con el regusto aún de las Fiestas de Primavera arrullándome los sentidos, encaro, no sin preocupación, la próxima cita electoral que tenemos en Andalucía. Veo las previsiones de los sondeos, los análisis políticos y los abundantes actos de precampaña, debatiéndome entre el pesimismo y la esperanza. Una pregunta martillea mi cabeza: ¿qué más tiene que pasar? Y eso que una viene ya estudiá: sé del descreimiento, del voto de castigo, del adormecimiento de la conciencia de clase y pueblo, de la desactivación de los movimientos sociales, de la efectividad de un buen carisma, del cansancio abrumador, … Un tipo este de cansancio que te puede llevar a dar un golpe sobre la mesa, o al desistimiento, o a la reflexión profunda. Siendo sincera, coqueteo con las tres posturas. Pero hoy esta columna va de reflexión y ello me retrotrae al último Martes Santo.
Quince horas en la calle, formada en una cofradía, dan para pensar mucho. Es una experiencia difícil de igualar en el contexto cotidiano. A pesar del extremo cansancio que sé que inevitablemente me sobrevendrá al final del día, me siento privilegiada. Porque fuera de mí hay ruido, gentío y calor, pero de antifaz para adentro, sólo mis pensamientos y yo. Lo primero que pienso, que ya he dicho que la cosa iba de reflexión, es que esto es un detox digital y una cura de aburrimiento en condiciones. Me resulta asombrosa la cantidad de personas de todas las edades que, siendo incapaces de ordinario de dejar ni una hora las pantallas, se echan todo esto para el cuerpo. Por supuesto que hay quien lleva rosario y va repitiendo para sí oraciones y desgranando Misterios. Yo esto último también lo hago, pero los míos son, sobre todo, profanos.
Ya desde que forma mi tramo me asaltan los primeros interrogantes: ¿por qué saldrá de nazarena toda esta gente? La mayoría es muy joven y se apiña con sus amistades para asegurarse de que hacen juntas el recorrido. No se plantean, según dicen, hacer la estación de penitencia sin esta compaña. No puedo evitar pensar, con cierta guasa, qué dirían de esto quienes dan instrucciones sobre cómo ser un buen nazareno y cuáles son los motivos “correctos” para salir como tal. O en quienes creen que en una hermandad todo el mundo tiene el mismo corte intelectual e ideológico.
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