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ANÁLISIS

Bramex: el petróleo sella la alianza estratégica de las dos mayores economías de América Latina

Imagen de archivo de Lula y Claudia Sheinbaum, en un encuentro en Río de Janeiro, en 2024.
27 de junio de 2026 22:28 h

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Si México y Brasil fueran un único país, serían el segundo más extenso del planeta (10.480.142 kilometros cuadrados), el tercero más poblado (346.560.324 millones de personas) y la cuarta economía (4,7 billones de dólares). Desde que Donald Trump regresó al poder en enero de 2025, en América Latina se empezó a hablar de un hipotético país llamado Bramex. La presencia de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, en la cúpula del G20 de Río de Janeiro de 2024, marcó el inicio del deshielo entre las dos mayores economías de América Latina. Y los tarifazos arancelarios de Estados Unidos a ambos países acabaron provocando el inicio de la luna de miel económico-política de Bramex, con múltiples acuerdos de cooperación firmados. “Aparte de la convergencia político-ideológica, hay que entender la aproximación bilateral reciente por las tensiones del comercio internacional. Las amenazas del gobierno Trump de imponer tarifas comerciales genera inestabilidad en las inversiones. Varios países buscan diversificar sus acuerdos económicos”, asegura a elDiario.es Marcela Franzoni, profesora de Relaciones Internacionales del Instituto Brasileiro de Mercado de Capitais.

En los últimos años, el intercambio comercial entre ambos países ha pasado de los 10.000 millones de dólares en 2019 a 13.900 millones en 2025, con un superávit en la balanza comercial para Brasil de 1.500 millones, según datos del gobierno brasileño. Las previsiones auguran un crecimiento sostenido. La crisis energética mundial ha provocado una carambola que puede sellar la alianza económica de Bramex: las gigantes empresas petrolíferas Petrobras y Pemex están a punto de firmar un memorando de entendimiento para extraer crudo del fondo del golfo de México que Donald Trump quería rebautizar como golfo de América.

El pasado 10 de junio, el presidente brasileño Lula da Silva hizo pública parte de la conversación que mantuvo ese día con Claudia Sheinbaum, presidenta de México. Lula destacó los avances en la colaboración en sanidad, turismo, gobernanza pública, ciencia, tecnología e innovación. Sin embargo, la gran novedad fue el anuncio de la “agenda de cooperación energética, que va desde la colaboración en biocombustibles a una eventual firma de un instrumento (de cooperación) entre Pemex y Petrobras”. El run run del acuerdo petrolero lleva meses en los medios de comunicación de ambos países. Claudia Sheinbaum recibió a Magda Chambriard, directora de Petrobras, en el mismísimo Palacio Nacional el pasado mes de abril. Y la presidenta mexicana prevé desplazarse a Brasil para firmar personalmente el memorando de entendimiento entre ambas empresas que posibilitará la exploración, producción y transformación de crudo en el golfo de México.

La alianza de Pemex y Petrobras, dos empresas de titularidad estatal con inversión privada, abre un escenario inédito. Petrobras figura en el ranking de las diez mayores empresas petroleras del mundo (oscila entre el noveno y el décimo puesto) y lidera la explotación de crudo en aguas profundas. Claudia Sheinbaum lleva meses deshaciéndose en elogios hacia la tecnología de la petrolera brasileña. “Petrobras es especialista en exploración y producción en aguas profundas y también en una técnica exclusiva que permite analizar si es posible encontrar petróleo en profundidades mayores en campos ya explotados donde se extrae poco petróleo”, explicó la presidenta mexicana a comienzos de junio. Por su parte, Magda Chambriard confirmó en mayo que Petrobras aspira también a que el gas mexicano fluya hacia la brasileña Braskem. “Sería la guinda de esta tarta de todo este esfuerzo”, declaró Chambriard en mayo a Folha de São Paulo.

¿Cuáles van a ser las consecuencias de la involucración de Brasil, el séptimo exportador de petróleo del mundo, en la extracción de crudo en el golfo de México, a escasos kilómetros de Estados Unidos? ¿Cambiará de coordenadas una economía mexicana orientada históricamente hacia América del Norte vía el T-MEC (tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá) y hacia el norte global vía Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), de la que Brasil no forma parte?

La alianza de la automoción

El sector de la automoción representa cerca del 42% de todo el comercio entre México y Brasil, según la secretaría de Asuntos Económicos, Comerciales y de Promoción Turística de la Embajada de México en Brasilia. Las exportaciones mexicanas a Brasil incluyen vehículos y accesorios, mientras que Brasil exporta a México, sobre todo, vehículos de gran porte, motores de pistón, neumáticos y productos intermedios de hierro y acero cruciales para la fabricación de automóviles en México. El desglose de la balanza comercial desvela que ambos países, ambos en el top 10 mundial de producción automotriz, exportan vehículos al otro.

Beatriz Paredes, embajadora de México en Brasil entre 2012 y 2016, desatacaba en una entrevista reciente que ambas economías son complementarias: “En la industria automotriz caminan por una línea que podría ir no en confrontación, sino en paralelo. El tamaño de su producción alcanza para una presencia en paralelo bien planificada por las firmas, que son las mismas”. Paredes destaca que la complementariedad tiene un potencial de crecimiento grande también en las industrias aeronáutica (representa el 2,6% de las exportaciones brasileñas a México y 1,6% de las mexicanas) y farmacéutica. En el intercambio comercial entre ambos países destaca la exportación brasileña de productos agropecuarios (10,3%) del total, con un peso importante la soja y el café. Por otro lado, Paredes destaca que uno de cada tres brasileños consumen productos mexicanos, en alusión a marcas como Bimbo, Oxxo, la cerveza Corona o la telefónica Claro.

Regiane Bressane, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de São Paulo (UNIFESP), destaca que el estrechamiento de relaciones entre México y Brasil establece un nuevo eje para América Latina: “En primer lugar, intenta gerenciar las crisis del hemisferio y la actuación de los países de manera más diplomática, reposicionando los países en los bloques regionales. El segundo punto es el estrechamiento de las relaciones de las cadenas productivas bilaterales”, afirma Regiane a este periódico. La especialista cita expresamente la importancia de que México esté apostando por la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). “Ante el momento de inseguridad y frente a la volatilidad del comercio global promovido por el tarifazo, el acercamiento entre México y Brasil se configura como un nuevo imperativo de resiliencia”, matiza la especialista.

Mientras Estados Unidos presiona para que México tase productos de países con los que no tiene firmados acuerdos de libre comercio, algo que ha incomodado a Brasil, la CELAC realizó su primer fórum de alto nivel con África en marzo. ¿Conseguirá Lula, uno de los grandes arquitectos de la geopolítica y economía del Sur Global, alejar a la presidenta de México del área de influencia de Estados Unidos? La pelota está en el tejado de Claudia Sheinbaum (y en el fondo del mar Caribe deseado por Pemex y Petrobras).

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