Tensión en uno de los paraísos de la bici: así busca Copenhague frenar los roces entre turistas y ciclistas locales
Una joven sonríe mientras avanza con movimientos tambaleantes sentada sobre una bicicleta. A su lado, un hombre se aferra al portaequipajes de la suya y la empuja hacia adelante por el carril bici. Un tercer amigo les sigue grabando con el móvil junto a la Plaza del Ayuntamiento de Copenhague. Casi con toda seguridad, el vídeo acabará en las redes sociales como prueba de haber completado una de las experiencias que se han vuelto imprescindibles para los turistas que visitan la capital danesa: lanzarse a recorrer la ciudad sobre dos ruedas como lo hacen los copenhagueses.
No todos los visitantes se comportan como en esta escena, pero en los meses de verano se ha vuelto habitual ver a turistas que circulan a contramano por un carril bici muy transitado, o cruzando un paso de peatones sin bajarse de la bicicleta, mientras que otros no distinguen entre circular por el carril bici, la calzada y la acera. Tampoco faltan quienes se detienen en mitad del carril para hacerse una foto o esperan allí mismo, interrumpiendo el tráfico, y a los propios compañeros del grupo que pedalean unos metros por detrás.
Para un turista poco acostumbrado a ir en bicicleta por una ciudad, circular en hora punta por las principales calles de Copenhague sería el equivalente a recibir la primera clase de la autoescuela en medio de una autopista. Cada mañana, el 62% de sus residentes va al trabajo en bicicleta y casi uno de cada tres desplazamientos por la ciudad se realiza pedaleando. El resultado es un incesante tráfico de unos 265.700 ciclistas que recorren cada día el centro de la capital danesa.
La ciudad, considerada como una suerte de paraíso para los amantes del pedaleo, tiene una buena infraestructura para garantizar la fluidez del tráfico de bicicletas, pero surgen problemas cuando los carriles bici son compartidos entre turistas y quienes usan las dos ruedas como una forma efectiva y cómoda de desplazarse de un punto a otro de la ciudad. Según una encuesta del Consejo Danés de Seguridad Vial, el 49% de los residentes en la ciudad afirma que los turistas son, “en cierta medida”, un problema para el tráfico, mientras que un 32% ven a los visitantes como un problema de seguridad vial “alto o muy alto”.
En el caso de los turistas, no existen estadísticas oficiales sobre cuántos resultan heridos en el tráfico de Copenhague. Un reciente reportaje del diario Politiken recoge el testimonio del jefe de cirugía ortopédica del Rigshospitalet, Claus Munk Jensen, quien asegura que reciba muchos turistas en ambulancia, incluso con casco, que llegan al centro de traumatología tras sufrir fuertes golpes“. A su juicio, la explicación es sencilla: ”Simplemente, no están acostumbrados a montar en bicicleta“.
Para poner remedio a esta situación, el Consejo Danés de Seguridad Vial ha puesto en marcha una campaña destinada a recordar las normas de circulación en los carriles para bicicletas: “El objetivo es garantizar que los turistas no tengan problemas mientras están de vacaciones en Dinamarca, pero también se trata de cuidar a los residentes de Copenhague que circulan cada día y se exponen a situaciones peligrosas”, ha dicho el director general de seguridad vial, Joakob Bøving Arendt.
No es tan complicado andar en bicicleta, pero si no es parte de tu vida diaria, ir por Copenhague puede resultar intimidatorio
La campaña será visible en distintos espacios de la ciudad y también en las redes sociales, para que los visitantes puedan informarse de las normas generales para circular en bicicleta por la ciudad. La Policía local cree que la iniciativa también tendrá un impacto positivo para los residentes. “Lamentablemente no siempre se cumplen las normas, por lo que hacemos una llamada a la gente de Copenhague para que den buen ejemplo y cumplan las leyes, y si ven a alguien que circula de forma insegura, también tengan consideración”, ha afirmado el comisario Benjamin Touré.
Manual no escrito para sobrevivir
La campaña también ha involucrado al sector turístico. Se ha pedido a los hoteles, tiendas de alquiler de bicicletas y oficinas de turismo que ayuden a informar a los visitantes sobre las normas de la cultura ciclista danesa.
Una de las iniciativas más llamativas la ha puesto en marcha la organización Wonderful Copenhagen, que por primera vez organiza talleres gratuitos en los que los visitantes pueden aprender las normas, muchas de ellas no escritas, de circular en bicicleta: “Es importante para nosotros ayudar a los visitantes a comprender cómo funciona el ciclismo en una ciudad donde tantas personas usan la bicicleta a diario, contribuyendo así a que sea una experiencia segura y placentera para todos”, explica a elDiario.es la directora de comunicación Rikke Holm-Petersen. Los talleres están dirigidos tanto a personas con poca experiencia sobre la bicicleta como a visitantes más habituados a pedalear. La razón, indica Petersen, es que cada ciudad “tiene su propio ritmo, su propia cultura y una forma distinta de moverse”.
Josephina Kalshoven es una de las monitoras que imparte los talleres desde la tienda Tropical Bikes. “No es tan complicado andar en bicicleta, pero si no es parte de tu vida diaria, ir por Copenhague puede resultar intimidatorio”, dice Kalshoven a este medio. “Los daneses van muy rápido, y no dudarán en gritarte si molestas”.
Para evitar problemas, el primer consejo que da Kalshoven es “mantenerse lo más a la derecha posible en el carril para no ralentizar el tráfico”. Lo segundo, es “señalizar los giros y las paradas con las manos, además de respetar los semáforos para ciclistas”. Otro aspecto a tener en cuenta es aprender a girar en las intersecciones de tráfico, ya que “la forma de hacerlo es algo exclusivo de Escandinavia y no sucede en otros sitios, donde simplemente se gira, si haces esto aquí te metes en problemas, puedes perder el control de la bicicleta y entonces ocurren los accidentes”, dice.
A pesar del día frío y lluvioso en pleno mes de julio, Danny Hoskin y Mike Hawkes son dos turistas británicos que han decidido hacer un tour guiado en bicicleta. “Te permite ver gran parte de la ciudad en poco tiempo y además nos gusta ir en bicicleta”, dice Hoskin. Ambos creen que Copenhague está mejor preparada para ir en bicicleta que la ciudad en la que viven, y agradecen iniciativas como los talleres para enseñar las normas básicas de circulación a los turistas. “Es una ciudad muy concurrida y si no estás familiarizado puedes estorbar a la gente”, reconoce Hawkes. “Aunque para nosotros la experiencia ha sido muy tranquila y nadie nos ha recriminado nada”.
Josef Klint también querían probar la experiencia de ir en bicicleta en familia junto a su pareja y sus dos hijos, en este caso en tándems. “Copenhague es famosa por ser una capital de la bicicleta y esta es una de las razones por las que queríamos recorrerla en bici”, dice Klint. Esta familia sueca ya está acostumbrada a desplazarse pedaleando en su ciudad de origen, pero aun así decidió participar en el taller de circulación vial. “Creo que la información es muy útil porque la forma de moverse en bicicleta cambia mucho de un lugar a otro. A diferencia de los coches, donde las normas están más estandarizadas, existen reglas diferentes en cada parte del mundo. Por eso creo que es importante aprender cómo funciona aquí”, asegura Klint.
0