Las condenas y escándalos de corrupción complican el camino electoral del bolsonarismo en Brasil
La familia Bolsonaro está entre la justicia y la pared. Mientras el expresidente Jair Bolsonaro cumple pena en régimen de prisión domiciliaria, la vida política de sus hijos Eduardo y Flávio se complica cada día que pasa. En junio, el Supremo Tribunal Federal (STF) condenó a Eduardo Bolsonaro a cuatro años y dos meses de cárcel, en régimen semiabierto, por el delito de coacción por el intento de golpe de Estado contra el presidente Lula da Silva, además de a ocho años de inhabilitación. Antes, ya había perdido su acta de diputado por haber fijado su residencia en EEUU.
Alexandre de Moraes, el juez del Supremo que está a cargo del caso, argumentó que Eduardo Bolsonaro presionó a las autoridades estadounidenses y al presidente Donald Trump para forzar sanciones contra Brasil, lo que provocó una grave amenaza a las instituciones del país.
No obstante, la gran sombra que se cierne sobre la familia Bolsonaro está relacionada con el escándalo del Banco Master, considerado el mayor fraude financiero de la historia de Brasil, estimado en cerca de 9.000 millones de euros. La ayuda millonaria que Flávio Bolsonaro pidió a Daniel Vorcaro, presidente del Banco Master, para la película Dark Horse sobre la vida de Jair Bolsonaro es la punta de un iceberg de corrupción que, según avanzan las investigaciones, se va extendiendo por el espectro político conservador.
Sobornos con dinero público
Daniel Vorcaro, preso desde finales de 2025, usaba dinero público de fondos de pensiones y capital conseguido con falsos fondos de inversión para sobornar a políticos a cambio de favores. Aunque el escándalo acaba de salpicar al senador del Partido de los Trabajadores (PT) Jacques Wagner —la Policía Federal (PF) investiga la compra de un apartamento de lujo y su presunta relación con Vorcaro— los tentáculos del Banco Master están alcanzando, sobre todo, a piezas claves de la derecha y la extrema derecha.
El senador Ciro Nogueira, firme aliado del bolsonarismo, está en el epicentro del escándalo. A cambio de una vida de lujo y de pagos mensuales proporcionados por Daniel Vorcaro, Nogueira benefició con su actividad legislativa al Banco Master. Por otro lado, el presidente de la Cámara de Diputados, Hugo Motta, y el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, enemigos declarados del Gobierno de Lula, también están enredados en el caso. Incluso se está investigando al joven diputado Níkolas Ferreira, enfant terrible del Partido Liberal (PL) de Bolsonaro, después de que la policía encontrase su nombre entre los contactos de Daniel Vorcaro.
Trumpismo y megacárceles
Mientras la presión judicial y mediática arremete contra la línea de flotación del bolsonarismo, el precandidato presidencial Flávio Bolsonaro endurece su programa electoral. Siguiendo las recomendaciones de su partido, está poniendo todo el foco de su campaña en la seguridad.
Antes de divulgar su programa Brasil sem medo (Brasil sin miedo), que se apropia de la narrativa de la campaña de Lula en 2022, lanzó un vídeo de parodia de la película Top Gun, realizado con inteligencia artificial, en el que ametralla embarcaciones de comandos de narcotraficantes y del PT de Lula.
Este Brasil sem medo que Flávio Bolsonaro pretende instaurar si gana las elecciones presidenciales va mucho más allá del reconocimiento de las bandas de narcotraficantes brasileñas como terroristas por parte del Gobierno de Donald Trump. El programa propone replicar el polémico sistema de cárceles de máxima seguridad de Nayib Bukele, presidente de El Salvador, y crear medio millón de nuevas plazas.
Las cinco nuevas megacárceles que serían construidas responden a un nuevo modelo de prisión al que Bolsonaro ha bautizado como trevas (tinieblas). “Es exactamente para arrojar luz a favor del ciudadano de bien y colocar en las tinieblas a esos marginales peligrosos y líderes de facciones”, justificó Flávio Bolsonaro en el lanzamiento del programa. Brasil sem medo también contempla la instalación de un millón de cámaras de vigilancia con tecnología de reconocimiento facial, el uso de IA para la persecución de criminales y la castración química de hombres que cometan violencia machista.
Los sondeos están confirmando que la mayoría del electorado asocia el escándalo del Banco Master más a Flávio Bolsonaro que a Lula. Una encuesta de Quaest revela que el 65% del electorado considera que Flávio Bolsonaro se equivocó al pedir dinero para la película Dark horse. Lo más relevante es que en el grupo de electores que no se identifica ni con la izquierda ni con la derecha, clave para la contienda presidencial, Lula ha abierto una ventaja de 13 puntos.
El líder del partido, con las cuentas congeladas
Por si esto fuera poco, el STF ordenó la semana pasada la congelación de las cuentas del presidente del PL, Valdemar Costa Neto, por un montante equivalente a 20,3 millones de euros en el marco de una investigación por presunta corrupción ligada a la malversación y desvío de fondos públicos
Según el informe de la Policía Federal, citado por la Agencia Estadão, el político utilizó a funcionarios de la Cámara de Diputados para desviar a su favor recursos del presupuesto oficial.
Costa Neto ejerce una fuerte influencia sobre los diputados del partido, que actualmente es el mayor de la Cámara de Diputados brasileña. Aunque ha negado las acusaciones, el caso ha caído como una bomba en medio de los graves problemas legales en el entorno del candidato ultraderechista.
Tocado, pero no hundido, el bolsonarismo mueve sus fichas y cuenta con el apoyo de Kassio Nunes, presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), nombrado durante el Gobierno de Jair Bolsonaro. De momento, Nunes ya prohibió la divulgación de una encuesta del Instituto Atlas/Intel, que constataba la caída de Flávio Bolsonaro, alegando que las preguntas asociando al candidato al escándalo del Banco Master eran tendenciosas.
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